Lo que hace la trasnoche

1er. acto: Viene una pelota manejando un bondi a toda máquina, llega a la esquina pero sigue derecho.
2do. acto: Viene una pelota pedaleando una bicicleta a toda máquina, llega a la esquina pero sigue derecho.
3er. acto: Viene una pelota corriendo maratón a toda velocidad, llega a la esquina pero sigue derecho.

¿Cómo se llama la obra?







respuesta inimaginable: ¡La pelota no dobla!

¡pim pirim pi chiiiiim..!

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Se dice de mi...

"Tenés menos calle que güini de pu".


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por ahí

- ¿viste cómo tocan? - pregunta el de casi peluca, una especie de peinado de playmobil estacado en la jeta. - y sí, para eso vinimos. - pero la respuesta está tapada por una distorsión, eso que suenan también son notas, se recuerda alguno en el frente mientras agita la cabeza, headbanger, el disparador sideral que sigue el ritmo con el parietal que mejor cabecea.
Había alguna cerveza en el ambiente, pero sobre todo reinaba el calor, y le soplabas con todas tus ganas pero no le derrocabas ni las pantuflas; en el escenario seguro se multiplicaban los grados pero las chicas se movían con ganas, como si rebotaran la sensación térmica en música, como ventilando vibraciones. el batero ya no se enojaba porque tenía los tambores sanos.
La del micrófono estaba escondida en la guitarra, pero había otra con micrófono que más bien se expandía desde su guitarra. dos formas de usar 6 cuerdas: un escudo para una, una lanza para la otra. lanza de dos puntas, porque mientras atacaba era como clavarse el pecho y desangrarse acordes. pero tampoco tanto, el de la escalera lo pensaba más por el buen ánimo que por otra cosa.
- la que se sube al escenario a saludar quiere mostrarle la espalda descubierta la público, sugiero yo, por comentar algo que pareciera que todo lo que ocurre del escenario para arriba requiere una opinión. pero no, es por hablar nomás, la bajista se corre los pelos pero no siempre, y no siempre quiere decir que se enrieda también, y que pisa con fuerza, y que los dedos le caminan una escalera fija de cuatro escalones, y está bueno mirarlos.
Al frente hay una chica que sonríe, mira para atrás, seria, aplaude, sonríe, mira para atrás, seria.
A veces consiguen entenderse fragmentos de la letra de alguna canción, y la cabeza completa los versos, y hasta suena bien. después se evapora, como una voz embotellada que tiene algo para decir pero sólo en forma de estallidos.
'Da gusto ver la banda disfrutar', piensa el canoso. Quizás más tarde vuele alguna botella hasta su sien. Me quedaría a verlo, pero no soy del palo.
Y ojo, la música no era ruidosa, eh.
Para mi era la noche. Antes que empezaran a sonar, podía casi leerse en el aire, como esporas de neón en primavera.
Era la noche la que estaba ruidosa.

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Mucho más que dos

Un día en la vida de Bulimia y Anorexia
(No todo es humor en el universo delgado)

Bulimia: ¿Qué le dijo mi almuerzo del avión a un broker?

Anorexia: No sé, ¿qué le dijo?
Bulimia: "¡Nos encontramos luego en la bolsa!

Bulimia: Pero Ani, ¡mirá cómo estás! ¡Se te ven todos los huesos a simple vista!
Anorexia: Uy, no me digas eso que estoy re traumada. ¡Tengo el esqueleto re gordo!


Anorexia empezó la dieta de la luna. Para comer algo primero tiene que hacerse astronauta y poner un pie sobre el satélite de la Tierra.

Bulimia y Anorexia juegan al fútbol con amigos. ¡Vieran cómo se pelean todos por tenerlas en su equipo! Es que las chicas nunca se morfan la pelota, y menos que menos se atreverían a comerse un gol.


Ven juntas la telenovela de la tarde y lloran, y lloran, y lloran hasta que sólo el 50% de sus cuerpos es agua. Luego no hacen más que sonreír.

Bulimia empezó a usar el MSN en su casa. Aprendió a conectarse. Aprendió a poner el modo "Salí a comer" a la hora del almuerzo. Después se pasó horas buscando la opción "Devuelvo enseguida".



Breve bienvenida a Psique y Soma

Psique y Soma fueron a la plaza. Soma tiró del tobogán. Psique se traumó.



