Intervalo
lunes, agosto 08, 2005
Después de las últimas dos entradas la gente pide a gritos un nuevo despliegue cómico de Bulimia y Anorexia.
Pero no va a poder ser. Vienen de una semana muy agotadora y está empezando a flaquearles las fuerzas.
PD Extra: Es como un relato del making off de este post tan pero tan tonto. Quizás sirve para destontarlo un poco. Cuando estaba escribiendo esta ingeniosa entrada, me agarró la duda: ¿se dice de verdad "flaquear las fuerzas"? Como ante cualquier duda de la vida, goglié. Efectivamente, la expresión es así, confirmé. Pero hablando de confirmación, lo que más me llamó la atención es que de las páginas aparecidas tras la búsqueda la mayoría eran de sitios religiosos.
Curioso, ¿no? Ahora sí que valió la pena el post.
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Intróito
¡Ja!
Estaba revisando unas carpetas viejas llenas de textos de todo tipo, y en eso abro un NOCHE FINAL.DOC y leo:
"Cuando sentimos que la noche terminaba de cubrirnos, ya todo estaba perdido.
Laura ya no me mira. Sabe que en cualquier momento puede echarme un vistazo y no encontrar nada familiar en mi. Ya entendió que el destino de ambos concluirá en unas horas.
Yo en cambio no puedo dejar de observarla. Buscando todavía algún rastro de mí en su cuerpo. Tendría que existir algo ahí. Uno debería dejar algún tipo de huella en las personas que ama. Una señal que nos detuviera automáticamente, sin importar la situación, antes de lastimarlas.
No encontré nada.
A veces el vacío es todo lo que nos une a ciertas personas.
Y mi historia comienza en el mismo lugar en que está por acabar.
En un oscuro y absoluto silencio."
¡Y me gustó! Y seguí leyendo, y estaba bueno. Pero es algo apenas empezado, son un par de páginas nomás. No consigo recordar hacia dónde iba. Casi hasta dudaría de que sea mío sino fuese por un par de detalles que hay más adelante y el hecho de que esté incompleto.
¡JA!
PD: ¿Alguien se anima a proponer argumentos?
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Aviones, océanos, hogares
Tengo una amiga que se llama Jade. Vive en EE.UU., en el estado de Nueva York, al norte, donde hay mucha nieve en el invierno y también hay muchos árboles. Cada tanto puede contarme cosas como que encontró un arroyo que no había visto antes, que se metió en un bosque por primera vez o que tal día aparecieron tres venados caminando por su patio.
Charlar con Jade, generalmente vía mail, muy cada tanto por teléfono, es como conversar con el personaje de un cuento que me gustaría haber escrito. Hace poco se largó a escribir y me decía:
"Probé un juego. Metí diferentes objetos en una ecuación. La pregunta era, ¿cómo me siento acerca de algo de acuerdo con su permanencia? ¿O la falta de?Por ejemplo, mi familia se siente fragil pero segura, en el sentido de que es algo que probablemente va a estar ahí una buena parte de mi vida salvo que haya algún accidente raro. Así que puedo estar mucho tiempo sin verlos, pero cuanto más vivo, más complicado se hace darlos por sentado.Mi gata es mucho más conmovedora. Ya vivió unos tres cuartos de su vida, así que cada experiencia con ella es valiosa. Sé que es una gata salvaje, y cualquier día puede ser el último que juegue con ella."
En mi balcón hay muchas plantas que son de un vecino que se mudó. El portero me pidió dejarlas en el balcón hasta que las puedan venir a buscar. Cuando las trajeron fue justo una semana muy lluviosa y no tuve que preocuparme por regarlas. Hace poco las empecé a ver amarillas, secándose, y cuando me crucé con el portero les pregunté si al final las iban a dejar acá como ya suponía. Me dijo que no, que uno de estos días van a venir a buscarlas. Esa misma noche las regué todas. Lo sigo haciendo desde entonces.
