Algas

Algas

Y ya quisiera un cambio, un capricho de marea que me raspe estas algas que juegan a enredadera; que las arranque una ola de un soplido, que un viento me ahogue hasta enjuagar tanta añoranza exagerada y boleadora; que ya de estirarse ni cabe en la inmensa maravilla que fue la historia de nuestros dedos y sus uñas.

Que mujer no sea el género que llama a tu nombre, que mi sexo no suspire curvas de tu cuerpo; que suene el despertador que le ponga nombre a esta ausencia que sigue soñándose espera. Que pueda enterrar este deseo que no me permito echar bajo tierra en la mirada atenta e idiota de un imposible brote.

Así, que lo posible sea el porvenir y que lo imposible se selle y se deje ser empujado como si nunca jamás y otros tantos no. Que el silencio sea por una vez mío, de mi voz que calla, de mis ojos también que aceptan sus párpados de única compañía y dejan de alucinar horizontes que no se acercan, que al frente no, que es espejismo de ayer. Preciosas huellas entre luces, arena y balcones descifrados, corajudos hasta el último respiro.

Que resople entonces, que el viento nazca en mis propios pulmones, en uno al menos o más no sea de un aletear idiota; que se arme también la ola en este torpe agitar de brazos, que se empape de lo que lloré sin metáfora ni rima; y que sea el capricho entonces de estas letras, del envión que las anima, de la angustia que empuja y la necesidad que las dibuja, el que haga temblar la piel, las paredes, el desánimo, hasta desarmarme como sin huesos, sin tiempo.

Para luego sentir las rodillas, sobre ellas mi cuerpo, y al levantar la vista encontrar sí la debilidad que me tiene echado; pero ya ni rastros de algas. Que ellas crezcan con frutos de agujas si quieren algun día pero en las grietas que pueblan la memoria y ya no entre mis dedos.

Publicadas portinch a la/s 7:10 p.m.  

0 comentarios:

Publicar un comentario