El joven Otorga
jueves, octubre 14, 2004
(continuando)
Viéranlo a Otorga sentado al piano desplegando toda la potencia de su música. No, claro, no suena el piano, ¿qué esperaban acaso? Es otra de sus peculiaridades, apenas roza las teclas, las negras y las blancas por igual, un toque mínimo imperceptible para las cuerdas que aguardan tensas el golpe del martillo en el interior del instrumento.
Pero no hace falta más que mirarlo para percibir toda la melodía, una suave introducción que se dibuja en sus cejas enarcadas, los labios apretados en un estribillo pegadizo, los hombros levantados en un sinfín de acordes que van y vienen.
Pero siempre el mismo final. Alguien golpea la puerta e interrumpe la sinfonía de silencio que improvisaba el buen muchacho. Una y otra vez es ella quien aguarda impaciente tras la puerta. Elvira, la vecina vieja y sorda como una tapia que viene a pedir que bajen el volumen.
Otorga baja la vista pidiendo disculpas y se echa en un sillón a leer un libro con su imaginación en mute.
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El callado
miércoles, octubre 13, 2004
Nació sin decir una sola palabra.
Bueno, sí, como todos, pensará usted agraciado lector, pero es que él no dijo nada de nada, ni una onomatopeya, una interjección, un signo de exclamación. En el acto del nacimiento a la vida y sus postrimetrías no emitió absolutamente ningún sonido.
Eso sí, gritó con todo el cuerpo. Fue así nomás, no había forma de ignorarlo, un estallido de confusión e incomodidad en su cara, gestos dibujados como un libro abierto que no admitían analfabetismo alguno. Las manos apretadas buscando la fuerza que todavía no tenía, las piernas revoleadas de un lado a otro con la agilidad de una calabaza hervida. Un par de enfermeras se taparon los ojos, aturdidas. La partera se contuvo y pudo mantenerse concentrada en su trabajo luchando duramente contra el ruido brutal de aquella visión. Pronto consiguió tapar el niño con una sábana y el ambiente volvió a relajarse en la sala de aquel hospital. Acomodaron al niño sobre el pecho de su madre, y el saludo de un hola diminuto que ella exhaló a modo de bienvenida y suspiro fue el sonido que rompió aquel silencio de zumbidos maquinarios.
Sumergido en su mudez voluntaria creció el niño. No había trauma en su silencio, no había represión ni dolor o incapacidad. Sólo había ausencia de palabras.
Con el tiempo el nombre elegido por sus padres fue olvidado y la gente se acostumbró a llamarlo Otorga.
(¿continuará?)
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Alguien tenía que decirlo
viernes, octubre 08, 2004
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Terry Terrific
jueves, octubre 07, 2004
Ando leyendo una novela de Terry Pratchett, Pirómides, nada más y nada menos que la séptima historia de este inglés ambientada en el maravilloso y quelónico Mundo Disco.
No pasó mucho tiempo de la última vez que me reí en el subte leyendo algo, de hecho fue hace un par de meses nomás con el libro de Macanudo que me regaló la faérica niña Carla.
(Estoy re adjetivoso, qué boñigante, ¿no es así?)
Pero igual hoy leí un par de cositas que me daban esa sensación de decir: "Je, esto me hace reír y...". Claro que no es una cosa que uno piense seguido, es más como algo natural, se me ocurre que las cosas que más gracias nos dan son:
- Los chistes que dice otro y nosotros pensamos unos segundos antes que lo hiciera.
- Los que escuchamos en lugares que tienen detector de bromas en la entrada para que nadie pretenda hacerse el gracioso una vez adentro.
- Los que nos dejan ese "y..." al final. Los ejemplos que voy a dar son muy chiquitos, pero hoy me colgué en eso, en que Terry Pratchett me gusta no sólo por gracioso o porque ahora vaya a hacerme el que en el fondo tiene un humor profundo que analiza la realidad de nuestra historia, revelando en sus páginas un reflejo ácido que despliega una crítica feroz sobre las contradicciones más profundas y naturales del ser humano.
Lo que me gusta mucho es que me hace sentir como que el tipo se toma muy en serio lo que escribe. Como que se esfuerza por hacerlo realmente bueno.
