Mis trece libros del 2010

Inspirado por la última entrada hasta el momento en el blog de mi amigo Nicolás (nataniel.blogdrive.com) donde arma un listado de los 13 libros que leyó a lo largo del ahora último año, se me ocurrió hacer mi propia lista. Pero claro, este año que - ahora - acaba de terminar no leí casi nada, así que en este caso todo lo que puedo escribir es el imponderable y prescindible listado de los 13 libros que en una de esas podría haber leído pero no lo leí en el 2010 (o que quizás sí que leí en un universo paralelo pero en este laverdaquenó).


1. Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Uno que me había llamado la atención hace años, y la atención se despertó de nuevo por el tema de la adaptación cinematográfica, pero... eeeh... bueno, al final vi la película y ya. Seguramente el libro es mejor, pero no puedo permitirle a una sola historia dos decepciones.

2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson. Parece que ahora los novelistas escandinavos son junto con algunos japoneses el boom del momento, y este viene medio a tope de la ola, incluso con pelis y todo. Pero acá ni leí el libro porque no se me cruzó en el camino y son medio caros y la peli tampoco la vi pero ojo, el título del libro me parece que está bueno, aunque se siente bastante snob.

3. Tokio Blues, de Haruki Murakami. Parece que ahora los novelistas japoneses son junto con algunos escandinavos el boom del momento, y este... bueno, hasta donde sé de este no hay peli, y una amiga lo tenía y recomendaba, y me dan ganas de leer algo de prosa del japón, pero como que no se dio.

4. Ferdydurke, de Witold Gombrowicz. Un amigo me lo regaló hace unos años, y este año me preguntó si lo había leído, le confesé que no y me puteó, así que pensé que bien podía ser lo próximo que leyera.

5. La divina comedia, de Dante Alighieri. Si todos los años hiciera esta lista seguramente sería como esos hits que siempre sobreviven en el ranking, porque es un libro que siempre se me cruza como "Uh, debería leerlo de una vez ese libro, tan clásico que es, aunque sea para sentirme un poco más culto".

6. El cuchillo, de Patricia Highsmith. Si el orden del listado fuese por nivel de probabilidad este título debería estar bien arriba, porque es uno que tengo ahí en casa de la colección Club del misterio y como no parece muy largo varias veces se me ocurre que es uno que podría encarar casi al vuelo. Como la divina comedia, es otro que desde ese lugar constante se mantiene en el ranking hace por lo menos 3 años.

7. El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Leguin. El flaco de la librería que es muy buena onda y siempre me recomienda libros se enteró que me había encantado "Los desposeídos" de Leguin y me ofreció prestarme este otro que hace tiempo no se reedita acá. Le dije que por ahora (en ese entonces) no gracias porque no lo iba a leer en el momento porque estaba con otras cosas que yo qué sé qué eran y no me gusta tener libros prestados ahí juntando polvo en un rincón. Este va a tener revancha seguro, o por lo menos ya tiene ganado un lugar en el ranking del año próximo porque leí hace poco otro de Leguin y también me encantó así que voy a tener que conseguir el mundo es bosque de alguna forma.

8. Razones locas, de Guilherme de Alencar Pinto. Es una biografía del admiradísimo Eduardo Mateo que no sabía que existía hasta noviembre masomenos que una amiga lo tenía y en su momento no lo pude pedir prestado pero bueno, quizás en otra oportunidad.

9. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Lo vi en su idioma original en una librería cuando buscaba un buen regalo para dar en navidad, un amigo me lo recomendó y casi me lo compro para leerlo yo, pero al final no.

10. 9 cuentos, de J. D. Salinger. Lo vi en una librería y me lo quise llevar pero pregunté el precio y estaba caro.

11. Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski. A este le leí varias páginas incluso, convencido de que era un libro que tenía mucho para darme, en plan lectura y en plan concreto de aprendizaje narrativo. El tema es que tras lo poco leído se me ocurrió que era buena idea ver primero alguna o incluso algunas películas de las que hizo Tarkovski antes de encarar seriamente su libro.

12. Un título que no recuerdo, de Leónidas Lamborghini. Vi el libro y casi lo compro pero pronto me avivé que era Leónidas y no Osvaldo que es el que me hubiese comprado porque leí hace un tiempo unos cuentos suyos que eran espectaculares.

13. Lonely Planet de New York. En un momento apareció la idea de viajar a EE.UU. y no hubiese sido tan raro que intentara conseguirme prestado de algún lado este libro. La idea quedó rápidamente descartada, no estuve ni cerca de viajar y el asunto quedó en una posibilidad remotísima, lo cual alcanza y sobra para quedar muy por delante dentro de probabilidad de lectura que, por decir algo, Germinal, de Emile Zola, que ni se me cruzó por la cabeza en la vida.