Esa misma noche en que regué las plantas fue la última noche que vi a mi amigo Nicolás antes que volara de vuelta a Alemania donde está su vida en este momento.
Hoy voló hacia España mi amiga Gala, siempre cargando tantos hogares en las manos.
Releyendo el mail de Jade, pensaba en los tiempos, las permanencias, esas seguridades que no existen. Atesorar cariños con la seguridad del párpado que ya ni necesita pensar: cuando abra los ojos nuevamente, todo va a seguir ahí.
Todo parece tender hacia la búsqueda de equilibrios. Construir espacios firmes aunque no lo sean, piedras en el arroyo donde pisar, troncos flotantes donde al menos detenerse un rato para un nuevo impulso. Como una entropía en miniatura, hay un movimiento permanente. Los afectos, los proyectos, los compromisos, sirven de dirección, puntos cardinales, plataformas de lanzamiento. El resto es un salto y malabarismo puro.
Hay momentos en que tenemos algo realmente en las manos, masomenos firme, palpable. Pero son segundos. Apenas un instante antes de que vuelvan al aire, a donde pertenecen.
Nos queda acompañarlos en su propio vuelo, buscar seguirlos en su propia dirección, su propio salto. Atesorarlos con la mirada, aunque ciega, en el silencio.
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¡Buli y Rexia deluxe!
martes, julio 26, 2005
Por entradas agotadas, las pusimos a descansar.
¡Un espectáculo para toda la familia! ¡Las chicas adelgazan contenidos y se vuelven dadaístas!
A: Ayer vimos una torta re linda con mi novio.
B: Mirá vos.
A: Ya la miré, sí. Y le pregunté "¿Qué pensás vos, esa torta engorda?"
B: ¿Y qué te respondió?
A: Que sólo si la comés primero. Je.
B: Fa, estuvo bien.
A: Y sí.
B: Che, qué linda musculosa.
A: ¿Te gusta? Me la compré ayer.
B: ¿Y eso "Save the whales" qué significa?
A: "Salvemos a las ballenas".
B: Uy, sí, tal cual. Pobres están re gordas.
A: Mirá qué raro el peinado de ese maniquí.
B: ¡Es cierto! ¡Mega ridículo!
A: Ah, no, me equivoqué. Es un escobillón.
B: Uy.
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Frases re locas para reflexionar
( y decirlas al pasar en una cena de amigos y convertirse en el centro de atención.
o al menos en el centro de mesa.
bueno, de última, en el centro a la olla.
si son amigos caníbales, claro).
1. La escuela deja secuelas.
2. Te convido mi vida.
3. Felicidad no tienes dueño.
4. Agua que no has de beber, deja de correrla.
5. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie sucio.
6. El que mucho abarca, calderón de la.
7. Viejos son los humanos. (Firma: Trapito)
8. Siempre hay un botón para un descosido. Y un ojal para el botón. Y un dedo que juega en el ojal. Y una mano que arranca el botón. Un hilo que lo cruza. Re quilombo. (Reflexión de sastre)
9. Los que se van y no vuelven, se van más lejos.
10. Si yo fuera vos, ahora sonreiría.
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Lo que viene es lo que fue
domingo, julio 17, 2005
Lo bueno de la ignorancia es que de alguna manera uno tiene todo por delante. No, no eso de ignorance is bliss, bla bla bla, que sino sabés no te hacés mala sangre, ojos que no ven corazón que no siente y todo eso. Pero no me voy a meter en eso, es tema largo quizás para otro día.
A lo que me refiero, es algo que me ha pasado por ejemplo cuando conocí algún músico que me gustaba: zas, qué lindo, quiero más, y de repente me entero que es su quinto disco, entonces no queda más que salir a la caza de todo eso que desconocíamos durante tanto tiempo para llenarnos los oídos de placer. Bueno, en este caso en particular estoy pensando más que nada en el séptimo arte y la literatura. De a poquito estoy tratando de aprender un poquito más de estas dos cosas que tanto me interesan. Y entre las pelis hoy finalmente me di el gustazo de ver una que me recomendaron una y mil veces: Desayuno en Tiffany's. La verdad, un lujo, me emocioné como un dulce gil que soy, y la disfruté de pe a pa, pasando por pi, po y pu, ni más ni menos. O tal vez hasta un poquito más. Ya sé que no descubro nada nuevo con esto. No es un post revelador, ni recomendador, ni encomendador o encomiendado.
