Grito vocacional

Esta semana anduve rejuntando mitos porteños, supersticiones, historias sobrenaturales relacionadas con barrios o lugares de la ciudad. Entre esas me encontré una que sucedió en una casa de la calle Campana al 3200, cerca de donde pasa el tren, conocida supuestamente como la casa de los bichos por sus columnas y paredes decoradas con figuras de animales. El relato cuenta que una chica de alta alcurnia (bueno, lo que se dice alta, metro y medio, dos metros) se estaba casando con un violinista. Al final de la fiesta salieron a buscar su auto que curiosamente estaba estacionado del otro lado de las vías. Cuando quisieron cruzar pasó un tren a toda máquina (bueno, toda toda no sé, digamos que algo más que al trotecito) y los aplastó, despedazó y además dejó sin vida.
Más allá de algunas apariciones, el hecho más llamativo de la historia es el final con que concluía la leyenda, asegurando que algunos vecinos todavía escuchan de tanto en tanto gritos "de una joven y un violinista". La pregunta surge naturalmente: ¿cómo se reconocen los gritos de un violinista?

Sería interesante que la forma de gritar de uno reflejara con claridad la vocación o el talento de uno, ¿no? Se imaginan, ya en el nacimiento, sale el bichito de la panza y ahí nomás la partera sentencia "uuuy, escuchalo, este es fotógrafo de acá a la china". El doctor, en su extrema duchez (de ser ducho, no de ducharse mucho) precisa incluso: "escuchá ese intervalo para respirar. Fotógrafo como corresponsal de guerra, ni más ni menos, eh".

Teniendo en mente todo esto hoy al despertar me decidí a hacer la prueba. Me levanté, me lavé bien la cara, y ahí nomás me largué a gritar 3 minutos seguidos. Todo un repertorio de aullidos, llantos, vociferaciones varias y etcéteras a todo volumen. Después salí al pasillito común del piso, llamé a la puerta de la vecina y le pregunté concretamente qué había escuchado. No dudó un segundo en contestar.

- Un pelotudo gritando.

Confieso que lo venía sospechando hace años, pero de todas formas no deja de ser revelador.

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Caries mental

En mi última sesión de terapia por cuestiones odontológicas personales y un sueño mandibulístico que me contó una amiga cumpleañera la temática dental tuvo un auge muy particular. Recordé entonces un viejo texto que había escrito hace muchos años. Cuando lo escribí era bien nuevito. Lo empecé a eso de los 18, y me decidí a no tocarlo más en febrero del 98, según yo mismo consigné al final del texto. Lo recuerdo como la primera prosa en estilo pseudo poético (o pretendidamente) de mi autoría que me gustaba en aquel momento. Es una linda sensación esa de quedarse satisfecho.Incluso cuando reconocemos repeticiones, errores de puntuación y lugares comunes, por ejemplo. Hay algunos textos que salen así, para desarmarse un poco uno. Mirarse un rincón de esta manera, y sentirse conectado más allá de la gramática, y quizás a través del tiempo, es una sensación de lo más placentera.