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El amor que es eterno mientras dura

Las ceremonias de casamiento pueden dejar mucho en qué pensar.

Por suerte entre el morfi y la música fuerte de la fiesta es fácil hacerse el boludo.

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La ignorancia

Yo no sé, pero si supiera, me olvidaría.
Lo que sé, que no lo sé mucho, lo recuerdo.
No recuerdo, pero sino lo supiera, lo sabría.
Tal vez mañana.

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La diferencia

Había pensado un post: resulta que vi la película de Family Guy (Padre de Familia), y entonces inevitablemente comparando con Los Simpson pensé: la diferencia es la acidez.
Entonces dije: Lo voy a poner en el blog que lo tengo algo abandonado, pero haciendo el comentario ingenioso de que la acidez a la que me refiero es porque comí algo que me cayó mal. Googlié primero a ver qué puede provocar acidez. Después vine a escribir el post, y cuando lo terminé me pareció que quedaba tremendamente sin gracia.

Tres días procesándolo y esperando un rato al pedo para escribirlo, y ahora me vengo a enterar que no valía la pena ser puesto ni bajo la excusa de mover un poco el blog.

Algún día la diferencia entre lo que pasa en mi cabeza y lo que es ahí afuera se va a achicar y voy a tener que aprender a pensar de otra manera.

Voy a crear una tira cómica: Los Inverosímiles.

Por ahora tengo el título.

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Intervalo

Después de las últimas dos entradas la gente pide a gritos un nuevo despliegue cómico de Bulimia y Anorexia.

Pero no va a poder ser. Vienen de una semana muy agotadora y está empezando a flaquearles las fuerzas.






PD Extra: Es como un relato del making off de este post tan pero tan tonto. Quizás sirve para destontarlo un poco. Cuando estaba escribiendo esta ingeniosa entrada, me agarró la duda: ¿se dice de verdad "flaquear las fuerzas"? Como ante cualquier duda de la vida, goglié. Efectivamente, la expresión es así, confirmé. Pero hablando de confirmación, lo que más me llamó la atención es que de las páginas aparecidas tras la búsqueda la mayoría eran de sitios religiosos.

Curioso, ¿no? Ahora sí que valió la pena el post.

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Intróito

¡Ja!

Estaba revisando unas carpetas viejas llenas de textos de todo tipo, y en eso abro un NOCHE FINAL.DOC y leo:

"Cuando sentimos que la noche terminaba de cubrirnos, ya todo estaba perdido.

Laura ya no me mira. Sabe que en cualquier momento puede echarme un vistazo y no encontrar nada familiar en mi. Ya entendió que el destino de ambos concluirá en unas horas.
Yo en cambio no puedo dejar de observarla. Buscando todavía algún rastro de mí en su cuerpo. Tendría que existir algo ahí. Uno debería dejar algún tipo de huella en las personas que ama. Una señal que nos detuviera automáticamente, sin importar la situación, antes de lastimarlas.

No encontré nada.

A veces el vacío es todo lo que nos une a ciertas personas.

Y mi historia comienza en el mismo lugar en que está por acabar.

En un oscuro y absoluto silencio."


¡Y me gustó! Y seguí leyendo, y estaba bueno. Pero es algo apenas empezado, son un par de páginas nomás. No consigo recordar hacia dónde iba. Casi hasta dudaría de que sea mío sino fuese por un par de detalles que hay más adelante y el hecho de que esté incompleto.

¡JA!


PD: ¿Alguien se anima a proponer argumentos?

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Aviones, océanos, hogares


Tengo una amiga que se llama Jade. Vive en EE.UU., en el estado de Nueva York, al norte, donde hay mucha nieve en el invierno y también hay muchos árboles. Cada tanto puede contarme cosas como que encontró un arroyo que no había visto antes, que se metió en un bosque por primera vez o que tal día aparecieron tres venados caminando por su patio.

Charlar con Jade, generalmente vía mail, muy cada tanto por teléfono, es como conversar con el personaje de un cuento que me gustaría haber escrito. Hace poco se largó a escribir y me decía:

"Probé un juego. Metí diferentes objetos en una ecuación. La pregunta era, ¿cómo me siento acerca de algo de acuerdo con su permanencia? ¿O la falta de?Por ejemplo, mi familia se siente fragil pero segura, en el sentido de que es algo que probablemente va a estar ahí una buena parte de mi vida salvo que haya algún accidente raro. Así que puedo estar mucho tiempo sin verlos, pero cuanto más vivo, más complicado se hace darlos por sentado.Mi gata es mucho más conmovedora. Ya vivió unos tres cuartos de su vida, así que cada experiencia con ella es valiosa. Sé que es una gata salvaje, y cualquier día puede ser el último que juegue con ella."