Yo les cuento nomás.
(me salió medio Cirilo Tamayo eso, me faltó poner nomás el "no.... yo decía" mientras dibujo una curva invisible sobre el piso con la punta de mi zapatilla y ya. mejor me voy, chau, gracias, vuelva pronto).
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Fragmento en un cuaderno
miércoles, julio 13, 2005
- ¿Qué tiene de malo el placer, Takver? ¿Por qué no lo quieres?
- No tiene nada de malo. Y en realidad lo quiero. Sólo que no lo necesito. Y si tomo lo que no necesito, nunca tendré lo que en realidad necesito.
- ¿Qué necesitas? Ella miró para abajo, al suelo, rascando con la uña la superficie de una roca. No dijo nada. Se inclinó hacia adelante para arrancar una ramita de zarzaluna, pero no la arrancó, se limitó a acariciarla, a palpar el tallo velludo y la hoja frágil. Shevek notó la tensión de los movimientos de ella, como si luchara tratando de contener o refrenar una tormenta de emociones, para poder hablar. Cuando habló, lo hizo en voz baja y un poco áspera.
- Necesito el vínculo. - dijo - El verdadero. Cuerpo y mente y todos los años de la vida. Nada más. Nada menos.
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El victimante
martes, julio 05, 2005
Sigo revisando cositas viejas, y encuentro algo que me divierte leer. Soy un aparato, eso lo sé, pero no sabía que lo era hace tanto. =)
El auto contra mi
De chico iba fabricando juegos por la calle. No pisar las líneas entre las baldosas, llevar una piedra pateándola a través de cuadras y cuadras, desafíos al cruzar a ver si alcanzaba la vereda antes de que aquel auto pasara una línea imaginaria que marcaba en mi cabeza, o lo que fuera que se me ocurriera en el momento. El simple acto de pasear se transformaba mágicamente en una travesía plena de obstáculos a atravesar y proezas que lograr. Cada paso encerraba la posibilidad de una hazaña, me permitía elevarme a la posición de héroe de la caminata ciudadana de cada día.
Lo curioso de estos juegos infantiles que llenaban mis paseos en aquellos tiempos era que de alguna forma siempre me las ingeniaba para perder. A último momento conseguía inventarme una excusa casual que me detuviera antes de superar la velocidad del auto a vencer, me las arreglaba para sembrar la duda sobre si algún paso no había tocado mínimamente (pero lo suficiente para sellar mi derrota) la línea entre las baldosas, o erraba el cálculo al patear la piedra o la chapita de gaseosa y terminaba tirándola hacia algún lugar desde donde se volvía irrecuperable. En el peor de los casos mi ingenio no tenía límites, y siempre quedaba la alternativa final de modificar las reglas de manera tal que solamente pudiera perder. Eran pruebas que yo podía ganar, que buscaba volver más y más difíciles para agregar más emoción pero a la vez me obligaba a mantenerlas dentro de lo alcanzable, para que luego no hubiera excusa en la derrota. Y sin embargo hacia ahí me dirigía una y otra vez, como un destino que me creía tan insalvable que acababa por hacerlo propio aún contra su voluntad e incluso la mía.
Hoy caminaba hacia la parada del colectivo y en un momento cruzando la calle veo que un auto se acercaba en la dirección que yo venía. De la nada surgió la vieja prueba: alcanzar la vereda antes que el vehículo aquel cruzara la línea imaginaria que yo marcaba de una vereda a la otra. Avanzaba con paso firme y estaba muy claro que llevaba una buena ventaja como para ganar sin demasiado esfuerzo. Ante esta certeza decidí aminorar la marcha.
