Navidá

Sólo quiero decir algo, porque me cansé de leer los mismos comentarios pseudo-sensatos y reflexivos e ingeniosos acerca de la cultura navideña.

¡Qué viva la garrapiñada! ¡Bien, muy bien por el maní con chocolate, salado, pelado, confitado, peinado, y extra-brut! ¡Albricias albricias por el Papa Noel barbudísimo, abrigado y ajeno! ¡Aguanten los turrones extra-calóricos! ¡Qué grosos los renos paseanderos! ¡Ocho hurras por los poderosos turrones! ¿Para cuándo aprenderemos a integrar al fabuloso pavo relleno a nuestra mesa navideña? ¿Eh? ¡Y que recontra viva el pan dulce que hace mi vieja que no le pone esas gomosidades espantosas que traen los que hacen sin amor las grandes compañías panificadoras!


Listo.

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Bulimia y Anorexia celebran las fiestas

1.

Anorexia: Para este nuevo año quiero convertirme en una perra sin corazón.
Bulimia: Ay, no, ¿por qué?
Anorexia: ¿Vos sabés cuánto pesa el corazón?

(Un rato después sigue)

B: Ah, claro. Pero... ¿por qué una perra entonces?
A: Así garcho mucho.
B: Ay sos una ídola.
A: Je.


2.

A: Che, Buli, ¿vos qué le pediste a Papa Noel?
B: Que adelgace, porque la verdad que así como está da asco.


3.

A: ¿Viste que se casó Elton John con el novio?
B: Sí, de una.
A: Me encanta que los putos también puedan hacer cosas lindas.


4.

B: ¿Vos cómo te enteraste que Papa Noel no existe?
A: ¡...!

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Jingle bells

El último, el primero

Ella simplemente no llora. Hilos de agua destrenzan su ánimo y el lujo de las lágrimas es uno que no puede permitirse. Apenas tomarse las manos frías, acariciarse ella misma esta ausencia que la distrae de todo aquello que espera alrededor. Apoya la boca contra el espejo roto en la pared, fragmentos de frío que la devuelven desarmada. Besando fantasmas que sólo en sus labios toman vida y simulan respirar entre jadeos de esperanza perdida.
Se reconoce inexistente para esa realidad que no puede dejar de observar. Quiere arrancarse los ojos, masticarlos, fundir esas imágenes distantes; hacer con ellas un fuego que derrita esta despedida helada que se le impone.
Los otros sí pueden llorar. Las lágrimas que ellos desnudan riegan su ayer, huellas de un pasado que en unos instantes se le ha vuelto ajeno. Ella ignora en su piel la longitud del camino nuevo que la provoca y espanta por igual. Las rodillas tiemblan, inventando danzas que alejen el silencio. Pero sus pies saben bien, con ese saber inmediato e indudable de los sueños, que llega el momento de otro paso hacia delante. Siempre fue así. Y es su tarea reconocer este segundo que le grita movimiento, como un temblor que resuena desde su interior hacia la tierra toda.
No es una lágrima lo que brilla sobre su rostro. Ella simplemente no llora. Es el reflejo del sol de medianoche que despeja algunas nubes sobre su piel.
Hoy su nombre es Lejanía. Pero eso también va a cambiar pronto.


.

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Uno peor que el otro


- Uh, ¿y ese yeso en la pierna? ¿Qué te pasó?
- Me esguincé el lunes en el fútbol. Un bajón...
- Uh, sí, qué feo eso. Yo una vez me distendí los ligamentos y me tuvieron que operar, fue horrible.
- Sí, bueno, pero acá pensá que es la primera vez que me pasa algo así. Me pegó mal todo esto...
- Claro, si nunca te pasó.... Aunque claro, aquella vez fue la primera que me tocó entrar a un quirófano, ¿sabés? Y no sabía si iba a poder volver a jugar al fútbol.
- Ah, ¿eso era lo peor que te podía pasar?
- ¿Te parece poco?
- No... quiero decir, sí, sería triste, pero... es que la primera vez que yo entré a un quirófano fue por un soplo en el corazón. Había posibilidades de que no saliera de ahí vivo. No sabés los nervios que tenía.
- Mirá vos, me imagino. Pero vos debés tener buena obra social, si te banca tu viejo.
- Y sí...
- Entonces no pasa nada. Vos tendrías que haber visto la cara del tipo que me operó a mi esa vez. Un carnicero era, te juro.
- No podía tener peor pinta que el ex de mi novia, ¿te acordás el que me quería cagar a piñas esa noche en la costanera? Otra que el cirujano, ese sí que quería abrirme vivo con las manos...
- La verdad que no me acuerdo. ¿Cuándo fue eso, la vez que se me vinieron al humo dos pungas amigos suyos cuando salíamos del boliche?
- No, esa fue la vez que los otros cuatro amigotes de los dos que te atacaban se vinieron con botellas rotas a boletearme a mi en el estacionamiento. Yo te digo el ex de Fabiana, el rugbier, que por la pinta que tenía parecía que estaba acostumbrado a hacer los tackles con la boca.
- Ah, sí, me acuerdo. Tenía la quijada algo desviada, ciertamente. Para deformes tendrías que haber conocido al ex novio de Lucila, ese era para matarse. Cuando lo vi en una foto me agarró un bajón, digo, si la mina había estado con ese tipo, ¿yo estaba en la misma categoría que el esperpento aquel?
- Una vez me contaste del tipo ese, me acuerdo. Pero Lucila es buena mina, a una novia como ella se le puede dejar pasar un pequeño tropiezo en su pasado.
- Sí, supongo...
- En cambio Fabiana, ella más que pasado tiene un prontuario. Uno peor que el otro, sus ex novios. Sólo espero que nunca se haga famosa, te digo. Me muero si algún día le escriben una biografía y tengo que ver mi nombre en un mismo libro junto al de esos aparatos.
- Pero digas lo que digas, son historias viejas, todo superado. En cambio yo, si supieras el ganso que tiene Lucila de amante, ese sí que juega un torneo de ser feo y lo descalifican por exagerado.
- Uh, no me digas.
- Y sí. Pero bueno, son cosas que pasan, ¿no?
- Claro, claro.
- Tengo que seguir camino, che, que hoy me toca laburar de corrido hasta las nueve.
- ¿Las nueve? Qué suerte tenés, yo... eh... no, nada. Que te sea leve.
- Que pase pronto lo del esguince, che. Igual son un par de semanitas y ya, ¿no?
- Sí, nada grave. Hay cosas peores.
- Si lo sabré yo. Bueno, nos vemos pronto, loco, que estés bien.
- Y vos mejor.
- No, no, vos mejor.
- Bueno, chau.
- Chau.

.

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Desdudándome

Se me cruzaron dos pequeñas intrigas que merecían una googleada para resolverlas. Y como sé que a mis lectores les encantan los datos curiosos, la información inútil y las papas a la provenzal, las comparto con ustedes.

1. ¿Quién es el señor Bojangles?

Tori Amos lo nombra en la canción de su último disco, The Beekeeper. Hace poco pesco en uno de los canales de música que Robbie Williams canta un tema con ese nombre, y parece que es una versión de una canción que cantaban también Nina Simone y hasta Bob Dylan . En la película Corpse Bride el esqueleto que canta cuando el protagonista llega al mundo de los muertos (la voz de Danny Elfman, quien hiciera lo propio con Jack en Nightmare Before Christmas) aparece en los créditos como Bonejangles.

Entonces yo que soy un tipo que aplica la auto-tolerancia cero, no aguanté y me pregunté: ¿Quién es Mr. Bojangles?