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Tod y Toby

(Revisando el blog encontré entre los borradores de entradas esto que había escrito a principios del 2008. Creo que no lo subí porque pensaba revisarlo y profundizar y decir unas cosas tremendas sobre el tema, pero... bueno, soy yo. Y podía decir esto y ya.)

Escribiendo recién en el fotolog de oye_la_mar me acordaba de Dumbo a raíz de un comentario plumense. (¿plumífero? ¡de plumas y ya!).
Deben haber pasado más de 20 años desde la última vez que vi esa película. ¿Qué me pasará ahora? Me da curiosiad. Hace un año me había bajado otro clásico que adoraba de chico: El zorro y el sabueso. Se lo dejé para ver a una amiga que estaba con su hijo en casa de visita y después me contó que la sacaron porque era muy triste. Sí, yo de eso me acordaba. Y la verdad, de poco más.
Ahora, iba a dar rienda suelta a la nostalgia y comentar otros dibujos de estos que te quedan grabados. Ah, e iba a decir que igual sé que hay películas que envejecen muy bien. Al menos para mi. Me pasó hace unos años de prestarle "El cristal encantado" a una amiga que la recordaba como maravillosa y que a los 2 minutos la sacó porque sentía que le estaba arruinando el recuerdo lindo que tenía, je. Yo en cambio esa la puedo ver una y mil veces y no deja de sorprenderme. Además, tiene un ritmo lento, unos detalles pocos cuadrados para una peli infantil, que me hacen sentir una especie de orgullo retroactivo por haber podido disfrutarla tanto tanto de chico.
Pero justo cuando escribía al final del primer párrafo lo de recordar lo triste que era me acordé de otra cosa. La semana pasada estábamos grabando para un programa unas entrevistas a gente en la calle sobre cine. Preguntando cosas clásicas, "peli favorita, cuál viste más veces, cuál lamentás haber visto, con cuál lloraste más", y así. El tema es que en un momento me llamó la atención que en general la favorita iba a la par de la que más nos había hecho llorar.
Estoy diciendo algo medio obvio, alguna vez pensaba en eso de que en todo caso para identificarnos siempre es un buen punto de encuentro la tristeza, como en las canciones, que la mayoría de las veces parece que va a pegar más una de lamentos que una de celebración.
Pero bueno.
Otro día sigo, ahora quiero terminar el jueguito puto de Cthulhu que ya estoy en la huida final.

La tristeza está bien.
(nota actual: acá decía "texto de Dolina", que hacía referencia a este: http://enumerando.blogspot.com/2009/02/instrucciones-para-abrir-el-paquete-de.html).

Pero también llega un momento en que me cansa. Me gusta, admiro el que puede rescatar lo otro. Sin ser obvio, contar una alegría en serio. Transmitir una felicidad. Pienso en Aprile de Moreti con mucha fuerza, y hasta me acuerdo de su "La habitación del hijo", donde en medio de la tristeza tremenda que recorre todo hay al final un asomarse a algo de la vida que a mi se me hizo íntimamente celebratorio. Quizás tenga que verla de nuevo y esté diciendo pavadas.

Pero eso. Me gusta la tristeza bien entendida. Pero si van a ser fáciles y baratos, prefiero una alegría de verano, una canción tonta bailable a una que pretende transmitir algo de tristeza y sólo me habla de lagrimitas y amores que se fueron.

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Uno de zombies...

Esperó a que todos los muertos hubieran abandonado la casa para entrar.

Buscó en vano algo que comer y frustrado y tan cansado como hambriento, decidió acostarse a dormir.

Durante la noche soñó su propio final, calmo y previsible, entre las sábanas violetas de una vieja cama de hierro.

Por la mañana salió a conseguir agua para beber del pozo junto a la casa.

Luego se sentó a un costado de la entrada y pasó las horas contemplando el camino por el cual transitaba cada tanto algún muerto sin rumbo.

La ansiedad había nublado el hambre, y le sorprendió el atardecer sin haberse procurado alimento.

Cuando finalmente decidió levantarse a buscar comida, la mujer se apareció frente a él, contemplándolo.

Antes de que él le preguntara algo le pidió entrar.

Entre lágrimas él no pudo encontrar ni el aire ni las palabras para responderle, así que sólo atinó a hacerse a un lado.

Ella pasó y sin preámbulos puso su bolso sobre la mesa, anunciando que tenía un regalo para darle.

Con una sonrisa en su rostro, la primera que él veía en todo un año, la mujer sacó de su bolso y le entregó un juego de limpias y suaves sábanas violetas.



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Zapatos

Hace un par de años, una amiga me contó de una casa de zapatos que le encantaba y un concurso de cuentos que organizaba con sus productos de premio: la temática era esa nomás: historias con zapatos.