Como era cómica y trágicamente de esperar, perdí. Y no porque no alcanzara antes la vereda.
No, no fue eso. Llegué un segundo antes que el auto pasara la marca señalada.
Lo que sucedió es que a último momento recordé la regla que había pasado por alto tan torpemente: para que se considere que había llegado a la vereda tenía que pisarla con el pie izquierdo. La mala suerte me empujó a la perdición, y a pesar de que quise rearmar mi andar a mitad de camino, sabía también que estaba prohibido frenar la caminata para cambiar el ritmo de mis pasos y llegar con el que me daría la victoria al instante.
Y así fue que mi primer paso en la vereda fue con el pie derecho nomás. El mínimo instante entre el primer paso y el siguiente le permitieron al coche vencerme.
Todavía hoy persiste la capacidad de idear reglas que me vuelvan inminente la derrota. Hay mucho de ingenio y rapidez en esto, una habilidad poco usual de la cual no sé del todo si sentirme su orgulloso dueño o su pobre y desgraciada víctima.
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Si Chewbacca fuese Jedi...
sábado, julio 02, 2005
Sería algo así. Bueno, búrlense de mi cara simiesca, pero yo veo el video del cual extraigo estas imágenes y siento que algo de mi infancia ha sido realizado.
(eso no siempre es para bien, je)
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Grito vocacional
sábado, junio 25, 2005
Esta semana anduve rejuntando mitos porteños, supersticiones, historias sobrenaturales relacionadas con barrios o lugares de la ciudad. Entre esas me encontré una que sucedió en una casa de la calle Campana al 3200, cerca de donde pasa el tren, conocida supuestamente como la casa de los bichos por sus columnas y paredes decoradas con figuras de animales. El relato cuenta que una chica de alta alcurnia (bueno, lo que se dice alta, metro y medio, dos metros) se estaba casando con un violinista. Al final de la fiesta salieron a buscar su auto que curiosamente estaba estacionado del otro lado de las vías. Cuando quisieron cruzar pasó un tren a toda máquina (bueno, toda toda no sé, digamos que algo más que al trotecito) y los aplastó, despedazó y además dejó sin vida.
Más allá de algunas apariciones, el hecho más llamativo de la historia es el final con que concluía la leyenda, asegurando que algunos vecinos todavía escuchan de tanto en tanto gritos "de una joven y un violinista". La pregunta surge naturalmente: ¿cómo se reconocen los gritos de un violinista?
Sería interesante que la forma de gritar de uno reflejara con claridad la vocación o el talento de uno, ¿no? Se imaginan, ya en el nacimiento, sale el bichito de la panza y ahí nomás la partera sentencia "uuuy, escuchalo, este es fotógrafo de acá a la china". El doctor, en su extrema duchez (de ser ducho, no de ducharse mucho) precisa incluso: "escuchá ese intervalo para respirar. Fotógrafo como corresponsal de guerra, ni más ni menos, eh".
Teniendo en mente todo esto hoy al despertar me decidí a hacer la prueba. Me levanté, me lavé bien la cara, y ahí nomás me largué a gritar 3 minutos seguidos. Todo un repertorio de aullidos, llantos, vociferaciones varias y etcéteras a todo volumen. Después salí al pasillito común del piso, llamé a la puerta de la vecina y le pregunté concretamente qué había escuchado. No dudó un segundo en contestar.
- Un pelotudo gritando.
Confieso que lo venía sospechando hace años, pero de todas formas no deja de ser revelador.
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Caries mental
En mi última sesión de terapia por cuestiones odontológicas personales y un sueño mandibulístico que me contó una amiga cumpleañera la temática dental tuvo un auge muy particular. Recordé entonces un viejo texto que había escrito hace muchos años. Cuando lo escribí era bien nuevito. Lo empecé a eso de los 18, y me decidí a no tocarlo más en febrero del 98, según yo mismo consigné al final del texto. Lo recuerdo como la primera prosa en estilo pseudo poético (o pretendidamente) de mi autoría que me gustaba en aquel momento. Es una linda sensación esa de quedarse satisfecho.Incluso cuando reconocemos repeticiones, errores de puntuación y lugares comunes, por ejemplo. Hay algunos textos que salen así, para desarmarse un poco uno. Mirarse un rincón de esta manera, y sentirse conectado más allá de la gramática, y quizás a través del tiempo, es una sensación de lo más placentera.