Mi error y yo

¿Nos contentamos con dejar sombras como huellas, o somos de apretar los dientes con fuerza para dejar un buen sello de nuestros colmillos? Porque definitivamente mientras hay mordidas que se oxidan con el paso del tiempo y su rocío, hay algunos que saben clavar memorias como viajes de ida que no permiten ni el más mínimo desconcierto de su sentir. Yo sueño con poder algún día armarme de coraje y aliento para recitar una buena herida en tu cuello.Los trenes no son de equivocar su estación; yo en cambio tengo un ritual de pifia de destino mezclado con una tozudez digna del burro más terco que se haya visto en fábula alguna. Soy capaz de desearte feliz cumpleaños en tu funeral, de soltarte la rienda cuando estabas por galopar y hasta de sacarme las medias con los pies sucios y fríos cuando te tengo en mis sábanas por primera vez. Todo como parte de una esencia que me patea siempre las ganas de entregarme a esos momentos de glorias repentinas donde hasta el recuerdo del momento se queda corto frente a la música que explotaba el pecho. Tengo pensamientos estrechos de consecuencias, una carencia importante de adelantos precisos y un ritmo de balada para las corridas. Pero igualmente soy de echarme en cara mis sonrisas, puedo esmerarme con esmero superlativo en dedicarte todas las letras que se me ocurren, y hasta me animo a tallar un par de garabatos inventados para adornar mejor tu nombre. Pero al final de la palabra más sentida no siempre anida el sentir. En la mismísima punta de mis dedos es el lugar que recomiendo que espíes para encontrar mi mejor verso. En el ínfimo roce de tu piel. Ahí soy de enmudecerme a los gritos y sacar los colmillos bien afuera con la mayor dulzura que mi torpeza me permita. En el trayecto del colectivo a la puerta de mi casa (que no es el mismo de noche que de día), me vengo preguntando qué cosas realmente me satisfacen. Un gol de cabeza, un pelotazo a la ventana, un ritmo hecho con sangre en los parlantes, entonar pasos en la vereda silenciosa. Firmar con mi boca el papel intenso de tu cuerpo.
Entonces vuelvo a interrogar ¿Dejamos huellas de tizas de colores o salivamos la indiferencia con un buen rayar de dientes afilados? Porque ojo que no es lo mismo digerir los buenos momentos que masticar las horas infinitas de cada día. Algunos prefieren entablillarse la dentadura ante la menor caries y llamar al doctor del corazón para que les acune la impaciencia. El problema lo tienen por las mañanas. Ahí te quiero ver con un par de dientes entablillados, un despertar de miedo vendado y los ojos contra el techo. Creo que al final prefiero clavar un par de dientes en la almohada mientras duermo y levantarme pensando en ella, pero dejando filtrar durante un rato alguna nube por mi boca o por la persiana del cuarto, que en este caso viene a ser casi lo mismo, para que de esta manera el día no tarde demasiado en empezar.


(Febrero 1998)

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Calendario

Entonces, divagando sobre la percepción del tiempo: ¿Vieron esos llamados en el hombro que zas, te alejan a una dimensión puramente contemplativa detenida en tiempo y espacio y entonces tomás consciencia de lo transcurrido? Ver una foto vieja. Encontrarse con un conocido que no ves hace años. Escuchar una canción de la infancia, leer una historieta que te fanatizaba de chico. Rescatar la ropa de estación. Contarle los agujeros a tu remera favorita. Recibir un mail de ese amigo que te escribe trimestralmente. Espero más y mejores ejemplos, estimados lectores, que son lo mejor que tiene este blog exceptuando mi humildad y demagogia.



Hay días
que más que días son tiempo que pasa.
Tiempos que antes que nada son esperas.
A la vez, esperas interminables
más que esperas son días que pasan.

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Escuchado porái

"La dura es la lactancia de los homosexuales".

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Buli y Rexia, humor con sacarina

A: Yo nunca tuve televisor.
B: ¿No? ¿Por?
A: Y... dicen que la tele engorda 20 kilos.

(Bonus track
B: Ay boba, pero por eso se hicieron las de pantalla plana. )



A: Me regalaron el CD de los Tres Tenores.
B: ¿Sí?
A: Si.
B: Qué loco.
A: Ajá. Pero no me animo a escucharlo.
B: ¿Por?
A: Tengo miedo que uno de los tres sea el Tenor Graso.

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¡Buli y Rexia lo hacen de nuevo!

(¿Y ahora quién lo limpia?)


B: Si fueras faquir, ¿qué preferirías, comer una lamparita de 100 watts o una de 60 watts?

A: La de 100 watts, claro.

B: ¿Por qué?

A: Porque es más light.

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Viaje en el 64

Dos post en uno, ambos surgidos sentado en el colectivo azul a Barrancas de Belgrano.


- ¿Mi hermanita de 15 años tendrá presente que en una época los choferes de los bondis cobraban los boletos a mano?


- Los olores. ¿Vieron qué loca resulta la memoria sensorial? Pasando por el botánico, olor a pasto recién cortado. Se me pegan enseguida a la mente recuerdos de la vieja quinta de mis abuelos.


Era eso nomás.

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El todo

Una parte por ahí dice que esta soledad es toda mía. Acá el que falto soy yo.
- Otros ojos la siguen, me caigo a pedazos. – agrega otra pieza desde el frente, imposible no sentirla.
- Ey, pero que si se juntan los pedazos quede algo como una sonrisa, aunque sea por la felicidad merecida, que no siempre es la que más brilla. – susurra una sombra del rincón.
Pasa volando un panadero. Creo que de algún lado una parte lo sopla, el panadero da una vuelta acrobática y luego se encamina en firme picada contra el suelo. Nadie vuelve a soplar.
- Despertarse temprano con las picaduras invisibles en la mano y la ventana abierta no puede alcanzar. – sentencia una pieza con algo de insensibilidad a cuestas.
Y así se sigue, como un rompecabezas con todas las piezas a mano y a la vez siempre incompleto.