No es Cenicienta


Mi Lucila no es Cenicienta. Eso lo sabíamos todos. Claro que en ese momento tampoco habíamos escuchado jamás el nombre de Cenicienta, que un día más tarde pasaría a estar en boca de todos. Pero al príncipe claro que lo teníamos visto. Yo confieso que el muchacho no era muy de mi estilo de belleza, que no se ofenda por esto el ahora Rey, que con todo respeto lo digo. Seguramente es más por ciertas cuestiones de generación, a mi siempre se me dio más por los caballeros de quijadas más duras, rasgos casi bruscos, cejas prominentes. Pero una mera cuestión de gusto, claramente, porque todas las jovencitas sí que se volvían locas con el príncipe y su rostro de tener todo en su lugar indicado y en las proporciones correctas. Esa carita como de vela esculpida con exagerado recelo.

Lucila no era la excepción, ella también lo adoraba, de verlo a lo lejos en alguna celebración, o algún retrato en alguna revista de esas que te cuentan con quién anda tal caballero, cuál es el hechizo de moda, con cuál de los enanos anda ahora Blancanieves y chismes por el estilo del reino y sus alrededores.

Así que imagínense nomás lo que le pasó a su cara cuando de repente golpearon la puerta en casa y era el dichoso príncipe el que se apareció del otro lado. Y es que uno aprende un poco a aplicar los gestos correctos con el tiempo. A las jovencitas sobre todo, a ellas le encanta poner caras. Entonces si golpea la puerta el panadero con alguna delicia, cara de picardía con una sonrisa recta que apenas se asoman los dientes, todo con las cejas en alto. Si es la tía Eduviges, Lucila me entrecierra los ojos, frunce el ceño, me arruga toda la cara como si ya le olieran mal por adelantado todas las aburridas historias que siempre trae la tía.

¿Pero para un príncipe? ¿Con qué cara se lo recibe? Ahí sí que la pobre quedó toda descolocada, como si un ojo se le desorbitara por un lado, el otro le empezara a temblar y pestañear como con un tic. La boca bien abierta pero tampoco como de ¡oh, caramba!, sino más bien como una redondez algo trémula y torcida de no saber para dónde ir. Pero la verdad es que fue un segundo nomás, un instante mínimo de desacomodo gestual, porque enseguida se recompuso y levantó la vista con firmeza, con una súbita seguridad entre tranquila y desafiante.

El príncipe nos explicó su presencia sin perder el tiempo. Linda voz, el jovencito. Nos contó de la fiesta de la noche anterior, de la chica con la que estuvo bailando y que tanto le gustó, que a la medianoche desapareció y como sólo quedó de ella un zapato con el que él esperaba encontrarla. Esa historia que a esta altura todos se saben, por supuesto, no hace falta que diga más.

El asunto acá, lo que algunos ni siquiera imaginan, es que la historia pudo ser muy distinta. Si lo piensan un ratito nomás, no les va a sorprender tanto. Es decir, hablamos de zapatos de mujer. Está bien que cada pie es distinto. Que hasta nuestros propios pies son distintos entre sí. ¿Pero cuántos talles diferentes de calzado pueden haber?

¿Entienden a dónde voy?

Así como sabíamos que Lucila era Lucila y no la loquita aquella fugitiva, nadie dijo nada. Que no se ofenda la reina por lo de “loquita”, eh, que lo digo nomás porque en ese momento nadie sabía cómo era la historia. Yo pensé que en aquel momento mi niña, a quien ya se le había acomodado la quijada tras el sobresalto inicial, iba a aclararle al príncipe que ella no había ido a la fiesta la noche anterior. Pero lo que Lucila hizo en cambio fue sentarse en la primera silla que encontró y quitarse una de sus sandalias, ofreciéndole su pie desnudo al joven con un delicado movimiento. Yo sólo atiné a mirarla atentamente, no sé si con sorpresa o con admiración. Tal vez hasta con esperanza, que a veces a las madres se nos disparan fantasías de lo más ridículas sin darnos cuenta.

El hijo del rey se ubicó entonces a los pies de mi hija. Lo que se dice un momento como para retratarlo si uno pudiera pintar un cuadro de esa escena lo suficientemente rápido. Pero me alcanza con la memoria, porque esas son el tipo de imágenes que las madres nunca olvidamos.

Cuando el príncipe tomó el pie de mi hija para probarle el zapato solitario, ahí sí que quedé impresionada con la naturalidad que Lucila estaba lidiando con aquella situación. Pensé con cierto orgullo que algo debimos haber hecho bien los padres, porque más allá de que alguien pudiera levantar cierto grito moralista porque al fin y al cabo estaba participando de una pantomima absurda, la verdad es que la chica se estaba portando con un estilo y una gracia que daba gusto verla.

Lucila ni siquiera perdió la compostura cuando sintió que el zapato le calzaba a la perfección. Yo casi pierdo el control de mis piernas, que de repente se me aflojaron y sino me agarraba de la mesa creo que me iba de cara al piso sin escalas. El príncipe también medio que perdió el equilibrio así agachado como estaba. La cara se le iluminó como si un fuego blanco hubiese estallado en su interior. A uno de los guardias que acompañaban al príncipe se le escapó la lanza que cargaba con firmeza y por suerte alcanzó a retomarla al vuelo justo antes que cayera sobre mis cortinas favoritas. Otro guardia lanzó un suspiro algo aflautado y con una mano se tapó la boca abierta como un hipopótamo emocionado.