Dando vueltas por un foro de la web (atforumz.com) encontré alguna idea y un link a la enciclopedia virtual
http://en.wikipedia.org/wiki/Bojangles

"Bill "Bojangles" Robinson (May 25, 1878 – November 25, 1949) was a pioneer and pre-eminent African-American tap dance performer.
A child prodigy in dance......Given the nickname "Bojangles," as a young adult he went on to perform at nightclubs and musical comedy venues in New York City before going on to Chicago
His dancing skills made him a star amongst the black population ............However, overcoming even a part of the racism that existed took a long time. At a point in history when segregation was the accepted norm in the United States, Robinson initially was made to perform for white audiences in 'blackface'. (style of theatrical makeup)
Robinson soon became much in demand, said to be the highest paid black performer of the time..........[went onto] appear in motion pictures, albeit limited to stereotypical roles. In all, he appeared in more than a dozen films ......
In 1949 Bill "Bojangles" Robinson died broke in New York City at the age of 71 from heart disease.....More than half a million people lined the streets .......
Bill Robinson's character was memorialized in Jerry Jeff Walker's 1968 folk song "Mr. Bojangles" that was later recorded by the Nitty Gritty Dirt Band, Bob Dylan, David Bromberg, Neil Diamond, Sammy Davis, Jr, and Robbie Williams."


Bien, la letra de la canción Mr. Bojangles y lo de la peli de Tim Burton quedaba masomenos resuelto. Pero algo más debía haber. Entonces cayó un muchacho en el foro que comentó como le definió su padre la expresión: para él es una referencia a tener una mirada optimista, no estancarse en los momentos tristes y despedirse con una canción y un bailecito.


. ¿A quién se le ocurrió por primera vez gasificar una bebida?

"En 1797, Joseph Priestley, un sacerdote inglés, quien también descubrió el oxígeno, preparó también el primer vaso de agua carbónica, pero su sabor no era el mejor, sólo era agua con burbujas sin ningún color ni olor, por lo que no tuvo aceptación en el mercado de entonces.
Cuarenta años después, Townsend Speakman, un farmacéutico de Filadelfia, tomó el agua de Priestley, le añadió sabores de frutas y fabricó la primera gaseosa comercial, a la que llamó Nephite Julep."

(
http://www.la-razon.com/versiones/20050910_005295/nota_275_201488.htm)

Mirá vos qué loco, eh. Así que ya saben, en su próxima cita, nada de bebidas espirituosas ni cafés ni licuados. Se piden una gaseosa. Y apenas se la traen, comentan este dato con altura y bienaventuranza. ¡Todos amarían saberlo! ¡Ergo, todos amarían a quien lo sepa! ¡Conquista asegurada! Y si llegara a fallar... ya saben... un Mr. Bojangles y hasta la próxima.


____

Bonus track: De paso, un chistecito que encontré sobre la Crush. Resulta que hay quienes afirman que esta gaseosa sabor naranja sería la primera que existió porque se la menciona en la mismísima biblia. En Lucas 9:23 está Jesús con sus discípulos y les dice lo más canchero: "‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su Crush cada día, y sígame.’”. ¡Ja!Y miren dónde lo encontré. En un mensaje en un foro donde discutían acerca de que la biblia tal vez recomendaría la urinoterapia. (Eso no lo comenten en la cita)
Link: http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php?t=14577


Links:

Letra de Toast:
http://www.hereinmyhead.com/collect/beekeeper/tbk19.html
Letra de Mr. Bojangles, de Jerry Jeff Walker: http://www.lyrics007.com/Robbie%20Williams%20Lyrics/Mr.%20Bojangles%20Lyrics.html
Información de Danny Elfman: http://www.imdb.com/name/nm0000384/

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Ese dichoso filtro (parte 1)

¿Qué es lo que mi cabeza construye para armar y desarmar memorias a su antojo? Hoy, caminando por la calle, de la nada, recordé a una maestra de la primaria. Julia era su nombre. La recuerdo como una maestra super buena, de esas que uno de chiquito va y le dice que es como una segunda madre.

Después enseguida me vino otro recuerdo no tan grato. Creo que fue en sexto grado, pero me cuesta estar seguro de eso. Los poquísimos recuerdos de la primaria los tengo acumulados como si esa época hubiese durado un par de meses y ya.

De repente, de la nada absoluta, la memoria del momento me viene con total claridad. Estábamos respondiendo un cuestionario sobre la fotosíntesis. Fui y le pregunté a la maestra de ciencias naturales acerca de una de las preguntas: la respiración en las plantas. "¿Entra oxígeno y sale CO2?", pregunto yo. "No, es al revés, sale Oxígeno y entra dióxido de carbono". Ah. Digo yo. O lo pienso nomás. Y voy y me siento.

Hay un momento de la pubertad en que el chico que no tiene carisma ni es canchero descubre que si hace chistes puede sentirse aceptado. Entonces en cada oportunidad que se le cruza escribe cuentos ridículos con compañeros como personajes para leer en voz alta y ser festejado por los demás.

A veces también se le ocurre bardear a los maestros.

Corregimos el trabajo en voz alta. Cuando llegamos a la pregunta de la respiración en las plantas, uno de mis compañeritos lee la respuesta correcta, es decir, que en las plantas como en los animales, respiración equivale a entrada de oxígeno y salida de dióxido de carbono. Me quejo en voz alta: pero señorita, fui a preguntarle al frente y me dijo lo contrario. "Me habré confundido", dice ella. Y yo digo en voz bien alta, todo fresco como una lechuga que viene de reposar bajo el aire acondicionado: "Qué burra, no sabe nada". Fue un éxito. Las carcajadas estallaron antes que la maestra pudiera entender - ¿o creer? del todo lo que había escuchado. "Blousson, póngase de pie. Y se queda así hasta el recreo que vamos a hablar usted y yo". Luego, voces respondiendo preguntas secamente. Eso lo percibía, pero a mis oídos sólo llegaba el silencio previo al timbre del recreo.

Pronto nos quedamos solos, ella y yo.

Se me acercó con gesto duro. Me preguntó por qué había dicho eso. Traté de justificarme, le dije que su error me había hecho equivocar. Entonces empezó a hablarme de cómo ella trabajaba duro. Que estudiaba mucho para terminar de recibirse. Mucho. Que podía tener un momento de distracción. Que eso no significaba que fuera una burra, porque se esforzaba tanto tanto, que eran muchas horas, que... después creo que siguió hablando, pero las lágrimas que le salieron de los ojos me impidieron escuchar el resto.

Fue el peor reto de mi vida.

.

¿Recuerdan ustedes la primera vez que provocaron el llanto de alguien? Supongo que antes de esta historia lo habré hecho llorar a mi hermano con quien nos peleábamos como buenos hermanos que somos, pero esto era distinto. A ver si alguien suma una bonita anécdota.

Publicadas portinch a la/s 1:49 a.m. 0 comentarios  

Escondidas

1. clip

los ojos cerrados contra mi hombro
y pensé, ahí va ella uno dos tres
cuatro cinco hasta diez o quince
Después espió
y me encontró tan rápido
que debió darse cuenta que yo no estaba jugando.

Se volvió a esconder en mi cuello,

entonces supe que ella
tampoco estaba contando.


2. plic


corrí, corrí, corrí
casi hasta pulverizarme las piernas
la nariz partiendo el aire
los puños alentando
en ida y vuelta

¡piedra libre para todos los compas!
la mano apoyada en la pared
liberando al mundo

pero no sonó ningún aplauso
ni una risa, un gracias, hasta pronto

el patio estaba vacío.