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El Dúo Cómico Bulimia y Anorexia, ¡más flacas y enfermas que nunca!

A: A mi en casa me dicen Rexia.
B: ¿En serio?
A: Y sí. Otro apodo quedaría como el culo.

A: Dicen que las Barbies son mal ejemplo para las niñas por la figura que tienen.
B: Es muy cierto. Yo a la mía le quemaba la cintura con un encendedor para que adelgazara.

A: ¿Probaste la nueva mermelada de ciruelas bajas calorías La Campagnuolo?
B: Sí, y me pareció fantástica. A diferencia de otras mermeladas me deja un gustito de lo más agradable cuando la vomito.

B: Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen.
A: Pero que lo caguen a bifes a ese.

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EDICIÓN EXTRA

Tengo que decir que soy de los que se emocionan con las ediciones especiales en DVD de sus películas favoritas. Y hasta de las que me gustan un poco. Casi cualquier tipo de extra me interesa. Esa cuestión de poder asomarse a la mirada original del director, de escuchar los comentarios, ver secretos de la filmación, todo el otro lado de lo que uno conoce. En el peor de los casos puedo encontrarme con que las escenas que el director quería poner en principio hacían la película demasiado densa o explicaban demasiado, pero sino me gusta, tiqui, tengo siempre la versión normal y listo, ¿qué problema hay? (Un buen ejemplo es el DVD de Donnie Darko, a mi humilde entender un peliculón que si tuviera encima las escenas borradas que aparecen en el DVD se echaría un poco a perder con demasiadas explicaciones).

Ahora, cuando transcribía el texto anterior de los strippers del ejército, recordaba que en su momento al tener que variar unas cosas del texto como parte de un ejercicio terminé haciendo que a los strippers les disparaban apenas subían al escenario. Casi lo agrego al final, y entonces me puse a pensar si algún día empezarán a salir ediciones extras de libros.

Imagínense, notas al margen del escritor explicando distintos detalles, finales alternativos, bocetos del ilustrador, dibujos no utilizados en el caso de libros con ilustraciones, y la inclusión de esa escena de sexo demasiado descripta que el autor no había dejado temiendo que al Papa pudiera no gustarle.

¡Compre ya, El Alquimista Reloaded, incluye párrafos nunca antes vistos y nuevas fotos del autor en la contratapa! También incluye comentarios del editor sobre su experiencia de crecimiento personal durante la lectura de la obra y un paquete de figuritas coleccionables de Coelho Superstar.

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Paint it pink

En un taller que estoy haciendo salió esto. O entró esto, depende la perspectiva. Venía de ver con un gran amigo unos capítulos de los Monty Python, pero creo que la inspiración trocó en algo más al estilo Rompeportones.