Pero mi Lucila, una verdadera dama. Apenas una sonrisa, de esas que se notan más en la figura toda, hasta en el brillo de los ojos, antes que en sus labios.

El príncipe comenzó a reír y poniéndose de pie tomó las manos de mi hija entre las suyas.

Pero enseguida su risa se fue desvaneciendo. Y es que algo no estaba bien, porque Lucila no reía, no se ponía de pie, no bailaba de felicidad, no saltaba a sus brazos.

Entonces mi hija hizo un lento pero inconfundible movimiento de negación con la cabeza, sin soltar esa sonrisa suya por un solo instante.

El príncipe confundido empezó a mirar alrededor buscando una explicación. Los guardias le devolvieron un silencio hueco de respuestas. Luego me buscó a mi con los ojos entristecidos, pero yo tampoco dije nada, y sólo atiné a levantar mis hombros con resignación. Todo lo que había sido llamarada en él enseguida se volvió ceniza y el rostro todo se le volvió gris. Sin decir una sola palabra, pero sin ningún desdén en sus movimientos; o al menos con una tranquilidad que no transmitió resentimiento alguno, recuperó su zapato brújula y sin decir una palabra regresó a la calle junto con su comitiva.

Como última aclaración quiero decir que no es mi intención echar ningún manto de duda sobre la verdadera identidad de nuestra querida reina, Cenicienta. Lo cierto es que nunca sabremos a ciencia cierta cuántas chicas allá afuera calzaban lo mismo que ella, que mi hija, o que la misteriosa joven de la fiesta. Pero no tiene sentido discutir al respecto, porque al fin y al cabo todos queremos a Cenicienta, y nos gusta su historia tal como nos fue contada.

Jamás supe si Lucila tuvo pensado desde un principio que sólo iba a probarse el zapato por jugar o si es que la negación del final fue una sinceridad que le surgió a último momento.

Lo que es seguro es que un zapato prestado puede quedarnos perfecto, de eso no hay dudas. Quizás hasta mejor que a la dueña original. Pero cuando se trata de príncipes, ponga una la cara que ponga al encontrarlo, y no importa los zapatos que vistamos, ahí no hay vuelta que darle: si querés disfrutarlo por completo, mejor ganártelo con tus propios pasos de baile.

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Breves 2010

Y a esta hora
esta extrañeza ya no nos toma
nunca por sorpresa

más bien como rehenes
voluntarios, entregados
de cara al primer pliego
de la última tormenta

Entonces hay cruces, y ecos,
pasos que creemos truenos,
y señales que confundimos
como crujidos de puertas,
y cortinas que agitan
rítmicas luces al viento.

Lo cierto es
(sin tanta certeza, tampoco
pero sin duda alguna)
que al andar
arrastramos
nuestras sombras habitadas.

y siempre llevamos
algún fantasma
capaz de despertarnos,
perseguirnos,
y hasta quitarnos el sueño.

La noche en tanto sugiere
no tocar nunca
la mano del fantasma
porque su roce
empuja al tropiezo
que cubre las ventanas
con el barro oxidado
de no haber sabido
soltar los huesos
y abrazar la aurora.


__________


La unión hace el afuera

no alcanza
no importa cuántas manos tomemos
siempre acabamos dejando
10 dedos afuera.


_______________


nadie nos dijo cómo llamarnos
el conjunto
la integración
tampoco supimos votar a tiempo
proponernos algo
una idea, un tumulto al menos
un algo grupal
que nos alineara

pero así a puro instinto
como un acto reflejo
desalineado
inoperable

nos reunimos
y fuimos

todos juntos.


________



no extrañaba este silencio
sí la ignorancia
la expectativa animal
la atención desmedida

el tierno impacto
la mirada perdida
los suspiros amagados
la llave esquivada

pero no este silencio

en el que no te hace falta
bailar
para esquivarme


_______________





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El niño mar


Hace diez años hacía pruebas en flash. Gracias a estas pruebas y a mi incapacidad de dibujar algo mínimamente elaborado, surgió este personaje que hizo la delicia de... de... bueno. Este personaje y ya.
Acá sus dos capítulos rescatados del olvido para que los jóvenes de hoy sepan que la vergüenza no es algo nuevo.



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Cine argentino

Sólo pasaba por acá para decir que tienen que ver El Hada Buena.

http://elhadabuenapelicula.blogspot.com/

¿Por qué?