Mi error y yo
¿Nos contentamos con dejar sombras como huellas, o somos de apretar los dientes con fuerza para dejar un buen sello de nuestros colmillos? Porque definitivamente mientras hay mordidas que se oxidan con el paso del tiempo y su rocío, hay algunos que saben clavar memorias como viajes de ida que no permiten ni el más mínimo desconcierto de su sentir. Yo sueño con poder algún día armarme de coraje y aliento para recitar una buena herida en tu cuello.Los trenes no son de equivocar su estación; yo en cambio tengo un ritual de pifia de destino mezclado con una tozudez digna del burro más terco que se haya visto en fábula alguna. Soy capaz de desearte feliz cumpleaños en tu funeral, de soltarte la rienda cuando estabas por galopar y hasta de sacarme las medias con los pies sucios y fríos cuando te tengo en mis sábanas por primera vez. Todo como parte de una esencia que me patea siempre las ganas de entregarme a esos momentos de glorias repentinas donde hasta el recuerdo del momento se queda corto frente a la música que explotaba el pecho. Tengo pensamientos estrechos de consecuencias, una carencia importante de adelantos precisos y un ritmo de balada para las corridas. Pero igualmente soy de echarme en cara mis sonrisas, puedo esmerarme con esmero superlativo en dedicarte todas las letras que se me ocurren, y hasta me animo a tallar un par de garabatos inventados para adornar mejor tu nombre. Pero al final de la palabra más sentida no siempre anida el sentir. En la mismísima punta de mis dedos es el lugar que recomiendo que espíes para encontrar mi mejor verso. En el ínfimo roce de tu piel. Ahí soy de enmudecerme a los gritos y sacar los colmillos bien afuera con la mayor dulzura que mi torpeza me permita. En el trayecto del colectivo a la puerta de mi casa (que no es el mismo de noche que de día), me vengo preguntando qué cosas realmente me satisfacen. Un gol de cabeza, un pelotazo a la ventana, un ritmo hecho con sangre en los parlantes, entonar pasos en la vereda silenciosa. Firmar con mi boca el papel intenso de tu cuerpo.
Entonces vuelvo a interrogar ¿Dejamos huellas de tizas de colores o salivamos la indiferencia con un buen rayar de dientes afilados? Porque ojo que no es lo mismo digerir los buenos momentos que masticar las horas infinitas de cada día. Algunos prefieren entablillarse la dentadura ante la menor caries y llamar al doctor del corazón para que les acune la impaciencia. El problema lo tienen por las mañanas. Ahí te quiero ver con un par de dientes entablillados, un despertar de miedo vendado y los ojos contra el techo. Creo que al final prefiero clavar un par de dientes en la almohada mientras duermo y levantarme pensando en ella, pero dejando filtrar durante un rato alguna nube por mi boca o por la persiana del cuarto, que en este caso viene a ser casi lo mismo, para que de esta manera el día no tarde demasiado en empezar.
(Febrero 1998)
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Calendario
miércoles, junio 01, 2005
Entonces, divagando sobre la percepción del tiempo: ¿Vieron esos llamados en el hombro que zas, te alejan a una dimensión puramente contemplativa detenida en tiempo y espacio y entonces tomás consciencia de lo transcurrido? Ver una foto vieja. Encontrarse con un conocido que no ves hace años. Escuchar una canción de la infancia, leer una historieta que te fanatizaba de chico. Rescatar la ropa de estación. Contarle los agujeros a tu remera favorita. Recibir un mail de ese amigo que te escribe trimestralmente. Espero más y mejores ejemplos, estimados lectores, que son lo mejor que tiene este blog exceptuando mi humildad y demagogia.