___


El subalterno agita la cabeza dubitativamente mientras inspecciona a los dos musculosos hombres que aguardan su señal para subir al escenario. Uno de ellos está temblando, como buscando una vía de escape. El otro no deja de sonreír. Se abre la camisa de jean revelando unos inflados pectorales. De una cartuchera en su cintura toma una pistola, se apunta al pecho y al apretar el gatillo se dispara un baño de aceite.
El subalterno niega con la cabeza.
- Esto es un error.
- No, no. – explica el del revólver. – Ya sé que no se ve muy bien que me dispare antes del show, pero a veces lo hago para darme inspiración, ¿sabes? Sobre todo cuando enfrento a un público difícil, y te imaginarás que esto de conquistar a las tropas no es cualquier cosa...
- Quiero decir... – el subalterno duda un momento. No quiere herir susceptibilidades. – No puedo creer que el comandante los haya enviado a ustedes a entretener al batallón.
- Ey, ey, a no juzgar un libro por su lomo. – Dice divertido el aceitoso dando una rápida vuelta sacudiendo la cola. – Nosotros podemos entretener a quien sea. Deberías habernos visto en la primera invasión a Irak... ¡Éramos el rayo y el relámpago de la tormenta del desierto, sí! ¡Nosotros humedecimos el desierto, bebé, hicimos que esos “patriots” dieran justo en el blanco, si entiendes lo que quiero decir! ¿No es así, Pete?
Su compañero sigue temblando, nervioso.
- Bueno... es que en ese entonces yo trabajaba con otro amigo, el bueno de Mike.
- ¿Qué fue de él? – pregunta el subalterno, de repente curioso.
- Se terminó encariñando mucho con las tropas y acabó como carne de cañón.
- Creo que no quiero saber más de Mike.
Alguien grita desde el escenario, escaleras arriba:
- Ey Bob, ¿qué ocurre? ¡Los muchachos están que arden!
El subalterno duda un momento.
- Eeeeh... ya están listos...
- ¿Listos? ¿Cómo que están listos? ¿Quiénes? – inquiere la voz visiblemente (¿sonoramente?) confundida.
- ¡Los preparativos! – se apura a explicar Bob. - ¡Para el show!
- Oh, bien. Vamos, envíalos al escenario de una buena vez.
El subalterno suspira con preocupación. El stripper aceitoso da saltitos como entrando en calor, a veces cambia el movimiento por una especie de cabalgata en el lugar sobre un caballo invisible. Al menos Bob quiere pensar que es un caballo lo que pretende montar.
- Miren, voy a ser franco con ustedes... – comienza a explicar, pero el aceitoso lo interrumpe enseguida, con una sonrisa retorcida en el rostro.
- Ay, otro militar juguetón, ji ji. Siempre les gusta jugar a ser Hitler, Stalin, Napoleón.... Pero ahora no, Bob, ¡ahora nos esperan!
- No, no entiendes. De eso quiero hablarles. Ustedes no son lo que la tropa espera.
- ¡ESO ES LO QUE YO DIGO! – estalla finalmente Mike, todavía temblando pero finalmente con algo de alivio.
- Oh, Pete, ya lo hemos discutido... – dice algo cansado el aceitoso.
El subalterno aprovecha la división interna para atacar.
- Pero escuche a su compañero, por favor. – dice casi rogando. – A estos soldados les han prometido un show caliente, algo que les haga olvidar el horror de la guerra...
Apenas dicha las palabras, el subalterno sabe que no se ha expresado con toda la claridad que la situación requiere.
- ¡Y eso es exactamente lo que somos! – exclama el aceitoso.
- ¡Pero ellos esperan mujeres! – decide el subalterno ser lo más concreto posible. - ¡Esto es el ejército! ¡Quieren mujeres! ¡Tetas, culos, conchas! ¡Gordas, raquíticas, torpes, narigonas, operadas, desparramadas, como quiera que sean, pero MU-JE-RES!
De sólo decir todo eso casi se siente excitado. Eso no debe ser normal, piensa el subalterno, pero no tiene tiempo para preocuparse por ello.
- Ay, ay... – susurra negando con la cabeza el aceitoso, casi paternalmente. - ¿Cuándo madurará el ejército, amigo mío? ¿Cuánto tiempo seguirán negando el futuro que se acerca a pasos agigantados e inevitables?
- ¿De qué demonios está hablando?
- Justamente, los demonios en los que aún creen, queridos míos. La homofobia militar ya fue, Bob. El Comandante lo ha entendido tan fácilmente. Es hora de crecer, de encontrar la forma definitiva de estrechar... jeje... los vínculos ... dentro de cada tropa.
- ¿El comandante planeó esto?
- No, no, el comandante tan sólo está al tanto, y se ha mostrado que entusiasta al respecto. Échale una mirada a la provisión de manteca en su heladera si no me crees. ¿Crees que hay tanto pan en todo medio oriente? Pero no, el plan viene de las más altas cúpulas, querido Bob. El Gobierno de nuestro país está cansado de tanto prejuicio y quiere promover una importante apertura en el ejército. Basta de machismo, chauvinismo, abismos, sismos... para hacer bien la guerra, ¡hay que hacer bien el amor! ¡Y que no haya mujeres a mano ya no será un impedimento!
- Pero.... los shows de mujeres... Britney, Christina, Cher eeeeh, Britney….
- Oh, vamos, Bob. ¿De veras crees que eso ayuda? ¿Cómo se sienten los soldados una vez que se baja el telón y se quedan solos, llenos de deseo incumplido? Hemos desmoralizado a nuestras tropas por décadas, ¿pero qué tal si toda esa energía que acaba – casi literalmente – de forma solitaria se convirtiera en un lazo que una a los soldados?
- Bueno... yo...
- Pronto comprenderás, Bob. Ahora... relájate y goza.
El aceitoso vuelve a levantar su arma y se da un nuevo baño de aceite. Mike le pone una mano en el hombro con cara de hijo pródigo, y recibe también a cambio un breve disparo de aceite. Los dientes de los hombres brillan en intraducibles sonrisas.
Con gracia y firmeza suben las escaleras hacia el escenario al tiempo que una música dance a toda máquina empieza a sonar. El subalterno se asoma a la escalera, espiando el show. Primero no se oye más que la música, pero pronto empiezan a hacerse sonar algunos aplausos, primero tímidos. Luego gritos. Algunas voces empiezan a cantar al son de la música. Chiflidos.
Bob mismo empieza a sacudir sus caderas al ritmo. Junto a él pasa un soldado cargando unas cajas. Bob no puede evitar echarle una mirada lasciva.