En mi balcón hay muchas plantas que son de un vecino que se mudó. El portero me pidió dejarlas en el balcón hasta que las puedan venir a buscar. Cuando las trajeron fue justo una semana muy lluviosa y no tuve que preocuparme por regarlas. Hace poco las empecé a ver amarillas, secándose, y cuando me crucé con el portero les pregunté si al final las iban a dejar acá como ya suponía. Me dijo que no, que uno de estos días van a venir a buscarlas. Esa misma noche las regué todas. Lo sigo haciendo desde entonces.

Esa misma noche en que regué las plantas fue la última noche que vi a mi amigo Nicolás antes que volara de vuelta a Alemania donde está su vida en este momento.

Hoy voló hacia España mi amiga Gala, siempre cargando tantos hogares en las manos.

Releyendo el mail de Jade, pensaba en los tiempos, las permanencias, esas seguridades que no existen. Atesorar cariños con la seguridad del párpado que ya ni necesita pensar: cuando abra los ojos nuevamente, todo va a seguir ahí.

Todo parece tender hacia la búsqueda de equilibrios. Construir espacios firmes aunque no lo sean, piedras en el arroyo donde pisar, troncos flotantes donde al menos detenerse un rato para un nuevo impulso. Como una entropía en miniatura, hay un movimiento permanente. Los afectos, los proyectos, los compromisos, sirven de dirección, puntos cardinales, plataformas de lanzamiento. El resto es un salto y malabarismo puro.

Hay momentos en que tenemos algo realmente en las manos, masomenos firme, palpable. Pero son segundos. Apenas un instante antes de que vuelvan al aire, a donde pertenecen.

Nos queda acompañarlos en su propio vuelo, buscar seguirlos en su propia dirección, su propio salto. Atesorarlos con la mirada, aunque ciega, en el silencio.

Publicadas portinch a la/s 1:29 a.m. 0 comentarios  

¡Buli y Rexia deluxe!

Por entradas agotadas, las pusimos a descansar.

¡Un espectáculo para toda la familia! ¡Las chicas adelgazan contenidos y se vuelven dadaístas!

A: Ayer vimos una torta re linda con mi novio.
B: Mirá vos.
A: Ya la miré, sí. Y le pregunté "¿Qué pensás vos, esa torta engorda?"
B: ¿Y qué te respondió?
A: Que sólo si la comés primero. Je.
B: Fa, estuvo bien.
A: Y sí.

B: Che, qué linda musculosa.
A: ¿Te gusta? Me la compré ayer.
B: ¿Y eso "Save the whales" qué significa?
A: "Salvemos a las ballenas".
B: Uy, sí, tal cual. Pobres están re gordas.

A: Mirá qué raro el peinado de ese maniquí.
B: ¡Es cierto! ¡Mega ridículo!
A: Ah, no, me equivoqué. Es un escobillón.
B: Uy.

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Frases re locas para reflexionar

( y decirlas al pasar en una cena de amigos y convertirse en el centro de atención.

o al menos en el centro de mesa.

bueno, de última, en el centro a la olla.

si son amigos caníbales, claro).


1. La escuela deja secuelas.

2. Te convido mi vida.

3. Felicidad no tienes dueño.

4. Agua que no has de beber, deja de correrla.

5. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie sucio.

6. El que mucho abarca, calderón de la.

7. Viejos son los humanos. (Firma: Trapito)

8. Siempre hay un botón para un descosido. Y un ojal para el botón. Y un dedo que juega en el ojal. Y una mano que arranca el botón. Un hilo que lo cruza. Re quilombo. (Reflexión de sastre)

9. Los que se van y no vuelven, se van más lejos.

10. Si yo fuera vos, ahora sonreiría.

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Lo que viene es lo que fue

Lo bueno de la ignorancia es que de alguna manera uno tiene todo por delante. No, no eso de ignorance is bliss, bla bla bla, que sino sabés no te hacés mala sangre, ojos que no ven corazón que no siente y todo eso. Pero no me voy a meter en eso, es tema largo quizás para otro día.