"Un poco más de tiempo se enrolló en el carrete de la eternidad y el silencio que había fuera de la celda, que hasta entonces había sido el silencio que produce la ausencia de sonidos, se fue convirtiendo muy lentamente en el silencio causado por la presencia de alguien que no hace ningún ruido."
"Unos simples animales jamás podrían comportarse de esta manera. Ser realmente estúpido es algo que sólo está al alcance de un ser humano."
Ehp.
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Hermanos Umbilicales
lunes, octubre 04, 2004
A varios de ustedes ya se los he mostrado pero quedan varios que pueden no haberme escuchado hablar de estos tipos. Son dos australianos re locos lindos (¿o "locolindos"?) que hacen - por lo menos en lo visto hasta el día de hoy - unos sketches con mucho trabajo físico, mezcla de mimo con McPhantomismo, pero todo hecho con un bienvenido ingenio y creatividad.
Lo que hay es un video de estos tipos haciendo un demo (¡nerd!) del show que presentaron en Nueva York en el programa de Jay Leno. Después viene pegadito otro en otro programa que no sé cuál es.
Para ver online:
http://www.koreus.com/files/200406/umbilical_brothers.html
Para bajar:
http://www.compfused.com/downloads/04gmjqmrx/umbilicle-brothers31.wmv
Hoy me dio curiosidad y busqué algo más de estos tipos, así que después de complicadísimas elucubraciones y cálculos cuánticos, llegué a:
http://www.umbilicalbrothers.com
Ahí se puede leer más información (todo en inglés, pero para el público ABC1 de mi blog no habrá ningún problema) sobre estos artistas tan particulares. Me gusta la parte donde cuenta que condujeron una entrega de unos premios, noche en la que ellos mismos ganaron uno, que teniendo en cuenta que no estaban nominados a nada es un porcentaje de muy alta efectividad. ¡Cuac!
En la página web pueden bajarse también otro video-clip de los Umbilicals.
¡Y eso es todo por este post!
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Para reflexionar
miércoles, septiembre 29, 2004
(Idea original de Gonzalitus)
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¿Adónde van?
martes, septiembre 28, 2004
Quizás no seas un tema menor.
Situación: Yo me mancho el dedo mayor con, digamos, tinta. "Tinta", decimos todos al unísono, obedientes. Bien. Entonces presuroso procedo a chuparme el pulgar de la misma mano para dejarlo humedecido y entonces frotarlo con avidez sobre la superfiecie manchada. De a poco la mancha tiende a desaparecer, todo parece encaminarse a un final feliz, pero entonces miro el pulgar... ¡zas! Ahora él ha quedado todo ennegrecido. El asunto es el siguiente, si yo sigo frotando y frotando llega un momento en que la tinta acaba casi por borrarse y en los dedos casi no quedan rastros de la negrura pasada. Ahí entra en juego mi gran pregunta gran: ¿A dónde va la tinta cuando la limpio? ¿A base de fricción se hace transparente? ¿Se evapora por el calor? ¿Si fuera así por qué no mancha el aire el vapor de tinta negra? ¿Eh? ¿EH?
Por favor, no se enojen si dejan una respuesta muy concisa y parezco no darles mucha bola.
Es que estoy chocho con mi pregunta.
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Inventando el idioma
viernes, septiembre 17, 2004
Siempre me sorprendió esa cuestión de que uno llega a esta cosa de la vida sin idioma encima. De escuchar, de aprender, de ver, vamos tomando el (o los) que nos rodean como si fuese cosa nomás de vestir siempre las mismas medias hasta que se nos quedan pegadas y ya son como parte de las piernas.
Me pregunto cómo se sentiría ese momento en que manejábamos un vocabulario mínimo pero igual creíamos o intentábamos entender todo. ¿No hay un punto de esa evolución en que nos tirábamos un lance tras otro para ir dándole sentido a todo eso - tanto tanto - que todavía no nos habían enseñado?
Por ejemplo, "al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen". De chiquito siempre pensé que que ese fajar venía nomás de cagar a bifes, y que entonces por lo dura que era la vida del obeso en el colegio lo de "al ñudo" debía ser una forma de decir que era una fija. En definitiva, cuando sos de una manera ¡zas!, tu vida va a ser consecuencia lógica de eso, más allá de la justicia y el honor.