Fui a verla porque me llamaba la atención la historia de cómo se hizo, porque ya con la anécdota esa me generaba cierta simpatía, porque la estética parecía muy cuidada en lo que se veía en youtube, y porque si algún día yo espero poder estrenar algo de alguna forma, me parece bien apoyar a los que están remando las mismas aguas, a ver si así se hacen menos densas. O algo así, ponele.
Lo mejor de este asunto es que ni siquiera tengo que contarles cómo se hizo ni nada de ésto para recomendarla. No hace falta. La película está buena por sí sola, no importa nada lo demás.
Es una alegría. Tiene muy buenas actuaciones en un código muy difícil, tiene una gran selección de música (la versión de I got rythm de Gershwin y toda esa secuencia donde aparece el tema cerca del final es genial) y grandes composiciones originales, el arte está espectacular, con un cuidado que llama la atención y da (buen) gusto!, y la historia no sólo es un delirio de imaginación que ya se agradece muchísimo sino que además tiene mucha inteligencia.
En conclusión, una película que alegra.

En el blog de la peli pueden ver cuándo y dónde encontrarla; durante junio la van a estar dando en no sé dónde los miércoles y en el cineclub monamour los sábados. También se puede comprar vía videoflims (www.videoflims.com.ar).

Acá va trailer de la película:





Próximamente, nueva recomendación, porque el placer es es un bien distributivo.

Publicadas portinch a la/s 10:09 a.m. 3 comentarios  

Obviedades

Te enredaste entre las siluetas vencidas.
Delicadamente rozaste un alarido en tu garganta, pero el aire que debía remar el sonido llego tarde a la cita. Tarde y cansado.
Tu única ventana entonces fue el silencio con guantes de suspiro ahogado.
Te preguntaste por tus fuerzas, y en medio del primer rastro la debilidad te clavó a tiempo una desesperanza imbatible. Un pacto de quietud, mientras tus rodillas se resistían temblando gélidos inviernos, abrazos ausentes, soñando un salto.
Se volvió inevitable el próximo derrame.
Mientras tu mejilla apenas coloreada aprende a gritar: ya basta de andar derrochando heridas.


Minino

Tu sombra ya abandonó la partida. No hay forma de domarte ni seguirte.
Apenas descubrirte de tanto en tanto, sobre un piano, tras la ventana, desafiando caídas, cazando sombras, sosteniendo el tiempo inmóvil entre tus pupilas, midiendo el zarpazo que lo rasgue todo.
En tu salto, en tu mirada, en el cálculo preciso que aterriza tu esplendor sobre la tierra, que redefine verbos de andar, de moverse, de reinar.
No son sólo estas paredes, o mi descanso, mi adoración.
Es todo el mundo, y cuánto desees.
Todo lo que existe te pertenece.

Publicadas portinch a la/s 8:17 p.m. 2 comentarios  

Un final cualquiera

El plano final de la película es de ella, esperando en vano a Julio en una estación de tren. El último tren está viniendo, y ella aguarda.
La locomotora frena en la estación. Los vagones están casi en su totalidad vacíos.
Ella mira a un lado. El andén está desierto. Al otro lado, lo mismo.
Cierra los ojos unos segundos, y repite el movimiento hacia a ambos lados, como si el instante de ojos cerrados hubiera provocado un cambio alrededor.
Pero se levanta. No se sienta a esperar que alguien venga a llevarle los bolsos para emprender el viaje. De hecho... ni siquiera tiene bolsos.
Se pone de pie y avanza hasta las puertas del vagón.
Sube sin volver a revisar el andén, lenta pero decidida.
Alguien chista con fuerza a lo lejos.
Se detiene y mira desde la puerta.
Un completo extraño hace señas al guarda que le hace un gesto con la mano para que se apure. El hombre se mete en el primer vagón, en la otra punta del tren.
El tren arranca.
Detrás, la estación queda en silencio un momento.
Luego suena una explosión. El hongo nuclear toma forma rápidamente.

Dicen que desde la luna se lo puede ver.

Publicadas portinch a la/s 5:36 p.m. 1 comentarios  

Magui

en la oscuridad más negra
- esa de la propia nariz invisible -
con sus ojos, aunque inútiles,
bien abiertos
se paró en el centro de la penumbra

en un escenario hecho de nada más
que expectativas
y cariños infinitos

A esa oscuridad amiga, profunda
le pintó grietas
de luces circulares
con sus ojos, que hasta ciegos,
nos siguen guiando.

Publicadas portinch a la/s 5:35 p.m. 0 comentarios  

Yo no hablo de la muerte, no.