A lo que me refiero, es algo que me ha pasado por ejemplo cuando conocí algún músico que me gustaba: zas, qué lindo, quiero más, y de repente me entero que es su quinto disco, entonces no queda más que salir a la caza de todo eso que desconocíamos durante tanto tiempo para llenarnos los oídos de placer. Bueno, en este caso en particular estoy pensando más que nada en el séptimo arte y la literatura. De a poquito estoy tratando de aprender un poquito más de estas dos cosas que tanto me interesan. Y entre las pelis hoy finalmente me di el gustazo de ver una que me recomendaron una y mil veces: Desayuno en Tiffany's. La verdad, un lujo, me emocioné como un dulce gil que soy, y la disfruté de pe a pa, pasando por pi, po y pu, ni más ni menos. O tal vez hasta un poquito más. Ya sé que no descubro nada nuevo con esto. No es un post revelador, ni recomendador, ni encomendador o encomiendado.
Yo les cuento nomás.

(me salió medio Cirilo Tamayo eso, me faltó poner nomás el "no.... yo decía" mientras dibujo una curva invisible sobre el piso con la punta de mi zapatilla y ya. mejor me voy, chau, gracias, vuelva pronto).

Publicadas portinch a la/s 10:16 p.m. 0 comentarios  

Fragmento en un cuaderno

- ¿Qué tiene de malo el placer, Takver? ¿Por qué no lo quieres?
- No tiene nada de malo. Y en realidad lo quiero. Sólo que no lo necesito. Y si tomo lo que no necesito, nunca tendré lo que en realidad necesito.
- ¿Qué necesitas? Ella miró para abajo, al suelo, rascando con la uña la superficie de una roca. No dijo nada. Se inclinó hacia adelante para arrancar una ramita de zarzaluna, pero no la arrancó, se limitó a acariciarla, a palpar el tallo velludo y la hoja frágil. Shevek notó la tensión de los movimientos de ella, como si luchara tratando de contener o refrenar una tormenta de emociones, para poder hablar. Cuando habló, lo hizo en voz baja y un poco áspera.
- Necesito el vínculo. - dijo - El verdadero. Cuerpo y mente y todos los años de la vida. Nada más. Nada menos.

(De Los Desposeídos, escrito por Ursula K. Le Guin)

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El victimante

Sigo revisando cositas viejas, y encuentro algo que me divierte leer. Soy un aparato, eso lo sé, pero no sabía que lo era hace tanto. =)



El auto contra mi

De chico iba fabricando juegos por la calle. No pisar las líneas entre las baldosas, llevar una piedra pateándola a través de cuadras y cuadras, desafíos al cruzar a ver si alcanzaba la vereda antes de que aquel auto pasara una línea imaginaria que marcaba en mi cabeza, o lo que fuera que se me ocurriera en el momento. El simple acto de pasear se transformaba mágicamente en una travesía plena de obstáculos a atravesar y proezas que lograr. Cada paso encerraba la posibilidad de una hazaña, me permitía elevarme a la posición de héroe de la caminata ciudadana de cada día.
Lo curioso de estos juegos infantiles que llenaban mis paseos en aquellos tiempos era que de alguna forma siempre me las ingeniaba para perder. A último momento conseguía inventarme una excusa casual que me detuviera antes de superar la velocidad del auto a vencer, me las arreglaba para sembrar la duda sobre si algún paso no había tocado mínimamente (pero lo suficiente para sellar mi derrota) la línea entre las baldosas, o erraba el cálculo al patear la piedra o la chapita de gaseosa y terminaba tirándola hacia algún lugar desde donde se volvía irrecuperable. En el peor de los casos mi ingenio no tenía límites, y siempre quedaba la alternativa final de modificar las reglas de manera tal que solamente pudiera perder. Eran pruebas que yo podía ganar, que buscaba volver más y más difíciles para agregar más emoción pero a la vez me obligaba a mantenerlas dentro de lo alcanzable, para que luego no hubiera excusa en la derrota. Y sin embargo hacia ahí me dirigía una y otra vez, como un destino que me creía tan insalvable que acababa por hacerlo propio aún contra su voluntad e incluso la mía.

