Claves para un mundo mejor

1. Hamburguesas con panceta.


Publicadas portinch a la/s 12:21 a. m. 0 comentarios  

Tostadas

(Esto pasó en un sueño. Así que es culpa de mi inconsciente. La conciencia sólo recoge el guante.)


- ¿Y pensás en la posibilidad de quedarte acá un tiempo más?

- ¿Acá en tu cama querés decir?

- Pensaba en un acá más amplio. El barrio. La ciudad. De este lado del océano, por lo menos.

- Hum. Si quisiera escribir un diario con todas las cosa que se me cruzaron por la cabeza en

estas últimas 48 horas creo que necesitaría miles de hojas en blanco. Y mucha tinta. Sí. Pensé

en eso. Tratar de buscar algún contacto para trabajar un tiempo, ver cuánto puedo quedarme en

lo de mi amiga, o si hay posibilidades de alquilar una habitación barata...

- No estás respondiendo del todo mi pregunta, ¿no?

- No. ¿No era retórica?

- Ni un poco.

- Ah. Sí. Pienso que sí. Me gustaría quedarme. ¿Te asustaría? ¿Por eso me lo preguntás?

- Sólo quería saber si mañana a la mañana tendría sentido prepararte un rico desayuno o

simplemente debería hacerte un café instantáneo y decirte chau.

- ¿Jugo de naranja? ¿Unas tostadas? Me encantarían unas tostadas.

- Tengo una mermelada muy rica.

- No lo dudo.



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Publicadas portinch a la/s 2:40 p. m. 0 comentarios  

Ping pong

Brevísimo. Hoy volví a jugar al ping pong, ¡qué buen juego!

En medio del darme cuenta que con lo años de inactividad pingponguística perdí todos mis dones paletiles, recordé un show que había visto varias veces en la tele de sino recuerdo mal un par de franceses que ...

Epa... tuve un dejavú. ¿Esto no lo comenté alguna vez en el mismo blog? Cuando termine voy a fijarme... mmmm....

Bueno, eso, unos franceses que se llamaban algo así como "xxxxx y villetin", o algo así, el segundo terminaba en "in" casi seguro. (Porque con mi hermano tratabamos de practicar destrezas para imitarlos y nos hacíamos llamar con un nombre parecido al de los tipos...) (Sí, lo nuestro era diversión sinfin).

Lo que quiero es que alguien me diga cómo se llamaban los tipitos a ver si se puede buscar algo de ellos. El truco que más les recuerdo es lo que hacían de ir sacando mesas de ping pong más chiquitas cada vez más chicas y siempre jugaban lo más bien. Era tremendo.

Para matizar un poco, un par de videitos de chinos divirtiéndose con el "tenis de mesa".

http://www.youtube.com/watch?v=vnCHdy0u4T4


http://www.youtube.com/watch?v=ga6zAEB9fOM


Cambio y fuera.

Publicadas portinch a la/s 4:40 a. m. 0 comentarios  

Beinase hasta en la sopa

http://www.mininova.org/tor/512200

Y dale que va...

Publicadas portinch a la/s 10:05 a. m. 0 comentarios  

2006

El año pasado escribí algo así por ahí:

"El año termina, el año empieza, y supongo que lo que celebramos es el paso del tiempo. ¡Todavía sigue
pasando! ¡Hurra!
Así que me imagino que tiene sentido que uno pueda estar tanto eufórico como triste. El tiempo como un vaso por la mitad. Me hace pensar en las cosas por venir. Días, horas, los minutos que traen nuevas experiencias. Bien. Me recuerda de todo lo que quedó atrás."

Ayer pensaba en estas cosas del año nuevo. (¿Qué festejamos? El año nuevo o el fin de año). Entonces podemos prestarle atención al "Uuuh, empieza un nuevo año", pero en mi caso la mayor parte del tiempo la cabeza se me va para el lado de que algo se termina. Cosas que se terminan. Cosas que desaparecen. Esas son las que pesan en mi cabeza.
Las que están por venir, y aunque estoy convencido de que están ahí al frente, y también creo profundamente de que encierran gloriosos momentos.... bueno, por ahora sólo pueden mostrar su ausencia.
Las memorias de lo ido están acá, presentes, firmes.
Así que de alguna forma sólo se trata de lo que tengo a mano y lo que no.

Así que me imagino que en realidad el vaso no está mitad vacío mitad lleno.

Pero también sé que viene más agua en camino.

Publicadas portinch a la/s 5:08 a. m. 0 comentarios  

Un poco de bla bla

(Ni día ni noche. El nombre de este espacio temporal único fue sugerido tan involuntaria como gentilmente por mi amigo Nicolás, de nataniel.blogdrive.com)


Un momento

El viejo molino respiraba el perfume de la noche como quien reconoce la fragancia del lecho en que nació. Las aspas giraban al son de la leve brisa nocturna, dibujando en la nada círculos invisibles que ninguna mirada alcanzaba a completar. Bien pudo ser al borde de un arroyo, en el medio del Sahara, sobre la roca más alta del Everest. Nadie estaba ahí para escuchar aquel grito. A nadie le pertenecía aquella voz que retumbaba en la oscuridad, como azotando suelo y paredes por igual. Dibujando ecos imposibles contra las pequeñas piedras del camino, escudándose en el reflejo de las estrellas. Duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para estremecer por completo la quietud de la madrugada.
El día que se acercaba lentamente detuvo su marcha. La noche quedó presa del pánico. A lo lejos, la luna buscaba la forma de alejarse lo antes posible. Lentamente se llevaba la noche consigo.
Pero el sol permanecía inmóvil, aterrado aún y sin ninguna intención de reiniciar su travesía cotidiana. El temblor de sus llamas le impedía reaccionar. Y en aquel paraje, el molino adivinaba que algo único estaba por ocurrir.
Nadie había escuchado el grito, y nadie estuvo presente tampoco para medir el tiempo que transcurrió desde aquel sonido y los hechos que sucedieron sobre el escenario del tiempo y el cielo. Para el arroyo, el tiempo siempre es uno, un instante que a la vez huye y se persigue, un momento que es tan eterno como efímero. Para el camino, el tiempo son huellas que se borran.
A su propia manera, sin medida, prisa ni demora, el tiempo continuó transcurriendo y la noche fue desvaneciéndose, cobarde y precisa, esclava poderosa.
Pero detrás de la noche no llegó el día. Un vacío tomó forma en paisaje, o tal vez el paisaje se deformó en el vacío sin noche ni día.
En la ausencia del sol y la luna, de la penumbra y la claridad, surgió el tribuloso.
El molino fue el primero en descubrir aquel momento que se acercaba cubriendo sin dudas el cielo, la tierra, el fondo del arroyo y los escondites de los caracoles. Con sus aspas saludó la llegada del recién nacido. Luego el camino, el arroyo, el lugar entero dio la bienvenida al tribuloso.
Que llegó, tomo una gran bocanada del grito sin dueño, y luego se evaporó para siempre.

Publicadas portinch a la/s 6:34 p. m. 0 comentarios