Es de noche, y a veces veo las sombras alrededor y me da miedo, en el ropero, por el pasillo al que da la puerta, todas esas figuras que se van formando, la sensación de que alguien ahí aguarda, espía, acecha.
Entonces si me dejo llevar hay veces en que no tardo en llegar al tema de la muerte, y ya es difícil despegarse. El asunto llega a mí como una red pesada, cosida de cadenas que no sueltan y aplastan.
Ayer pasó algo más. Me desperté en medio de la noche, me levanté a chequear una cosa en el cuarto de al lado, y cuando volví me llevé puesta una silla donde había un ventilador. El ventilador se cayó, traté de atajarlo y no pude. Después lo levanté, lo puse sobre la silla. Tardé unos momentos en sentir que había un cierto olor a quemado. Y otro tanto en notar que se había cortado la luz.
Busqué una linterna, y ahí confirmé mi sospecha de que había saltado la térmica.
Resulta que al caer el ventilador había tironeado el cable del enchufe, y se había soltado. Se ve que en ese soltarse se tocaron las puntas e hizo corto.
Cuando me acosté de nuevo, me quedé pensando en la patada que me podría haber dado si al intentar atajar el ventilador tocaba los cables.
Después pensé, y si quedaba pegado y me moría. No en tono dramático o de "oh milagro, de la que me salvé". Sólo boludeando, digamos. Pero ahí me imaginé algo.
Que la realidad a veces depende de cosas mínimas. El peso de un dado, esa mínima fuerza de más que le dimos y hace que gire lo suficiente para caer de un lado. Ese movimiento que no calculamos, esa porción milimétrica de toda acción que no se puede llegar a calcular. Ese margen que a veces se llama azar.
Pero esa dependencia de lo inconmensurable, puede que varíe. Esta es la idea. Esos pequeños márgenes ramifican lo que percibimos. Lo que llamamos realidad. Al atajar el ventilador, hubo un movimiento que yo no percibí, pero que sí hice, en que toqué los cables. En que morí. Ese movimiento que empecé, pasó por una línea tan fina que dividió la realidad, abrió otra línea; a una rama en que sí toqué el cable y morí, y otra - de la que me quedé con esta consciencia - donde no pasó nada más grave que yo un rato insomne pensando pavadas.
No es todo el tiempo, pero cada tanto pasa eso. Momentos en que morimos. Pero nosotros llegamos hasta acá, entonces por ahora nos tocó quedarnos siempre de este lado. La consciencia, o este cierto registro que tenemos, permanece, sobrevive.
Me preguntaba si será siempre así. Si habrá una muerte donde ya me toque ser la consciencia que queda en el camino, en lugar de la que continúa y puede preguntarse "y si pisaba esa madera rota y caía para el otro lado". O si en todo caso hay finalmente una muerte insalvable, donde ya no es una pizca de azar la que la dicta, y no hay forma de sortearla. Pero entonces, ¿habrá otra forma de continuar? Me gustaría pensar eso. Creer que las realidades siguen abriéndose. Y que quizás no sea en esta forma, pero que hay otra forma de permanecer, de seguir, de atesorar, de guardar mi vida a la que no puedo dejar de aferrarme.
Que tan en claro siento que no quiero irme, che.

Publicadas portinch a la/s 5:26 p.m. 4 comentarios  

Momentos en que uno especialmente desearía estar en pareja

(cuando digo UNO, me refiero simplemente a mí).

- Al terminar de ver Love Actually otra vez.

- Noche de frío.

- Noche que se larga a llover.

- Noche.

- En una fiesta donde hay chicas lindas y no sé cómo hablarles.

- Cuando encuentro en una vidriera un gran regalo romántico. (por ejemplo, un paraguas amarillo)

- Al planear un viaje.

- Al volver de un viaje.

- Cuando cocino algo muy muy rico.

- La noche del 31 de diciembre, año tras año.

- Los domingos a la noche que vuelvo dolorido del fútbol con amigos.

- Cuando me encuentro un grano enorme en el medio de la espalda.


...

Publicadas portinch a la/s 7:13 p.m. 10 comentarios  

Light

Estamos cenando en el almuerzo de trabajo con un grupo de hombres y mujeres.
En la mesa, una botella de agua mineral y una casi vacía de Pepsi.
En eso a un costado alguien (de otra mesa) abre una heladera de esas playeras revelando su interior relleno de cocas light.
Estoy a punto de decir: "che, ahí hay coca light por si alguien quiere".
Pero justo antes, empiezo a pensar. "¿Ofrecer coca light? En particular light, es como que estoy dando a entender de entrada que alguna chica seguro prefiere coca LIGHT porque está a dieta o algo así, o aún peor, estoy opinando directamente que DEBERÍAN tomar coca light; ¿y qué hago pensando esto?, ahora ya no da para ofrecer, porque el momento fue cuando lo vi, entonces era un ofrecimiento espontáneo sin ninguna elucubración de por medio, en cambio ahora es como que lo vi, pensé un rato sobre el tema y entonces decidí que era oportuno que... bueno, no importa, hay agua si alguien no quiere pepsi, yo qué sé...".

Bueno, así funciona a veces mi cabeza, quería contarles.

Un modo algo excedido, por no decir soberanamente hinchapelotas.