Hoy caminaba hacia la parada del colectivo y en un momento cruzando la calle veo que un auto se acercaba en la dirección que yo venía. De la nada surgió la vieja prueba: alcanzar la vereda antes que el vehículo aquel cruzara la línea imaginaria que yo marcaba de una vereda a la otra. Avanzaba con paso firme y estaba muy claro que llevaba una buena ventaja como para ganar sin demasiado esfuerzo. Ante esta certeza decidí aminorar la marcha.
Como era cómica y trágicamente de esperar, perdí. Y no porque no alcanzara antes la vereda.
No, no fue eso. Llegué un segundo antes que el auto pasara la marca señalada.
Lo que sucedió es que a último momento recordé la regla que había pasado por alto tan torpemente: para que se considere que había llegado a la vereda tenía que pisarla con el pie izquierdo. La mala suerte me empujó a la perdición, y a pesar de que quise rearmar mi andar a mitad de camino, sabía también que estaba prohibido frenar la caminata para cambiar el ritmo de mis pasos y llegar con el que me daría la victoria al instante.
Y así fue que mi primer paso en la vereda fue con el pie derecho nomás. El mínimo instante entre el primer paso y el siguiente le permitieron al coche vencerme.
Todavía hoy persiste la capacidad de idear reglas que me vuelvan inminente la derrota. Hay mucho de ingenio y rapidez en esto, una habilidad poco usual de la cual no sé del todo si sentirme su orgulloso dueño o su pobre y desgraciada víctima.


Publicadas portinch a la/s 1:26 a.m. 0 comentarios  

Si Chewbacca fuese Jedi...

Sería algo así. Bueno, búrlense de mi cara simiesca, pero yo veo el video del cual extraigo estas imágenes y siento que algo de mi infancia ha sido realizado.





(eso no siempre es para bien, je)


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Grito vocacional

Esta semana anduve rejuntando mitos porteños, supersticiones, historias sobrenaturales relacionadas con barrios o lugares de la ciudad. Entre esas me encontré una que sucedió en una casa de la calle Campana al 3200, cerca de donde pasa el tren, conocida supuestamente como la casa de los bichos por sus columnas y paredes decoradas con figuras de animales. El relato cuenta que una chica de alta alcurnia (bueno, lo que se dice alta, metro y medio, dos metros) se estaba casando con un violinista. Al final de la fiesta salieron a buscar su auto que curiosamente estaba estacionado del otro lado de las vías. Cuando quisieron cruzar pasó un tren a toda máquina (bueno, toda toda no sé, digamos que algo más que al trotecito) y los aplastó, despedazó y además dejó sin vida.
Más allá de algunas apariciones, el hecho más llamativo de la historia es el final con que concluía la leyenda, asegurando que algunos vecinos todavía escuchan de tanto en tanto gritos "de una joven y un violinista". La pregunta surge naturalmente: ¿cómo se reconocen los gritos de un violinista?

Sería interesante que la forma de gritar de uno reflejara con claridad la vocación o el talento de uno, ¿no? Se imaginan, ya en el nacimiento, sale el bichito de la panza y ahí nomás la partera sentencia "uuuy, escuchalo, este es fotógrafo de acá a la china". El doctor, en su extrema duchez (de ser ducho, no de ducharse mucho) precisa incluso: "escuchá ese intervalo para respirar. Fotógrafo como corresponsal de guerra, ni más ni menos, eh".

Teniendo en mente todo esto hoy al despertar me decidí a hacer la prueba. Me levanté, me lavé bien la cara, y ahí nomás me largué a gritar 3 minutos seguidos. Todo un repertorio de aullidos, llantos, vociferaciones varias y etcéteras a todo volumen. Después salí al pasillito común del piso, llamé a la puerta de la vecina y le pregunté concretamente qué había escuchado. No dudó un segundo en contestar.

- Un pelotudo gritando.

Confieso que lo venía sospechando hace años, pero de todas formas no deja de ser revelador.

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Caries mental

En mi última sesión de terapia por cuestiones odontológicas personales y un sueño mandibulístico que me contó una amiga cumpleañera la temática dental tuvo un auge muy particular. Recordé entonces un viejo texto que había escrito hace muchos años. Cuando lo escribí era bien nuevito. Lo empecé a eso de los 18, y me decidí a no tocarlo más en febrero del 98, según yo mismo consigné al final del texto. Lo recuerdo como la primera prosa en estilo pseudo poético (o pretendidamente) de mi autoría que me gustaba en aquel momento. Es una linda sensación esa de quedarse satisfecho.Incluso cuando reconocemos repeticiones, errores de puntuación y lugares comunes, por ejemplo. Hay algunos textos que salen así, para desarmarse un poco uno. Mirarse un rincón de esta manera, y sentirse conectado más allá de la gramática, y quizás a través del tiempo, es una sensación de lo más placentera.