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Lo que hace la trasnoche

1er. acto: Viene una pelota manejando un bondi a toda máquina, llega a la esquina pero sigue derecho.
2do. acto: Viene una pelota pedaleando una bicicleta a toda máquina, llega a la esquina pero sigue derecho.
3er. acto: Viene una pelota corriendo maratón a toda velocidad, llega a la esquina pero sigue derecho.

¿Cómo se llama la obra?







respuesta inimaginable: ¡La pelota no dobla!

¡pim pirim pi chiiiiim..!

Publicadas portinch a la/s 2:04 a.m. 0 comentarios  

Se dice de mi...

"Tenés menos calle que güini de pu".


.

Publicadas portinch a la/s 10:34 p.m. 0 comentarios  

por ahí

- ¿viste cómo tocan? - pregunta el de casi peluca, una especie de peinado de playmobil estacado en la jeta. - y sí, para eso vinimos. - pero la respuesta está tapada por una distorsión, eso que suenan también son notas, se recuerda alguno en el frente mientras agita la cabeza, headbanger, el disparador sideral que sigue el ritmo con el parietal que mejor cabecea.
Había alguna cerveza en el ambiente, pero sobre todo reinaba el calor, y le soplabas con todas tus ganas pero no le derrocabas ni las pantuflas; en el escenario seguro se multiplicaban los grados pero las chicas se movían con ganas, como si rebotaran la sensación térmica en música, como ventilando vibraciones. el batero ya no se enojaba porque tenía los tambores sanos.
La del micrófono estaba escondida en la guitarra, pero había otra con micrófono que más bien se expandía desde su guitarra. dos formas de usar 6 cuerdas: un escudo para una, una lanza para la otra. lanza de dos puntas, porque mientras atacaba era como clavarse el pecho y desangrarse acordes. pero tampoco tanto, el de la escalera lo pensaba más por el buen ánimo que por otra cosa.
- la que se sube al escenario a saludar quiere mostrarle la espalda descubierta la público, sugiero yo, por comentar algo que pareciera que todo lo que ocurre del escenario para arriba requiere una opinión. pero no, es por hablar nomás, la bajista se corre los pelos pero no siempre, y no siempre quiere decir que se enrieda también, y que pisa con fuerza, y que los dedos le caminan una escalera fija de cuatro escalones, y está bueno mirarlos.
Al frente hay una chica que sonríe, mira para atrás, seria, aplaude, sonríe, mira para atrás, seria.
A veces consiguen entenderse fragmentos de la letra de alguna canción, y la cabeza completa los versos, y hasta suena bien. después se evapora, como una voz embotellada que tiene algo para decir pero sólo en forma de estallidos.
'Da gusto ver la banda disfrutar', piensa el canoso. Quizás más tarde vuele alguna botella hasta su sien. Me quedaría a verlo, pero no soy del palo.
Y ojo, la música no era ruidosa, eh.
Para mi era la noche. Antes que empezaran a sonar, podía casi leerse en el aire, como esporas de neón en primavera.
Era la noche la que estaba ruidosa.

Publicadas portinch a la/s 2:07 a.m. 0 comentarios  

Mucho más que dos

Un día en la vida de Bulimia y Anorexia
(No todo es humor en el universo delgado)

Bulimia: ¿Qué le dijo mi almuerzo del avión a un broker?

Anorexia: No sé, ¿qué le dijo?
Bulimia: "¡Nos encontramos luego en la bolsa!

Bulimia: Pero Ani, ¡mirá cómo estás! ¡Se te ven todos los huesos a simple vista!
Anorexia: Uy, no me digas eso que estoy re traumada. ¡Tengo el esqueleto re gordo!


Anorexia empezó la dieta de la luna. Para comer algo primero tiene que hacerse astronauta y poner un pie sobre el satélite de la Tierra.

Bulimia y Anorexia juegan al fútbol con amigos. ¡Vieran cómo se pelean todos por tenerlas en su equipo! Es que las chicas nunca se morfan la pelota, y menos que menos se atreverían a comerse un gol.


Ven juntas la telenovela de la tarde y lloran, y lloran, y lloran hasta que sólo el 50% de sus cuerpos es agua. Luego no hacen más que sonreír.

Bulimia empezó a usar el MSN en su casa. Aprendió a conectarse. Aprendió a poner el modo "Salí a comer" a la hora del almuerzo. Después se pasó horas buscando la opción "Devuelvo enseguida".



Breve bienvenida a Psique y Soma

Psique y Soma fueron a la plaza. Soma tiró del tobogán. Psique se traumó.



.

Publicadas portinch a la/s 6:47 p.m. 0 comentarios  

El amor que es eterno mientras dura

Las ceremonias de casamiento pueden dejar mucho en qué pensar.

Por suerte entre el morfi y la música fuerte de la fiesta es fácil hacerse el boludo.

Publicadas portinch a la/s 7:35 a.m. 0 comentarios  

La ignorancia

Yo no sé, pero si supiera, me olvidaría.
Lo que sé, que no lo sé mucho, lo recuerdo.
No recuerdo, pero sino lo supiera, lo sabría.
Tal vez mañana.

Publicadas portinch a la/s 7:32 a.m. 0 comentarios  

La diferencia

Había pensado un post: resulta que vi la película de Family Guy (Padre de Familia), y entonces inevitablemente comparando con Los Simpson pensé: la diferencia es la acidez.
Entonces dije: Lo voy a poner en el blog que lo tengo algo abandonado, pero haciendo el comentario ingenioso de que la acidez a la que me refiero es porque comí algo que me cayó mal. Googlié primero a ver qué puede provocar acidez. Después vine a escribir el post, y cuando lo terminé me pareció que quedaba tremendamente sin gracia.

Tres días procesándolo y esperando un rato al pedo para escribirlo, y ahora me vengo a enterar que no valía la pena ser puesto ni bajo la excusa de mover un poco el blog.

Algún día la diferencia entre lo que pasa en mi cabeza y lo que es ahí afuera se va a achicar y voy a tener que aprender a pensar de otra manera.

Voy a crear una tira cómica: Los Inverosímiles.

Por ahora tengo el título.

Publicadas portinch a la/s 7:25 a.m. 0 comentarios  

Intervalo

Después de las últimas dos entradas la gente pide a gritos un nuevo despliegue cómico de Bulimia y Anorexia.

Pero no va a poder ser. Vienen de una semana muy agotadora y está empezando a flaquearles las fuerzas.






PD Extra: Es como un relato del making off de este post tan pero tan tonto. Quizás sirve para destontarlo un poco. Cuando estaba escribiendo esta ingeniosa entrada, me agarró la duda: ¿se dice de verdad "flaquear las fuerzas"? Como ante cualquier duda de la vida, goglié. Efectivamente, la expresión es así, confirmé. Pero hablando de confirmación, lo que más me llamó la atención es que de las páginas aparecidas tras la búsqueda la mayoría eran de sitios religiosos.

Curioso, ¿no? Ahora sí que valió la pena el post.

Publicadas portinch a la/s 2:07 a.m. 0 comentarios  

Intróito

¡Ja!

Estaba revisando unas carpetas viejas llenas de textos de todo tipo, y en eso abro un NOCHE FINAL.DOC y leo:

"Cuando sentimos que la noche terminaba de cubrirnos, ya todo estaba perdido.