Publicadas portinch a la/s 1:01 a.m. 3 comentarios  

Lo que vino

Se va el 2009.
Y el desafío para el 2010 es una entrada por semana. Desafío dedicado especialmente a mi prima Clara.
El sistema de comentarios que tenía se volvió pago y no sé si voy a poder dejar los que fui recopilando en estos años de blog.

Alguna vez releyendo mensajes viejos, pensaba que varios visitantes fueron sin lugar a dudas lo mejor de este blog.

¡Pero hay algo de mérito en eso! Es como cuando digo "bueno, trabajo con gente talentosa, yo no sé si tengo talento, pero de última saberse rodear también es una virtÚ".
O que te tengan rodeado puede ser una enorme y maravillosa casualidad.

De dónde habrá salido todo esto.

Publicadas portinch a la/s 2:50 a.m. 5 comentarios  

Sé lo que hicieron el verano pasado.

El verano pasado tuve la enorme suerte de empezar el año en familia. Con una camarita hogareña a mano y unos primos (también hogareños, supongo) muy bien dispuestos, capaces de soportar que alguien les diga "acción" para avisarles que está grabando, capaces de actuar, de moverse de acá para allá una y otra vez a pedido porque me moví mal, se me fue el foco, no se ve un carajo, capaces de sugerir ideas, y hasta de ir a ubicarse abajo del árbol ese casi a oscuras en medio de la noche aunque les dé miedo... sumando después un poquito de edición y buena música, pueden pasar cosas como ésta...



Publicadas portinch a la/s 11:49 p.m. 0 comentarios  

Intervalo

Se detuvo el tiempo en espera. La música se deshizo en un murmullo colectivo, en gotas de lluvia, en notas impacientes.

Callaste, justo después de la última palabra, como siempre.

Pero el silencio fue otro, como una niebla acechando en un rincón, bajo las mesas, sin calma.
Todavía aguardo tu voz, la canción nueva que desarme la espera, que arranque un paso de baile más a este cuerpo enterrado.

Publicadas portinch a la/s 11:43 p.m. 0 comentarios  

orillas.

de chico, no tanto pero sí bastante, me paraba en el muelle de miramar y en medio del frío me quedaba mirando hacia el horizonte. siempre me encantó, más allá de los faroles sucios que apenas iluminaban el lugar, cómo a lo lejos el cielo y el mar llegaba un punto en que se confundían, se hacían uno. como si todo hacia adelante fuera oscuridad, y punto. u oscuridad, y el infinito ahí seguido. da igual. como si cielo y mar fueran una enorme pregunta. la primera; la última.

curiosamente, de día la historia era otra. mirando el mar desde una escollera cualquiera, echado sintiendo las olas alrededor, la sensación era la opuesta: pensaba que el mar tiene todas las respuestas. ahí escondidas, guardadas entre espuma, sal, arena, y barcos también. ahí nomás, como amagando a contarlo todo.

pero el mar tiene eso (¡además de que sí, siempre sigue!), que me tiro de cabeza, me empapo, lo recorro, le espero las olas, lo buceo, pero siempre está un poco más allá y nunca lo alcanzo del todo.





Publicadas portinch a la/s 11:33 p.m. 1 comentarios  

Aprendí en Tucumán:

- La gente que hace mi cama cada mañana mientras yo estaba trabajando no entiende que si yo todos los días rehago la cama y pongo esa segunda frazada que conseguí bajo el edredón, significa que me gusta la segunda frazada que conseguí bajo el edredón, y que a la noche me gustaría encontrar la cama preparada de esa manera; y no como ocurrió una y otra vez de llegar y ver la frazada extra doblada sobre la cama. Durante un mes y medio, ni más ni menos.

- Que los porteños como yo no sabemos hablar para pedir las cosas como las preferimos y ya.

- Que si duermo menos de 6 horas durante 4 días seguidos, mi humor se ve fuertemente afectado.

- Que me gusta de postre quesillo-cayote-nuez.

- Que los alacranes no son grandes y feos como los escorpiones.

- Que los alacranes son chiquitos y feos a su propia manera.

- Que no sé andar bien a caballo.

- Que los caballos se dan cuenta sino sabés andar bien a caballo.

- Que a los 2500 metros se puede jugar al fútbol. Pero cambiás aire cada 10 minutos.

- Que los 2500 metros no me hacen jugar mejor al fútbol.

- Que tengo más vértigo del que pensaba.

- Que me gustan las alturas más de lo que pensaba.

- Que no pienso muy bien.

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Mínimo

El techo es la partida, cima abrupta
Que aguarda paciente y confiada, sin pausa
Como un imán sin temor al regreso
Una espina que acecha en la pinza, soñando el zarpazo.

Trepa el tiempo, la roca lenta que esculpe tu boca en cada copa de vino.