Mi error y yo

¿Nos contentamos con dejar sombras como huellas, o somos de apretar los dientes con fuerza para dejar un buen sello de nuestros colmillos? Porque definitivamente mientras hay mordidas que se oxidan con el paso del tiempo y su rocío, hay algunos que saben clavar memorias como viajes de ida que no permiten ni el más mínimo desconcierto de su sentir. Yo sueño con poder algún día armarme de coraje y aliento para recitar una buena herida en tu cuello.Los trenes no son de equivocar su estación; yo en cambio tengo un ritual de pifia de destino mezclado con una tozudez digna del burro más terco que se haya visto en fábula alguna. Soy capaz de desearte feliz cumpleaños en tu funeral, de soltarte la rienda cuando estabas por galopar y hasta de sacarme las medias con los pies sucios y fríos cuando te tengo en mis sábanas por primera vez. Todo como parte de una esencia que me patea siempre las ganas de entregarme a esos momentos de glorias repentinas donde hasta el recuerdo del momento se queda corto frente a la música que explotaba el pecho. Tengo pensamientos estrechos de consecuencias, una carencia importante de adelantos precisos y un ritmo de balada para las corridas. Pero igualmente soy de echarme en cara mis sonrisas, puedo esmerarme con esmero superlativo en dedicarte todas las letras que se me ocurren, y hasta me animo a tallar un par de garabatos inventados para adornar mejor tu nombre. Pero al final de la palabra más sentida no siempre anida el sentir. En la mismísima punta de mis dedos es el lugar que recomiendo que espíes para encontrar mi mejor verso. En el ínfimo roce de tu piel. Ahí soy de enmudecerme a los gritos y sacar los colmillos bien afuera con la mayor dulzura que mi torpeza me permita. En el trayecto del colectivo a la puerta de mi casa (que no es el mismo de noche que de día), me vengo preguntando qué cosas realmente me satisfacen. Un gol de cabeza, un pelotazo a la ventana, un ritmo hecho con sangre en los parlantes, entonar pasos en la vereda silenciosa. Firmar con mi boca el papel intenso de tu cuerpo.
Entonces vuelvo a interrogar ¿Dejamos huellas de tizas de colores o salivamos la indiferencia con un buen rayar de dientes afilados? Porque ojo que no es lo mismo digerir los buenos momentos que masticar las horas infinitas de cada día. Algunos prefieren entablillarse la dentadura ante la menor caries y llamar al doctor del corazón para que les acune la impaciencia. El problema lo tienen por las mañanas. Ahí te quiero ver con un par de dientes entablillados, un despertar de miedo vendado y los ojos contra el techo. Creo que al final prefiero clavar un par de dientes en la almohada mientras duermo y levantarme pensando en ella, pero dejando filtrar durante un rato alguna nube por mi boca o por la persiana del cuarto, que en este caso viene a ser casi lo mismo, para que de esta manera el día no tarde demasiado en empezar.


(Febrero 1998)

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Calendario

Entonces, divagando sobre la percepción del tiempo: ¿Vieron esos llamados en el hombro que zas, te alejan a una dimensión puramente contemplativa detenida en tiempo y espacio y entonces tomás consciencia de lo transcurrido? Ver una foto vieja. Encontrarse con un conocido que no ves hace años. Escuchar una canción de la infancia, leer una historieta que te fanatizaba de chico. Rescatar la ropa de estación. Contarle los agujeros a tu remera favorita. Recibir un mail de ese amigo que te escribe trimestralmente. Espero más y mejores ejemplos, estimados lectores, que son lo mejor que tiene este blog exceptuando mi humildad y demagogia.



Hay días
que más que días son tiempo que pasa.
Tiempos que antes que nada son esperas.
A la vez, esperas interminables
más que esperas son días que pasan.

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Escuchado porái

"La dura es la lactancia de los homosexuales".

Publicadas portinch a la/s 9:09 p.m. 0 comentarios