Laura ya no me mira. Sabe que en cualquier momento puede echarme un vistazo y no encontrar nada familiar en mi. Ya entendió que el destino de ambos concluirá en unas horas.
Yo en cambio no puedo dejar de observarla. Buscando todavía algún rastro de mí en su cuerpo. Tendría que existir algo ahí. Uno debería dejar algún tipo de huella en las personas que ama. Una señal que nos detuviera automáticamente, sin importar la situación, antes de lastimarlas.

No encontré nada.

A veces el vacío es todo lo que nos une a ciertas personas.

Y mi historia comienza en el mismo lugar en que está por acabar.

En un oscuro y absoluto silencio."


¡Y me gustó! Y seguí leyendo, y estaba bueno. Pero es algo apenas empezado, son un par de páginas nomás. No consigo recordar hacia dónde iba. Casi hasta dudaría de que sea mío sino fuese por un par de detalles que hay más adelante y el hecho de que esté incompleto.

¡JA!


PD: ¿Alguien se anima a proponer argumentos?

Publicadas portinch a la/s 1:48 a.m. 0 comentarios  

Aviones, océanos, hogares


Tengo una amiga que se llama Jade. Vive en EE.UU., en el estado de Nueva York, al norte, donde hay mucha nieve en el invierno y también hay muchos árboles. Cada tanto puede contarme cosas como que encontró un arroyo que no había visto antes, que se metió en un bosque por primera vez o que tal día aparecieron tres venados caminando por su patio.

Charlar con Jade, generalmente vía mail, muy cada tanto por teléfono, es como conversar con el personaje de un cuento que me gustaría haber escrito. Hace poco se largó a escribir y me decía:

"Probé un juego. Metí diferentes objetos en una ecuación. La pregunta era, ¿cómo me siento acerca de algo de acuerdo con su permanencia? ¿O la falta de?Por ejemplo, mi familia se siente fragil pero segura, en el sentido de que es algo que probablemente va a estar ahí una buena parte de mi vida salvo que haya algún accidente raro. Así que puedo estar mucho tiempo sin verlos, pero cuanto más vivo, más complicado se hace darlos por sentado.Mi gata es mucho más conmovedora. Ya vivió unos tres cuartos de su vida, así que cada experiencia con ella es valiosa. Sé que es una gata salvaje, y cualquier día puede ser el último que juegue con ella."

En mi balcón hay muchas plantas que son de un vecino que se mudó. El portero me pidió dejarlas en el balcón hasta que las puedan venir a buscar. Cuando las trajeron fue justo una semana muy lluviosa y no tuve que preocuparme por regarlas. Hace poco las empecé a ver amarillas, secándose, y cuando me crucé con el portero les pregunté si al final las iban a dejar acá como ya suponía. Me dijo que no, que uno de estos días van a venir a buscarlas. Esa misma noche las regué todas. Lo sigo haciendo desde entonces.

Esa misma noche en que regué las plantas fue la última noche que vi a mi amigo Nicolás antes que volara de vuelta a Alemania donde está su vida en este momento.

Hoy voló hacia España mi amiga Gala, siempre cargando tantos hogares en las manos.

Releyendo el mail de Jade, pensaba en los tiempos, las permanencias, esas seguridades que no existen. Atesorar cariños con la seguridad del párpado que ya ni necesita pensar: cuando abra los ojos nuevamente, todo va a seguir ahí.

Todo parece tender hacia la búsqueda de equilibrios. Construir espacios firmes aunque no lo sean, piedras en el arroyo donde pisar, troncos flotantes donde al menos detenerse un rato para un nuevo impulso. Como una entropía en miniatura, hay un movimiento permanente. Los afectos, los proyectos, los compromisos, sirven de dirección, puntos cardinales, plataformas de lanzamiento. El resto es un salto y malabarismo puro.

Hay momentos en que tenemos algo realmente en las manos, masomenos firme, palpable. Pero son segundos. Apenas un instante antes de que vuelvan al aire, a donde pertenecen.

Nos queda acompañarlos en su propio vuelo, buscar seguirlos en su propia dirección, su propio salto. Atesorarlos con la mirada, aunque ciega, en el silencio.

Publicadas portinch a la/s 1:29 a.m. 0 comentarios  

¡Buli y Rexia deluxe!

Por entradas agotadas, las pusimos a descansar.

¡Un espectáculo para toda la familia! ¡Las chicas adelgazan contenidos y se vuelven dadaístas!

A: Ayer vimos una torta re linda con mi novio.
B: Mirá vos.
A: Ya la miré, sí. Y le pregunté "¿Qué pensás vos, esa torta engorda?"
B: ¿Y qué te respondió?
A: Que sólo si la comés primero. Je.
B: Fa, estuvo bien.
A: Y sí.

B: Che, qué linda musculosa.
A: ¿Te gusta? Me la compré ayer.
B: ¿Y eso "Save the whales" qué significa?
A: "Salvemos a las ballenas".
B: Uy, sí, tal cual. Pobres están re gordas.

A: Mirá qué raro el peinado de ese maniquí.
B: ¡Es cierto! ¡Mega ridículo!
A: Ah, no, me equivoqué. Es un escobillón.
B: Uy.

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Frases re locas para reflexionar

( y decirlas al pasar en una cena de amigos y convertirse en el centro de atención.

o al menos en el centro de mesa.

bueno, de última, en el centro a la olla.

si son amigos caníbales, claro).


1. La escuela deja secuelas.

2. Te convido mi vida.

3. Felicidad no tienes dueño.

4. Agua que no has de beber, deja de correrla.

5. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie sucio.

6. El que mucho abarca, calderón de la.

7. Viejos son los humanos. (Firma: Trapito)

8. Siempre hay un botón para un descosido. Y un ojal para el botón. Y un dedo que juega en el ojal. Y una mano que arranca el botón. Un hilo que lo cruza. Re quilombo. (Reflexión de sastre)

9. Los que se van y no vuelven, se van más lejos.

10. Si yo fuera vos, ahora sonreiría.

Publicadas portinch a la/s 12:47 a.m. 0 comentarios  

Lo que viene es lo que fue

Lo bueno de la ignorancia es que de alguna manera uno tiene todo por delante. No, no eso de ignorance is bliss, bla bla bla, que sino sabés no te hacés mala sangre, ojos que no ven corazón que no siente y todo eso. Pero no me voy a meter en eso, es tema largo quizás para otro día.

A lo que me refiero, es algo que me ha pasado por ejemplo cuando conocí algún músico que me gustaba: zas, qué lindo, quiero más, y de repente me entero que es su quinto disco, entonces no queda más que salir a la caza de todo eso que desconocíamos durante tanto tiempo para llenarnos los oídos de placer. Bueno, en este caso en particular estoy pensando más que nada en el séptimo arte y la literatura. De a poquito estoy tratando de aprender un poquito más de estas dos cosas que tanto me interesan. Y entre las pelis hoy finalmente me di el gustazo de ver una que me recomendaron una y mil veces: Desayuno en Tiffany's. La verdad, un lujo, me emocioné como un dulce gil que soy, y la disfruté de pe a pa, pasando por pi, po y pu, ni más ni menos. O tal vez hasta un poquito más. Ya sé que no descubro nada nuevo con esto. No es un post revelador, ni recomendador, ni encomendador o encomiendado.
Yo les cuento nomás.

(me salió medio Cirilo Tamayo eso, me faltó poner nomás el "no.... yo decía" mientras dibujo una curva invisible sobre el piso con la punta de mi zapatilla y ya. mejor me voy, chau, gracias, vuelva pronto).