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Bulimia y Anorexia contraatacan

Se decidió a empezar la dieta de la luna.

Fue corriendo a la panadería a comprarse un par de medias lunas.



(La primera mitad del público de lira. La segunda mitad de arpa. La tercera mitad no esiste).

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El Duo Cómico Bulimia y Anorexia

- Ella era tan pero tan enferma de las dietas que antes de comerse un garrón se ponía a calcular las calorías.



(el público delira)

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Cat Cit

Salgo de hacer un trámite. Estoy enganchado con el libro High Fidelity de Nick Hornby como si de un amor adolescente se tratara. Ascensores, escaleras mecánicas, subtes, bondis, todo momento es bueno para acercarme a su final. (Sí, claro, debe haber un sentido oculto, algún simbolismo en eso de querer apurar la lectura de un libro cuanto más me gusta que no hace más que terminarlo antes. Bueno, supongo que técnicamente no es antes, al fin y al cabo se tarda lo mismo en leerlo, sólo que... se tarda más rápido. ¿Lo mismo en menos tiempo?). En fin, el hecho es que salgo y sé que tengo que ir a la oficina. No tengo apuro. Decido con tanta naturalidad como voluntad explícita y premeditada en el momento quedarme leyendo en una fuente. En ese momento de sonreír y ojos aguados por el libro, de suspiros, de sombra y descanso, hasta celulares que suenan (¡siempre suenan!, en este mismo momento tu en cuadra seguro hay un celular sonando), me siento lleno de felicidad.
Trasnoche de lunes, me toca despedir a una amiga-hermana que se vuelve a las uropas donde quizás no haya sentado cabeza pero sí ha pisado con pie firme, mirado con mil ojos y caminado largo trecho de esos que no caben en medidas de kilómetros. Me pregunto un rato, si pudiera decidir sobre la partida de algún amigo, decir "no vos no te vas" y listo se queda ya, ¿qué haría? Supongo que me callaría y votaría por su propio camino que claramente no está acá sino allá, pero eso no haría nada más fácil.
Igual no elijo, no decido, y hay un hueco, y llego a casa manejando y siento esa extirpación que se opera cada vez que alguien querido se va.
Una vez leí o vi en una peli que decían que algunos amputados a veces sienten de alguna forma sus miembros ausentes. Bueno, estas visitas de afectos emigrados son como eso. Partes de uno que no están pero siguen siendo nuestras, y de repente un día movés el muñón del muslo de la pierna que no estaba como siempre pero esta vez no es en vano y ahí está de nuevo como si nunca hubiese faltado. No sé. ¿No tiene sentido que por un tiempo el cuerpo se resista a soltar las muletas?
Hablando de simbolismos y lecciones ocultas, tengo la sensación de que en medio de estas emociones, la felicidad de la tarde, la tristeza de la noche, algo se perdió en la traducción. Una frase borroneada que quedó flotando en el medio de un día tan gráfico y concreto que me asegura que esta noche no voy a dormir tranquilo. Como un despertador que más que despertador es un no-dormidor.