Hay días
que más que días son tiempo que pasa.
Tiempos que antes que nada son esperas.
A la vez, esperas interminables
más que esperas son días que pasan.
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Escuchado porái
viernes, mayo 20, 2005
"La dura es la lactancia de los homosexuales".
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Buli y Rexia, humor con sacarina
A: Yo nunca tuve televisor.
B: ¿No? ¿Por?
A: Y... dicen que la tele engorda 20 kilos.
(Bonus track
B: Ay boba, pero por eso se hicieron las de pantalla plana. )
A: Me regalaron el CD de los Tres Tenores.
B: ¿Sí?
A: Si.
B: Qué loco.
A: Ajá. Pero no me animo a escucharlo.
B: ¿Por?
A: Tengo miedo que uno de los tres sea el Tenor Graso.
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¡Buli y Rexia lo hacen de nuevo!
lunes, mayo 09, 2005
(¿Y ahora quién lo limpia?)
B: Si fueras faquir, ¿qué preferirías, comer una lamparita de 100 watts o una de 60 watts?
A: La de 100 watts, claro.
B: ¿Por qué?
A: Porque es más light.
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Viaje en el 64
Dos post en uno, ambos surgidos sentado en el colectivo azul a Barrancas de Belgrano.
- ¿Mi hermanita de 15 años tendrá presente que en una época los choferes de los bondis cobraban los boletos a mano?
- Los olores. ¿Vieron qué loca resulta la memoria sensorial? Pasando por el botánico, olor a pasto recién cortado. Se me pegan enseguida a la mente recuerdos de la vieja quinta de mis abuelos.
Era eso nomás.
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El todo
jueves, abril 28, 2005
Una parte por ahí dice que esta soledad es toda mía. Acá el que falto soy yo.
- Otros ojos la siguen, me caigo a pedazos. – agrega otra pieza desde el frente, imposible no sentirla.
- Ey, pero que si se juntan los pedazos quede algo como una sonrisa, aunque sea por la felicidad merecida, que no siempre es la que más brilla. – susurra una sombra del rincón.
Pasa volando un panadero. Creo que de algún lado una parte lo sopla, el panadero da una vuelta acrobática y luego se encamina en firme picada contra el suelo. Nadie vuelve a soplar.
- Despertarse temprano con las picaduras invisibles en la mano y la ventana abierta no puede alcanzar. – sentencia una pieza con algo de insensibilidad a cuestas.
Y así se sigue, como un rompecabezas con todas las piezas a mano y a la vez siempre incompleto.
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El Dúo Cómico Bulimia y Anorexia, ¡más flacas y enfermas que nunca!
A: A mi en casa me dicen Rexia.
B: ¿En serio?
A: Y sí. Otro apodo quedaría como el culo.
A: Dicen que las Barbies son mal ejemplo para las niñas por la figura que tienen.
B: Es muy cierto. Yo a la mía le quemaba la cintura con un encendedor para que adelgazara.
A: ¿Probaste la nueva mermelada de ciruelas bajas calorías La Campagnuolo?
B: Sí, y me pareció fantástica. A diferencia de otras mermeladas me deja un gustito de lo más agradable cuando la vomito.
B: Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen.
A: Pero que lo caguen a bifes a ese.
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EDICIÓN EXTRA
Tengo que decir que soy de los que se emocionan con las ediciones especiales en DVD de sus películas favoritas. Y hasta de las que me gustan un poco. Casi cualquier tipo de extra me interesa. Esa cuestión de poder asomarse a la mirada original del director, de escuchar los comentarios, ver secretos de la filmación, todo el otro lado de lo que uno conoce. En el peor de los casos puedo encontrarme con que las escenas que el director quería poner en principio hacían la película demasiado densa o explicaban demasiado, pero sino me gusta, tiqui, tengo siempre la versión normal y listo, ¿qué problema hay? (Un buen ejemplo es el DVD de Donnie Darko, a mi humilde entender un peliculón que si tuviera encima las escenas borradas que aparecen en el DVD se echaría un poco a perder con demasiadas explicaciones).