Publicadas portinch a la/s 10:16 p.m. 0 comentarios  

Fragmento en un cuaderno

- ¿Qué tiene de malo el placer, Takver? ¿Por qué no lo quieres?
- No tiene nada de malo. Y en realidad lo quiero. Sólo que no lo necesito. Y si tomo lo que no necesito, nunca tendré lo que en realidad necesito.
- ¿Qué necesitas? Ella miró para abajo, al suelo, rascando con la uña la superficie de una roca. No dijo nada. Se inclinó hacia adelante para arrancar una ramita de zarzaluna, pero no la arrancó, se limitó a acariciarla, a palpar el tallo velludo y la hoja frágil. Shevek notó la tensión de los movimientos de ella, como si luchara tratando de contener o refrenar una tormenta de emociones, para poder hablar. Cuando habló, lo hizo en voz baja y un poco áspera.
- Necesito el vínculo. - dijo - El verdadero. Cuerpo y mente y todos los años de la vida. Nada más. Nada menos.

(De Los Desposeídos, escrito por Ursula K. Le Guin)

Publicadas portinch a la/s 1:38 a.m. 0 comentarios  

El victimante

Sigo revisando cositas viejas, y encuentro algo que me divierte leer. Soy un aparato, eso lo sé, pero no sabía que lo era hace tanto. =)



El auto contra mi

De chico iba fabricando juegos por la calle. No pisar las líneas entre las baldosas, llevar una piedra pateándola a través de cuadras y cuadras, desafíos al cruzar a ver si alcanzaba la vereda antes de que aquel auto pasara una línea imaginaria que marcaba en mi cabeza, o lo que fuera que se me ocurriera en el momento. El simple acto de pasear se transformaba mágicamente en una travesía plena de obstáculos a atravesar y proezas que lograr. Cada paso encerraba la posibilidad de una hazaña, me permitía elevarme a la posición de héroe de la caminata ciudadana de cada día.
Lo curioso de estos juegos infantiles que llenaban mis paseos en aquellos tiempos era que de alguna forma siempre me las ingeniaba para perder. A último momento conseguía inventarme una excusa casual que me detuviera antes de superar la velocidad del auto a vencer, me las arreglaba para sembrar la duda sobre si algún paso no había tocado mínimamente (pero lo suficiente para sellar mi derrota) la línea entre las baldosas, o erraba el cálculo al patear la piedra o la chapita de gaseosa y terminaba tirándola hacia algún lugar desde donde se volvía irrecuperable. En el peor de los casos mi ingenio no tenía límites, y siempre quedaba la alternativa final de modificar las reglas de manera tal que solamente pudiera perder. Eran pruebas que yo podía ganar, que buscaba volver más y más difíciles para agregar más emoción pero a la vez me obligaba a mantenerlas dentro de lo alcanzable, para que luego no hubiera excusa en la derrota. Y sin embargo hacia ahí me dirigía una y otra vez, como un destino que me creía tan insalvable que acababa por hacerlo propio aún contra su voluntad e incluso la mía.

Hoy caminaba hacia la parada del colectivo y en un momento cruzando la calle veo que un auto se acercaba en la dirección que yo venía. De la nada surgió la vieja prueba: alcanzar la vereda antes que el vehículo aquel cruzara la línea imaginaria que yo marcaba de una vereda a la otra. Avanzaba con paso firme y estaba muy claro que llevaba una buena ventaja como para ganar sin demasiado esfuerzo. Ante esta certeza decidí aminorar la marcha.
Como era cómica y trágicamente de esperar, perdí. Y no porque no alcanzara antes la vereda.
No, no fue eso. Llegué un segundo antes que el auto pasara la marca señalada.
Lo que sucedió es que a último momento recordé la regla que había pasado por alto tan torpemente: para que se considere que había llegado a la vereda tenía que pisarla con el pie izquierdo. La mala suerte me empujó a la perdición, y a pesar de que quise rearmar mi andar a mitad de camino, sabía también que estaba prohibido frenar la caminata para cambiar el ritmo de mis pasos y llegar con el que me daría la victoria al instante.
Y así fue que mi primer paso en la vereda fue con el pie derecho nomás. El mínimo instante entre el primer paso y el siguiente le permitieron al coche vencerme.
Todavía hoy persiste la capacidad de idear reglas que me vuelvan inminente la derrota. Hay mucho de ingenio y rapidez en esto, una habilidad poco usual de la cual no sé del todo si sentirme su orgulloso dueño o su pobre y desgraciada víctima.


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Si Chewbacca fuese Jedi...

Sería algo así. Bueno, búrlense de mi cara simiesca, pero yo veo el video del cual extraigo estas imágenes y siento que algo de mi infancia ha sido realizado.





(eso no siempre es para bien, je)


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Grito vocacional

Esta semana anduve rejuntando mitos porteños, supersticiones, historias sobrenaturales relacionadas con barrios o lugares de la ciudad. Entre esas me encontré una que sucedió en una casa de la calle Campana al 3200, cerca de donde pasa el tren, conocida supuestamente como la casa de los bichos por sus columnas y paredes decoradas con figuras de animales. El relato cuenta que una chica de alta alcurnia (bueno, lo que se dice alta, metro y medio, dos metros) se estaba casando con un violinista. Al final de la fiesta salieron a buscar su auto que curiosamente estaba estacionado del otro lado de las vías. Cuando quisieron cruzar pasó un tren a toda máquina (bueno, toda toda no sé, digamos que algo más que al trotecito) y los aplastó, despedazó y además dejó sin vida.
Más allá de algunas apariciones, el hecho más llamativo de la historia es el final con que concluía la leyenda, asegurando que algunos vecinos todavía escuchan de tanto en tanto gritos "de una joven y un violinista". La pregunta surge naturalmente: ¿cómo se reconocen los gritos de un violinista?

Sería interesante que la forma de gritar de uno reflejara con claridad la vocación o el talento de uno, ¿no? Se imaginan, ya en el nacimiento, sale el bichito de la panza y ahí nomás la partera sentencia "uuuy, escuchalo, este es fotógrafo de acá a la china". El doctor, en su extrema duchez (de ser ducho, no de ducharse mucho) precisa incluso: "escuchá ese intervalo para respirar. Fotógrafo como corresponsal de guerra, ni más ni menos, eh".

Teniendo en mente todo esto hoy al despertar me decidí a hacer la prueba. Me levanté, me lavé bien la cara, y ahí nomás me largué a gritar 3 minutos seguidos. Todo un repertorio de aullidos, llantos, vociferaciones varias y etcéteras a todo volumen. Después salí al pasillito común del piso, llamé a la puerta de la vecina y le pregunté concretamente qué había escuchado. No dudó un segundo en contestar.

- Un pelotudo gritando.

Confieso que lo venía sospechando hace años, pero de todas formas no deja de ser revelador.

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Caries mental

En mi última sesión de terapia por cuestiones odontológicas personales y un sueño mandibulístico que me contó una amiga cumpleañera la temática dental tuvo un auge muy particular. Recordé entonces un viejo texto que había escrito hace muchos años. Cuando lo escribí era bien nuevito. Lo empecé a eso de los 18, y me decidí a no tocarlo más en febrero del 98, según yo mismo consigné al final del texto. Lo recuerdo como la primera prosa en estilo pseudo poético (o pretendidamente) de mi autoría que me gustaba en aquel momento. Es una linda sensación esa de quedarse satisfecho.Incluso cuando reconocemos repeticiones, errores de puntuación y lugares comunes, por ejemplo. Hay algunos textos que salen así, para desarmarse un poco uno. Mirarse un rincón de esta manera, y sentirse conectado más allá de la gramática, y quizás a través del tiempo, es una sensación de lo más placentera.