Muchos, muchos años después me enteré que "al ñudo" es simplemente "al pedo", y que todo el refrán este viene nomás porque al gordito por más fajas que le pongan gordito sigue siendo.
Cuando una palabra va transformando o agregándose un nuevo significado con el tiempo ¿no será que en la Real Academia Mundial de los Idiomas del Universo hay una habitación llena de niños dedicados a sugerir qué entienden por cada palabra que se les dice? Y si a alguien le gusta lo que se le ocurrió a uno de los chiquitos ("¡Los Pitufos son una masa!") ahí salen corriendo a ponerlo en práctica hasta que se esparce como reguero de pólvora.
¿Qué tendrán para decir mis primitos de un "reguero"?
Cuéntame, casual visitante, alguna confusión lingüística de tu niñez.
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Más vale mediocre que totalmente pastel
jueves, septiembre 16, 2004
Basta de derrotas desmesuradas y triunfos inolvidables. Abracemos por un momento el sensato y siempre calmo bienestar del momento promedio. Sin medallas de oro, sin dramas lacrimógenos. Sonrisas de satisfacción, lágrimas como delicadas escupidas de veneno, y esa sensación de acomodarse en el sillón hecho exactamente a nuestra medida.
Puede sonar fácil, simplón, hasta mediocre.
¿Y?
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El final
miércoles, septiembre 15, 2004
Todo final es un comienzo y viceversa, ¿o no?
Así que acá estoy, poniendo con este post fin a tanto tiempo de disquisición "ay qué lindo hacer un blog, ay sobre qué, ay que no sé qué nombre ponerle, ay ay ay". Le pongo fin a mi no tener un blog. Le pongo fin a el vuestro no leerme en un blog. Le pongo fin a la ausencia de esta pared.
Y ahora, a pintarla.
fium!
PD: Esto fue algo que escribí en febrero, pensando en que iba a sacar mi blog e iba a poder postear la pavada que se me ocurriera. Ehp. Otro final para su espera.
"Hay lugares donde se puede sentir la lluvia que viene antes de encontrar una sola nube en el cielo. Sólo hay que estar atento, saber dónde mirar con cuidado y sobre todo, reconocer el aroma que anuncia la tormenta. En los subtes la gente puede presentir el clima. Perdido en el tedio de los viajes de ida y vuelta, el aire pegajoso y las lecciones y noticias entrecortadas de los televisores, podrías encontrar rastros de un inefable pronóstico del tiempo. Está en los ojos de la gente. En el que no levanta los ojos de su revista, temeroso de enfrentar la conciencia de que no está dejándole el asiento a un hombre mayor. En la señora que corre y empuja a la caza del asiento que acaba de quedar libre. En los ojos que siguen de cerca el cartel que adivina la próxima estación. El asunto es que llevamos años aprendiendo a ignorar. Preferimos esperar a subir las escaleras para descubrir lo que espera en la superficie. Sol, sombra, viento, agua. ¿Para qué querríamos conocer estas cosas por adelantado si de todas formas van a estar ahí? Es mejor perderse en el sueño de los túneles, aislarnos entre puertas y escaleras. Cuando llueve en Buenos Aires las calles se pintan coloniales. El microcentro se vacía, el cielo juega a la noche, los paraguas molestan bajo los balcones, y cada vez menos gente se anima a mirar la lluvia de frente. Otros se inundan, pero no los ojos, no la ropa, no la poesía empapada. Hay que saber dormir con cada gota de lluvia teniendo su momento epifánico de muerte baterista contra una chapa. Eso, y tirado junto a una gran ventana dispuesta a iluminar todas las paredes. Lo digo porque sé pocas cosas, pero esta es una que no quiero olvidar: no dejar pasar una sola lluvia. Mojarse siempre, una pestaña, un sombrero, un vidrio, un manubrio, los cordones, por lo menos la vista. Se acercan grandes tormentas. El cielo puede estar despejado. Pero si mirás con atención, si te animás a leer algo más que las publicidades en el subte, puede que lo notes. El año está empezando, y ya hubo suficientes vacaciones para el asfalto nuestro de cada día. "
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