Ahora, cuando transcribía el texto anterior de los strippers del ejército, recordaba que en su momento al tener que variar unas cosas del texto como parte de un ejercicio terminé haciendo que a los strippers les disparaban apenas subían al escenario. Casi lo agrego al final, y entonces me puse a pensar si algún día empezarán a salir ediciones extras de libros.
Imagínense, notas al margen del escritor explicando distintos detalles, finales alternativos, bocetos del ilustrador, dibujos no utilizados en el caso de libros con ilustraciones, y la inclusión de esa escena de sexo demasiado descripta que el autor no había dejado temiendo que al Papa pudiera no gustarle.
¡Compre ya, El Alquimista Reloaded, incluye párrafos nunca antes vistos y nuevas fotos del autor en la contratapa! También incluye comentarios del editor sobre su experiencia de crecimiento personal durante la lectura de la obra y un paquete de figuritas coleccionables de Coelho Superstar.
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Paint it pink
En un taller que estoy haciendo salió esto. O entró esto, depende la perspectiva. Venía de ver con un gran amigo unos capítulos de los Monty Python, pero creo que la inspiración trocó en algo más al estilo Rompeportones.
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El subalterno agita la cabeza dubitativamente mientras inspecciona a los dos musculosos hombres que aguardan su señal para subir al escenario. Uno de ellos está temblando, como buscando una vía de escape. El otro no deja de sonreír. Se abre la camisa de jean revelando unos inflados pectorales. De una cartuchera en su cintura toma una pistola, se apunta al pecho y al apretar el gatillo se dispara un baño de aceite.
El subalterno niega con la cabeza.
- Esto es un error.
- No, no. – explica el del revólver. – Ya sé que no se ve muy bien que me dispare antes del show, pero a veces lo hago para darme inspiración, ¿sabes? Sobre todo cuando enfrento a un público difícil, y te imaginarás que esto de conquistar a las tropas no es cualquier cosa...
- Quiero decir... – el subalterno duda un momento. No quiere herir susceptibilidades. – No puedo creer que el comandante los haya enviado a ustedes a entretener al batallón.
- Ey, ey, a no juzgar un libro por su lomo. – Dice divertido el aceitoso dando una rápida vuelta sacudiendo la cola. – Nosotros podemos entretener a quien sea. Deberías habernos visto en la primera invasión a Irak... ¡Éramos el rayo y el relámpago de la tormenta del desierto, sí! ¡Nosotros humedecimos el desierto, bebé, hicimos que esos “patriots” dieran justo en el blanco, si entiendes lo que quiero decir! ¿No es así, Pete?
Su compañero sigue temblando, nervioso.
- Bueno... es que en ese entonces yo trabajaba con otro amigo, el bueno de Mike.
- ¿Qué fue de él? – pregunta el subalterno, de repente curioso.
- Se terminó encariñando mucho con las tropas y acabó como carne de cañón.
- Creo que no quiero saber más de Mike.
Alguien grita desde el escenario, escaleras arriba:
- Ey Bob, ¿qué ocurre? ¡Los muchachos están que arden!
El subalterno duda un momento.
- Eeeeh... ya están listos...
- ¿Listos? ¿Cómo que están listos? ¿Quiénes? – inquiere la voz visiblemente (¿sonoramente?) confundida.
- ¡Los preparativos! – se apura a explicar Bob. - ¡Para el show!
- Oh, bien. Vamos, envíalos al escenario de una buena vez.
El subalterno suspira con preocupación. El stripper aceitoso da saltitos como entrando en calor, a veces cambia el movimiento por una especie de cabalgata en el lugar sobre un caballo invisible. Al menos Bob quiere pensar que es un caballo lo que pretende montar.
- Miren, voy a ser franco con ustedes... – comienza a explicar, pero el aceitoso lo interrumpe enseguida, con una sonrisa retorcida en el rostro.