Mi error y yo

¿Nos contentamos con dejar sombras como huellas, o somos de apretar los dientes con fuerza para dejar un buen sello de nuestros colmillos? Porque definitivamente mientras hay mordidas que se oxidan con el paso del tiempo y su rocío, hay algunos que saben clavar memorias como viajes de ida que no permiten ni el más mínimo desconcierto de su sentir. Yo sueño con poder algún día armarme de coraje y aliento para recitar una buena herida en tu cuello.Los trenes no son de equivocar su estación; yo en cambio tengo un ritual de pifia de destino mezclado con una tozudez digna del burro más terco que se haya visto en fábula alguna. Soy capaz de desearte feliz cumpleaños en tu funeral, de soltarte la rienda cuando estabas por galopar y hasta de sacarme las medias con los pies sucios y fríos cuando te tengo en mis sábanas por primera vez. Todo como parte de una esencia que me patea siempre las ganas de entregarme a esos momentos de glorias repentinas donde hasta el recuerdo del momento se queda corto frente a la música que explotaba el pecho. Tengo pensamientos estrechos de consecuencias, una carencia importante de adelantos precisos y un ritmo de balada para las corridas. Pero igualmente soy de echarme en cara mis sonrisas, puedo esmerarme con esmero superlativo en dedicarte todas las letras que se me ocurren, y hasta me animo a tallar un par de garabatos inventados para adornar mejor tu nombre. Pero al final de la palabra más sentida no siempre anida el sentir. En la mismísima punta de mis dedos es el lugar que recomiendo que espíes para encontrar mi mejor verso. En el ínfimo roce de tu piel. Ahí soy de enmudecerme a los gritos y sacar los colmillos bien afuera con la mayor dulzura que mi torpeza me permita. En el trayecto del colectivo a la puerta de mi casa (que no es el mismo de noche que de día), me vengo preguntando qué cosas realmente me satisfacen. Un gol de cabeza, un pelotazo a la ventana, un ritmo hecho con sangre en los parlantes, entonar pasos en la vereda silenciosa. Firmar con mi boca el papel intenso de tu cuerpo.
Entonces vuelvo a interrogar ¿Dejamos huellas de tizas de colores o salivamos la indiferencia con un buen rayar de dientes afilados? Porque ojo que no es lo mismo digerir los buenos momentos que masticar las horas infinitas de cada día. Algunos prefieren entablillarse la dentadura ante la menor caries y llamar al doctor del corazón para que les acune la impaciencia. El problema lo tienen por las mañanas. Ahí te quiero ver con un par de dientes entablillados, un despertar de miedo vendado y los ojos contra el techo. Creo que al final prefiero clavar un par de dientes en la almohada mientras duermo y levantarme pensando en ella, pero dejando filtrar durante un rato alguna nube por mi boca o por la persiana del cuarto, que en este caso viene a ser casi lo mismo, para que de esta manera el día no tarde demasiado en empezar.


(Febrero 1998)

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Calendario

Entonces, divagando sobre la percepción del tiempo: ¿Vieron esos llamados en el hombro que zas, te alejan a una dimensión puramente contemplativa detenida en tiempo y espacio y entonces tomás consciencia de lo transcurrido? Ver una foto vieja. Encontrarse con un conocido que no ves hace años. Escuchar una canción de la infancia, leer una historieta que te fanatizaba de chico. Rescatar la ropa de estación. Contarle los agujeros a tu remera favorita. Recibir un mail de ese amigo que te escribe trimestralmente. Espero más y mejores ejemplos, estimados lectores, que son lo mejor que tiene este blog exceptuando mi humildad y demagogia.



Hay días
que más que días son tiempo que pasa.
Tiempos que antes que nada son esperas.
A la vez, esperas interminables
más que esperas son días que pasan.

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Escuchado porái

"La dura es la lactancia de los homosexuales".

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Buli y Rexia, humor con sacarina

A: Yo nunca tuve televisor.
B: ¿No? ¿Por?
A: Y... dicen que la tele engorda 20 kilos.

(Bonus track
B: Ay boba, pero por eso se hicieron las de pantalla plana. )



A: Me regalaron el CD de los Tres Tenores.
B: ¿Sí?
A: Si.
B: Qué loco.
A: Ajá. Pero no me animo a escucharlo.
B: ¿Por?
A: Tengo miedo que uno de los tres sea el Tenor Graso.

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¡Buli y Rexia lo hacen de nuevo!

(¿Y ahora quién lo limpia?)


B: Si fueras faquir, ¿qué preferirías, comer una lamparita de 100 watts o una de 60 watts?

A: La de 100 watts, claro.

B: ¿Por qué?

A: Porque es más light.

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Viaje en el 64

Dos post en uno, ambos surgidos sentado en el colectivo azul a Barrancas de Belgrano.


- ¿Mi hermanita de 15 años tendrá presente que en una época los choferes de los bondis cobraban los boletos a mano?


- Los olores. ¿Vieron qué loca resulta la memoria sensorial? Pasando por el botánico, olor a pasto recién cortado. Se me pegan enseguida a la mente recuerdos de la vieja quinta de mis abuelos.


Era eso nomás.

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El todo

Una parte por ahí dice que esta soledad es toda mía. Acá el que falto soy yo.
- Otros ojos la siguen, me caigo a pedazos. – agrega otra pieza desde el frente, imposible no sentirla.
- Ey, pero que si se juntan los pedazos quede algo como una sonrisa, aunque sea por la felicidad merecida, que no siempre es la que más brilla. – susurra una sombra del rincón.
Pasa volando un panadero. Creo que de algún lado una parte lo sopla, el panadero da una vuelta acrobática y luego se encamina en firme picada contra el suelo. Nadie vuelve a soplar.
- Despertarse temprano con las picaduras invisibles en la mano y la ventana abierta no puede alcanzar. – sentencia una pieza con algo de insensibilidad a cuestas.
Y así se sigue, como un rompecabezas con todas las piezas a mano y a la vez siempre incompleto.

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El Dúo Cómico Bulimia y Anorexia, ¡más flacas y enfermas que nunca!

A: A mi en casa me dicen Rexia.
B: ¿En serio?
A: Y sí. Otro apodo quedaría como el culo.

A: Dicen que las Barbies son mal ejemplo para las niñas por la figura que tienen.
B: Es muy cierto. Yo a la mía le quemaba la cintura con un encendedor para que adelgazara.

A: ¿Probaste la nueva mermelada de ciruelas bajas calorías La Campagnuolo?
B: Sí, y me pareció fantástica. A diferencia de otras mermeladas me deja un gustito de lo más agradable cuando la vomito.

B: Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen.
A: Pero que lo caguen a bifes a ese.

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EDICIÓN EXTRA

Tengo que decir que soy de los que se emocionan con las ediciones especiales en DVD de sus películas favoritas. Y hasta de las que me gustan un poco. Casi cualquier tipo de extra me interesa. Esa cuestión de poder asomarse a la mirada original del director, de escuchar los comentarios, ver secretos de la filmación, todo el otro lado de lo que uno conoce. En el peor de los casos puedo encontrarme con que las escenas que el director quería poner en principio hacían la película demasiado densa o explicaban demasiado, pero sino me gusta, tiqui, tengo siempre la versión normal y listo, ¿qué problema hay? (Un buen ejemplo es el DVD de Donnie Darko, a mi humilde entender un peliculón que si tuviera encima las escenas borradas que aparecen en el DVD se echaría un poco a perder con demasiadas explicaciones).