(miércoles 3 am)

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Viaje en el tiempo

Es como encontrarme dos años antes. Retroceder sin dar un solo paso atrás. Y en ese mismo lugar, de pie en la misma posición, bajo la misma sombra, en un rincón idéntico, mirarme en el espejo y esperar encontrar una diferencia.
Que todo sea igual menos yo, por favor que yo no sea el mismo de entonces.

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Asomado

Es un post medio personal, a modo de descarga de ciertas cosas que pasaron este fin de semana.

Por un lado, todo ese ánimo de pensar que surge cuando se cruza una muerte en el camino. La empatía ante el dolor, esa sensación de asomarse desde al precipicio por el cual avanzamos. Tan acostumbrados a andar que nos olvidamos que ahí nomás a un costado está el abismo. Y de repente una mirada al costado, y la caída que nos saluda y nos devuelve la mirada. Hola. Me quedan un par de sensaciones. Ojalá que cuando crezca pueda cuidar a mi viejo de la forma en que él cuida a mi abuela de 97 años. ("el hombre sexo", me dice ella, y me hace prometerle que voy a ser un buen católico. Por supuesto que acepto, con la condición de que ella no quiera morirse por dos días. Yo entiendo su cansancio, su dolor. Quien murió el domingo de madrugada es el tercer hijo que ve irse. El recuerdo del ser querido que está lejos provoca una nostalgia que puede doler pero está también llena de espera, de tranquilidad, de mirar para ahí norte sur este oeste, hay una dirección que guía el pensamiento. Recordar a los que mueren parece ser una nostalgia profunda y seca, perdida e infinita. Probablemente no llego a imaginarme el enorme vacío que debe sentir mi abuela, pero tengo la sensación de que esto de vivir también tiene algo de responsabilidad implícita con los que nos acompañan. Los que nos quieren.

Las últimas semanas en dos lugares disímiles había encontrado referencias a la muerte que me habían hecho sonreír. En una historieta de super-héroes, a un reciente viudo le recomendaban hablar con su difunta mujer. Eso hace sobre el final, y en esas últimas viñetas parece tan claro que el lugar que queda no se cubre con silencio, no se puede distraer, que de alguna forma está en uno seguir cuidándolo, darle alguna forma de vida, de la propia, de la que queda.
En una lista de mails, ante el fallecimiento del hermano de una integrante, uno de los miembros de la lista le escribió acerca de su propia experiencia con la muerte de - también - un hermano. Hablaba de recordar. Como forma de mantener presentes a las personas que mueren.
Ojalá cuando me muera mis amigos se junten a tomar un cafecito ahí al lado del cementerio y encuentren alguna anécdota pavota sobre mi para sonreír un ratito. Ojalá les deje algo de eso, aunque sea de última que uno se ilumine y comente "se acuerdan la vez que en su blog dijo que ojalá en esta situación alguien recordara aunque sea la vez que en su blog en una situación como esta...(etcétera)".

Bueno, eso, che. Yo qué sé si el viento sopla tan fuerte en todas partes.


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El digresor

Vos lo ves y no podés entenderlo, porque no tiene una mirada de esas que se van y ya. Es como si tuviera ojos con puntos suspensivos, cincelándote esa sensación del más allá que se asoma. Una respuesta, una palabra perfecta que se perdió mientras pestañeaba.
Tratás de convencerte de que fue sólo una impresión del momento, que es más el fruto de tu ánimo que anda a la caza de esos brillos que la luz verdadera. Pero no podés engañarte tanto, menos hoy que es sábado y los sábados siempre andás un poco más atenta de lo normal.
Así que estirás una mano, apurando el paso en su dirección. Un toque en el hombro.
Cuando da la vuelta, su cara ya no está ahí.
Se queda quieto, y así inmóvil como permanece empezás a rodearlo, con cada parte de tu cuerpo, con la mirada, con el aire de tus pulmones, con el pelo, con tu sombra.
Sentís que todo está en su lugar. Un abrazo que encaja como dos manos entrelazadas. Recordás la sensación de observar tu habitación desde la puerta después de horas ordenando, desechando papeles viejos, encontrando rincones para los recuerdos, colgando dibujos en las paredes. Es el momento de un suspiro que te desinfla por completo.
Después tenés que dejar ir, y lo hacés sin dudar. Saber demasiado puede oxidarlo todo. Quererlo es inventar nuevas respuestas que nunca alcancen a resolver su misterio.

Y antes de despertar, besás el espejo.