Publicadas portinch a la/s 3:29 a.m. 0 comentarios  

Mi vida después

Introducción salteable

Yo en general tengo muchísimos prejuicios con el teatro, me pasa que me cuesta mucho el tono que suele tomar, cierta solemnidad, cierto estilo del discurso, de la fuerza puesta en la textualidad, en textos que en general no me gustan, sin aprovechar mucho de la imagen, y bla bla bla. Cuando voy a ver algo y no me gusta me siento incómodo, me pica el culo y me salen granos. Por eso me dejé la barba el año pasado, quiero que lo sepan, porque por un laburo tuve que ver muchas obras de teatro. Y yo sufrí.
Pero ojo, que no es pura pálida, no soy taaaaan amargo: lo que pasa es que cuando sale bien, cuando disfruto, cuando me engancho, la experiencia me vuela el peluquín. Me emociona, esa cosa de la cercanía con los actores, el estar ahí, ufff, me encanta.
Quizás por eso me cueste, porque es una experiencia ahí nomás, al alcance, de mucha entrega, muy personal. En un cine de última podés distraerte con la musiquita, fijarte en la foto de la peli, no sé, el pochoclo... ponele.

Pero bueno, es una apuesta complicada, y digamos que más que nada por ignorancia nunca me entero de si hay cosas buenas y entonces simplemente no voy.

AUnque otras veces sí voy, por alguna extraña razón, como la mayoría de las cosas buenas que ocurren en este mundo, oh sí.


Lo importante

La cuestión, que ya la introducción se hizo un choclazo, es que vengo a recomendar la obra "Mi vida después", que se está dando en el teatro Sarmiento de jueves a domingo a las 21. Es un teatro medio perdido que está pegado al zoológico de buenos aires. Muy lindo, por cierto. Pero ojo, no es teatro barato a la gorra. Los jueves sale 20 pesos y los otros días 35. Dicho entonces lo más terrible, pasemos a mi humilde reseña.

Sobre la obra no quiero decir demasiado: el punto de partida no es quizás de lo más sorprendente: un grupo de actores y actrices repasan las historias de sus padres.
En ese sentido estricto, puede que lo interesante de la obra quede muy pegado a qué tan interesante puedan ser las historias que hay para contar.
O eso pensaba yo. Pero la verdad es que me sorprendió por todas partes. Porque sí, hay anécdotas tremendas, hay historias fuertes. Y otras quizás sin tanta carga "dramática", pero que sirven de ancla temporal, para tomar perspectiva de lo que son las distintas generaciones que fueron creciendo en este país.
Pero sobre todo, por la forma en que se desarrolla. Sobre todo, que está llena de ideas. Llena. Todo el tiempo, desde el primer movimiento en el escenario, hay recursos, hay imaginación, hay un laburo serio para contar lo que se tiene de una forma que enganche, que sorprenda.
Habiendo mucho humor, muchos momentos en que podemos reírnos y aliviar, no hay nada barato puesto en función de eso, no hay recursos obvios para aflojar la carga con una risita de compromiso.
Habiendo mucha emoción, mucho remover, no hay un aprovechamiento de eso, no hay látigos para castigar y provocar ni frases rimbombantes para bajar línea o cargosear.

Cada relación, cada historia, está contado como una suma de sinécdoques brillantes, armando desde las partes pequeñas, los detalles, una carta, unas botas, una grabación, desde lo pequeño proyectando todo lo demás, una historia entera a las que nos podemos asomar por un rato.

Hay de todo. Fotos que cuentan. Canciones que sueñan. Sueños que buscan. Y acordes que rascan huesos y un solo de batería que detiene todo el mundo.

La obra tiene un ritmo concentrado, con respiros, pero sin pausas ni distracciones, se anima a salir del pasado incluso y contarnos del ahora, de lo que puede venir. Lo que permanece, la gente que hizo más gente y que ahora están ahí en frente de uno contándose, viviendo sus vidas después de esas otras vidas, y anunciando las vidas (y muertes consecuentes, claro) por venir.

Sólo eso. Algo que fui a ver casi de casualidad, que me alegro mucho de haber visto, y que vengo a recomendar.

ELENCO:

Carla Crespo
Blas Arrese Igor
Vanina Falco
Mariano Speratti
Pablo Lugones
Liza Casullo
Moreno Speratti da Cunha


FICHA TÉCNICA:

Escenografía: Ariel Vaccaro
Iluminación: Gonzalo Córdova
Música: Ulises Conti (colaboración Liza Casullo // Lola Arias)
Coreografía: Luciana Acuña
Vestuario: Jazmín Berakha
Video: Marcos Medici
Asesoramiento histórico: Gonzalo Arias
Coordinación de producción: Macarena Mauriño
Asistencia de iluminación: Facundo Estol
Asistencia artística: Sofia Medici
Asistencia de dirección: Ana María Converti
Dirección: Lola Arias

Teatro Sarmiento – Av. Sarmiento 2715 –
Jueves a domingos 20.30hs
Localidades: Viernes, sábados y domingos: $ 35 // Jueves: $ 20.-

Publicadas portinch a la/s 12:08 a.m. 0 comentarios