Ahora, cuando transcribía el texto anterior de los strippers del ejército, recordaba que en su momento al tener que variar unas cosas del texto como parte de un ejercicio terminé haciendo que a los strippers les disparaban apenas subían al escenario. Casi lo agrego al final, y entonces me puse a pensar si algún día empezarán a salir ediciones extras de libros.

Imagínense, notas al margen del escritor explicando distintos detalles, finales alternativos, bocetos del ilustrador, dibujos no utilizados en el caso de libros con ilustraciones, y la inclusión de esa escena de sexo demasiado descripta que el autor no había dejado temiendo que al Papa pudiera no gustarle.

¡Compre ya, El Alquimista Reloaded, incluye párrafos nunca antes vistos y nuevas fotos del autor en la contratapa! También incluye comentarios del editor sobre su experiencia de crecimiento personal durante la lectura de la obra y un paquete de figuritas coleccionables de Coelho Superstar.

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Paint it pink

En un taller que estoy haciendo salió esto. O entró esto, depende la perspectiva. Venía de ver con un gran amigo unos capítulos de los Monty Python, pero creo que la inspiración trocó en algo más al estilo Rompeportones.

___


El subalterno agita la cabeza dubitativamente mientras inspecciona a los dos musculosos hombres que aguardan su señal para subir al escenario. Uno de ellos está temblando, como buscando una vía de escape. El otro no deja de sonreír. Se abre la camisa de jean revelando unos inflados pectorales. De una cartuchera en su cintura toma una pistola, se apunta al pecho y al apretar el gatillo se dispara un baño de aceite.
El subalterno niega con la cabeza.
- Esto es un error.
- No, no. – explica el del revólver. – Ya sé que no se ve muy bien que me dispare antes del show, pero a veces lo hago para darme inspiración, ¿sabes? Sobre todo cuando enfrento a un público difícil, y te imaginarás que esto de conquistar a las tropas no es cualquier cosa...
- Quiero decir... – el subalterno duda un momento. No quiere herir susceptibilidades. – No puedo creer que el comandante los haya enviado a ustedes a entretener al batallón.
- Ey, ey, a no juzgar un libro por su lomo. – Dice divertido el aceitoso dando una rápida vuelta sacudiendo la cola. – Nosotros podemos entretener a quien sea. Deberías habernos visto en la primera invasión a Irak... ¡Éramos el rayo y el relámpago de la tormenta del desierto, sí! ¡Nosotros humedecimos el desierto, bebé, hicimos que esos “patriots” dieran justo en el blanco, si entiendes lo que quiero decir! ¿No es así, Pete?
Su compañero sigue temblando, nervioso.
- Bueno... es que en ese entonces yo trabajaba con otro amigo, el bueno de Mike.
- ¿Qué fue de él? – pregunta el subalterno, de repente curioso.
- Se terminó encariñando mucho con las tropas y acabó como carne de cañón.
- Creo que no quiero saber más de Mike.
Alguien grita desde el escenario, escaleras arriba:
- Ey Bob, ¿qué ocurre? ¡Los muchachos están que arden!
El subalterno duda un momento.
- Eeeeh... ya están listos...
- ¿Listos? ¿Cómo que están listos? ¿Quiénes? – inquiere la voz visiblemente (¿sonoramente?) confundida.
- ¡Los preparativos! – se apura a explicar Bob. - ¡Para el show!
- Oh, bien. Vamos, envíalos al escenario de una buena vez.
El subalterno suspira con preocupación. El stripper aceitoso da saltitos como entrando en calor, a veces cambia el movimiento por una especie de cabalgata en el lugar sobre un caballo invisible. Al menos Bob quiere pensar que es un caballo lo que pretende montar.
- Miren, voy a ser franco con ustedes... – comienza a explicar, pero el aceitoso lo interrumpe enseguida, con una sonrisa retorcida en el rostro.
- Ay, otro militar juguetón, ji ji. Siempre les gusta jugar a ser Hitler, Stalin, Napoleón.... Pero ahora no, Bob, ¡ahora nos esperan!
- No, no entiendes. De eso quiero hablarles. Ustedes no son lo que la tropa espera.
- ¡ESO ES LO QUE YO DIGO! – estalla finalmente Mike, todavía temblando pero finalmente con algo de alivio.
- Oh, Pete, ya lo hemos discutido... – dice algo cansado el aceitoso.
El subalterno aprovecha la división interna para atacar.
- Pero escuche a su compañero, por favor. – dice casi rogando. – A estos soldados les han prometido un show caliente, algo que les haga olvidar el horror de la guerra...
Apenas dicha las palabras, el subalterno sabe que no se ha expresado con toda la claridad que la situación requiere.
- ¡Y eso es exactamente lo que somos! – exclama el aceitoso.
- ¡Pero ellos esperan mujeres! – decide el subalterno ser lo más concreto posible. - ¡Esto es el ejército! ¡Quieren mujeres! ¡Tetas, culos, conchas! ¡Gordas, raquíticas, torpes, narigonas, operadas, desparramadas, como quiera que sean, pero MU-JE-RES!
De sólo decir todo eso casi se siente excitado. Eso no debe ser normal, piensa el subalterno, pero no tiene tiempo para preocuparse por ello.
- Ay, ay... – susurra negando con la cabeza el aceitoso, casi paternalmente. - ¿Cuándo madurará el ejército, amigo mío? ¿Cuánto tiempo seguirán negando el futuro que se acerca a pasos agigantados e inevitables?
- ¿De qué demonios está hablando?
- Justamente, los demonios en los que aún creen, queridos míos. La homofobia militar ya fue, Bob. El Comandante lo ha entendido tan fácilmente. Es hora de crecer, de encontrar la forma definitiva de estrechar... jeje... los vínculos ... dentro de cada tropa.
- ¿El comandante planeó esto?
- No, no, el comandante tan sólo está al tanto, y se ha mostrado que entusiasta al respecto. Échale una mirada a la provisión de manteca en su heladera si no me crees. ¿Crees que hay tanto pan en todo medio oriente? Pero no, el plan viene de las más altas cúpulas, querido Bob. El Gobierno de nuestro país está cansado de tanto prejuicio y quiere promover una importante apertura en el ejército. Basta de machismo, chauvinismo, abismos, sismos... para hacer bien la guerra, ¡hay que hacer bien el amor! ¡Y que no haya mujeres a mano ya no será un impedimento!
- Pero.... los shows de mujeres... Britney, Christina, Cher eeeeh, Britney….
- Oh, vamos, Bob. ¿De veras crees que eso ayuda? ¿Cómo se sienten los soldados una vez que se baja el telón y se quedan solos, llenos de deseo incumplido? Hemos desmoralizado a nuestras tropas por décadas, ¿pero qué tal si toda esa energía que acaba – casi literalmente – de forma solitaria se convirtiera en un lazo que una a los soldados?
- Bueno... yo...
- Pronto comprenderás, Bob. Ahora... relájate y goza.
El aceitoso vuelve a levantar su arma y se da un nuevo baño de aceite. Mike le pone una mano en el hombro con cara de hijo pródigo, y recibe también a cambio un breve disparo de aceite. Los dientes de los hombres brillan en intraducibles sonrisas.
Con gracia y firmeza suben las escaleras hacia el escenario al tiempo que una música dance a toda máquina empieza a sonar. El subalterno se asoma a la escalera, espiando el show. Primero no se oye más que la música, pero pronto empiezan a hacerse sonar algunos aplausos, primero tímidos. Luego gritos. Algunas voces empiezan a cantar al son de la música. Chiflidos.
Bob mismo empieza a sacudir sus caderas al ritmo. Junto a él pasa un soldado cargando unas cajas. Bob no puede evitar echarle una mirada lasciva.