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Digresión

Me mira a los ojos mientras me pregunta:
- ¿Vas a jugarte por mi?

No me salen las palabras. Las piernas me tiemblan, se desarman, quedo de rodillas a sus pies. Asiento con la cabeza.
Se queda un momento mirándome. Y entonces se acerca, y poniéndose en puntitas de pie acomoda su delicado trasero sobre mi cabeza y se instala plácidamente con sus piernas colgando contra mi espalda.

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No es bueno pero es mío

LA CAJA DEL MUNDO

Pandora contempla la caja sobre la mesa. En realidad no observa los dibujos sobre la madera, las formas monstruosas de advertencias que la revisten a cada lado. Lo que sus ojos exploran es el interior de la caja, y no es que sus ojos puedan realmente traspasar las paredes de madera y descubrir su contenido, sino que la mirada se le pierde en la superficie tallada mientras sus pensamientos si logran filtrarse en aquel misterio que le ha sido entregado.
Los males del mundo en una caja para ser cuidados por ella, guardiana involuntaria del destino. Pestes, vicios, defectos, la envidia y el odio, el desprecio y la ambición, sobre su mesa, a su cuidado. En soledad recuerda a los hombres agolpados a su puerta, llamándola a gritos, uno poniendo la caja en sus manos, otro dándole explicaciones, tantos otros observando. Pandora, cuida que el mundo sea un lugar seguro, no abras nunca la caja, esto no es un juego, tu responsabilidad, no vayas a fallarnos.
Pandora cierra los ojos, respira profundo y poco a poco va borrando las voces ajenas que retumban en su cabeza. Continúa limpiando lentamente su interior hasta que se hace una paz que la lleva a sonreír automáticamente. Entonces se pone de pie, avanza hasta la mesa y sin que se borre esa sonrisa de su rostro abre la caja en un solo movimiento. Nunca abrir la caja. Hombres ciegos y necios. Pandora sabe que hay puertas que no deben abrirse. Pero también sabe que la puerta segura es aquella que puede dejarse abierta. La caja solo contiene nombres, figuras, demonios vestidos con los trajes de las pestes que ya habitan la humanidad toda. Esperaban que ella escondiera el secreto, pero ella quiere que todos enfrenten la realidad cargando sus propias bestias. Que enfrenten el hecho de que la única caja de Pandora es este mundo nuestro encerrándonos entre cuerdas invisibles y paredes de ojos y juicios.

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No es bueno pero es mío

LA CAJA DEL MUNDO

Pandora contempla la caja sobre la mesa. En realidad no observa los dibujos sobre la madera, las formas monstruosas de advertencias que la revisten a cada lado. Lo que sus ojos exploran es el interior de la caja, y no es que sus ojos puedan realmente traspasar las paredes de madera y descubrir su contenido, sino que la mirada se le pierde en la superficie tallada mientras sus pensamientos si logran filtrarse en aquel misterio que le ha sido entregado.
Los males del mundo en una caja para ser cuidados por ella, guardiana involuntaria del destino. Pestes, vicios, defectos, la envidia y el odio, el desprecio y la ambición, sobre su mesa, a su cuidado. En soledad recuerda a los hombres agolpados a su puerta, llamándola a gritos, uno poniendo la caja en sus manos, otro dándole explicaciones, tantos otros observando. Pandora, cuida que el mundo sea un lugar seguro, no abras nunca la caja, esto no es un juego, tu responsabilidad, no vayas a fallarnos.
Pandora cierra los ojos, respira profundo y poco a poco va borrando las voces ajenas que retumban en su cabeza. Continúa limpiando lentamente su interior hasta que se hace una paz que la lleva a sonreír automáticamente. Entonces se pone de pie, avanza hasta la mesa y sin que se borre esa sonrisa de su rostro abre la caja en un solo movimiento. Nunca abrir la caja. Hombres ciegos y necios. Pandora sabe que hay puertas que no deben abrirse. Pero también sabe que la puerta segura es aquella que puede dejarse abierta. La caja solo contiene nombres, figuras, demonios vestidos con los trajes de las pestes que ya habitan la humanidad toda. Esperaban que ella escondiera el secreto, pero ella quiere que todos enfrenten la realidad cargando sus propias bestias. Que enfrenten el hecho de que la única caja de Pandora es este mundo nuestro encerrándonos entre cuerdas invisibles y paredes de ojos y juicios.

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