- Ay, otro militar juguetón, ji ji. Siempre les gusta jugar a ser Hitler, Stalin, Napoleón.... Pero ahora no, Bob, ¡ahora nos esperan!
- No, no entiendes. De eso quiero hablarles. Ustedes no son lo que la tropa espera.
- ¡ESO ES LO QUE YO DIGO! – estalla finalmente Mike, todavía temblando pero finalmente con algo de alivio.
- Oh, Pete, ya lo hemos discutido... – dice algo cansado el aceitoso.
El subalterno aprovecha la división interna para atacar.
- Pero escuche a su compañero, por favor. – dice casi rogando. – A estos soldados les han prometido un show caliente, algo que les haga olvidar el horror de la guerra...
Apenas dicha las palabras, el subalterno sabe que no se ha expresado con toda la claridad que la situación requiere.
- ¡Y eso es exactamente lo que somos! – exclama el aceitoso.
- ¡Pero ellos esperan mujeres! – decide el subalterno ser lo más concreto posible. - ¡Esto es el ejército! ¡Quieren mujeres! ¡Tetas, culos, conchas! ¡Gordas, raquíticas, torpes, narigonas, operadas, desparramadas, como quiera que sean, pero MU-JE-RES!
De sólo decir todo eso casi se siente excitado. Eso no debe ser normal, piensa el subalterno, pero no tiene tiempo para preocuparse por ello.
- Ay, ay... – susurra negando con la cabeza el aceitoso, casi paternalmente. - ¿Cuándo madurará el ejército, amigo mío? ¿Cuánto tiempo seguirán negando el futuro que se acerca a pasos agigantados e inevitables?
- ¿De qué demonios está hablando?
- Justamente, los demonios en los que aún creen, queridos míos. La homofobia militar ya fue, Bob. El Comandante lo ha entendido tan fácilmente. Es hora de crecer, de encontrar la forma definitiva de estrechar... jeje... los vínculos ... dentro de cada tropa.
- ¿El comandante planeó esto?
- No, no, el comandante tan sólo está al tanto, y se ha mostrado que entusiasta al respecto. Échale una mirada a la provisión de manteca en su heladera si no me crees. ¿Crees que hay tanto pan en todo medio oriente? Pero no, el plan viene de las más altas cúpulas, querido Bob. El Gobierno de nuestro país está cansado de tanto prejuicio y quiere promover una importante apertura en el ejército. Basta de machismo, chauvinismo, abismos, sismos... para hacer bien la guerra, ¡hay que hacer bien el amor! ¡Y que no haya mujeres a mano ya no será un impedimento!
- Pero.... los shows de mujeres... Britney, Christina, Cher eeeeh, Britney….
- Oh, vamos, Bob. ¿De veras crees que eso ayuda? ¿Cómo se sienten los soldados una vez que se baja el telón y se quedan solos, llenos de deseo incumplido? Hemos desmoralizado a nuestras tropas por décadas, ¿pero qué tal si toda esa energía que acaba – casi literalmente – de forma solitaria se convirtiera en un lazo que una a los soldados?
- Bueno... yo...
- Pronto comprenderás, Bob. Ahora... relájate y goza.
El aceitoso vuelve a levantar su arma y se da un nuevo baño de aceite. Mike le pone una mano en el hombro con cara de hijo pródigo, y recibe también a cambio un breve disparo de aceite. Los dientes de los hombres brillan en intraducibles sonrisas.
Con gracia y firmeza suben las escaleras hacia el escenario al tiempo que una música dance a toda máquina empieza a sonar. El subalterno se asoma a la escalera, espiando el show. Primero no se oye más que la música, pero pronto empiezan a hacerse sonar algunos aplausos, primero tímidos. Luego gritos. Algunas voces empiezan a cantar al son de la música. Chiflidos.
Bob mismo empieza a sacudir sus caderas al ritmo. Junto a él pasa un soldado cargando unas cajas. Bob no puede evitar echarle una mirada lasciva.
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