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Bulimia y Anorexia contraatacan

Se decidió a empezar la dieta de la luna.

Fue corriendo a la panadería a comprarse un par de medias lunas.



(La primera mitad del público de lira. La segunda mitad de arpa. La tercera mitad no esiste).

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El Duo Cómico Bulimia y Anorexia

- Ella era tan pero tan enferma de las dietas que antes de comerse un garrón se ponía a calcular las calorías.



(el público delira)

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Cat Cit

Salgo de hacer un trámite. Estoy enganchado con el libro High Fidelity de Nick Hornby como si de un amor adolescente se tratara. Ascensores, escaleras mecánicas, subtes, bondis, todo momento es bueno para acercarme a su final. (Sí, claro, debe haber un sentido oculto, algún simbolismo en eso de querer apurar la lectura de un libro cuanto más me gusta que no hace más que terminarlo antes. Bueno, supongo que técnicamente no es antes, al fin y al cabo se tarda lo mismo en leerlo, sólo que... se tarda más rápido. ¿Lo mismo en menos tiempo?). En fin, el hecho es que salgo y sé que tengo que ir a la oficina. No tengo apuro. Decido con tanta naturalidad como voluntad explícita y premeditada en el momento quedarme leyendo en una fuente. En ese momento de sonreír y ojos aguados por el libro, de suspiros, de sombra y descanso, hasta celulares que suenan (¡siempre suenan!, en este mismo momento tu en cuadra seguro hay un celular sonando), me siento lleno de felicidad.
Trasnoche de lunes, me toca despedir a una amiga-hermana que se vuelve a las uropas donde quizás no haya sentado cabeza pero sí ha pisado con pie firme, mirado con mil ojos y caminado largo trecho de esos que no caben en medidas de kilómetros. Me pregunto un rato, si pudiera decidir sobre la partida de algún amigo, decir "no vos no te vas" y listo se queda ya, ¿qué haría? Supongo que me callaría y votaría por su propio camino que claramente no está acá sino allá, pero eso no haría nada más fácil.
Igual no elijo, no decido, y hay un hueco, y llego a casa manejando y siento esa extirpación que se opera cada vez que alguien querido se va.
Una vez leí o vi en una peli que decían que algunos amputados a veces sienten de alguna forma sus miembros ausentes. Bueno, estas visitas de afectos emigrados son como eso. Partes de uno que no están pero siguen siendo nuestras, y de repente un día movés el muñón del muslo de la pierna que no estaba como siempre pero esta vez no es en vano y ahí está de nuevo como si nunca hubiese faltado. No sé. ¿No tiene sentido que por un tiempo el cuerpo se resista a soltar las muletas?
Hablando de simbolismos y lecciones ocultas, tengo la sensación de que en medio de estas emociones, la felicidad de la tarde, la tristeza de la noche, algo se perdió en la traducción. Una frase borroneada que quedó flotando en el medio de un día tan gráfico y concreto que me asegura que esta noche no voy a dormir tranquilo. Como un despertador que más que despertador es un no-dormidor.

(miércoles 3 am)

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Viaje en el tiempo

Es como encontrarme dos años antes. Retroceder sin dar un solo paso atrás. Y en ese mismo lugar, de pie en la misma posición, bajo la misma sombra, en un rincón idéntico, mirarme en el espejo y esperar encontrar una diferencia.
Que todo sea igual menos yo, por favor que yo no sea el mismo de entonces.

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Asomado

Es un post medio personal, a modo de descarga de ciertas cosas que pasaron este fin de semana.

Por un lado, todo ese ánimo de pensar que surge cuando se cruza una muerte en el camino. La empatía ante el dolor, esa sensación de asomarse desde al precipicio por el cual avanzamos. Tan acostumbrados a andar que nos olvidamos que ahí nomás a un costado está el abismo. Y de repente una mirada al costado, y la caída que nos saluda y nos devuelve la mirada. Hola. Me quedan un par de sensaciones. Ojalá que cuando crezca pueda cuidar a mi viejo de la forma en que él cuida a mi abuela de 97 años. ("el hombre sexo", me dice ella, y me hace prometerle que voy a ser un buen católico. Por supuesto que acepto, con la condición de que ella no quiera morirse por dos días. Yo entiendo su cansancio, su dolor. Quien murió el domingo de madrugada es el tercer hijo que ve irse. El recuerdo del ser querido que está lejos provoca una nostalgia que puede doler pero está también llena de espera, de tranquilidad, de mirar para ahí norte sur este oeste, hay una dirección que guía el pensamiento. Recordar a los que mueren parece ser una nostalgia profunda y seca, perdida e infinita. Probablemente no llego a imaginarme el enorme vacío que debe sentir mi abuela, pero tengo la sensación de que esto de vivir también tiene algo de responsabilidad implícita con los que nos acompañan. Los que nos quieren.

Las últimas semanas en dos lugares disímiles había encontrado referencias a la muerte que me habían hecho sonreír. En una historieta de super-héroes, a un reciente viudo le recomendaban hablar con su difunta mujer. Eso hace sobre el final, y en esas últimas viñetas parece tan claro que el lugar que queda no se cubre con silencio, no se puede distraer, que de alguna forma está en uno seguir cuidándolo, darle alguna forma de vida, de la propia, de la que queda.
En una lista de mails, ante el fallecimiento del hermano de una integrante, uno de los miembros de la lista le escribió acerca de su propia experiencia con la muerte de - también - un hermano. Hablaba de recordar. Como forma de mantener presentes a las personas que mueren.
Ojalá cuando me muera mis amigos se junten a tomar un cafecito ahí al lado del cementerio y encuentren alguna anécdota pavota sobre mi para sonreír un ratito. Ojalá les deje algo de eso, aunque sea de última que uno se ilumine y comente "se acuerdan la vez que en su blog dijo que ojalá en esta situación alguien recordara aunque sea la vez que en su blog en una situación como esta...(etcétera)".

Bueno, eso, che. Yo qué sé si el viento sopla tan fuerte en todas partes.


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El digresor

Vos lo ves y no podés entenderlo, porque no tiene una mirada de esas que se van y ya. Es como si tuviera ojos con puntos suspensivos, cincelándote esa sensación del más allá que se asoma. Una respuesta, una palabra perfecta que se perdió mientras pestañeaba.
Tratás de convencerte de que fue sólo una impresión del momento, que es más el fruto de tu ánimo que anda a la caza de esos brillos que la luz verdadera. Pero no podés engañarte tanto, menos hoy que es sábado y los sábados siempre andás un poco más atenta de lo normal.
Así que estirás una mano, apurando el paso en su dirección. Un toque en el hombro.
Cuando da la vuelta, su cara ya no está ahí.
Se queda quieto, y así inmóvil como permanece empezás a rodearlo, con cada parte de tu cuerpo, con la mirada, con el aire de tus pulmones, con el pelo, con tu sombra.
Sentís que todo está en su lugar. Un abrazo que encaja como dos manos entrelazadas. Recordás la sensación de observar tu habitación desde la puerta después de horas ordenando, desechando papeles viejos, encontrando rincones para los recuerdos, colgando dibujos en las paredes. Es el momento de un suspiro que te desinfla por completo.
Después tenés que dejar ir, y lo hacés sin dudar. Saber demasiado puede oxidarlo todo. Quererlo es inventar nuevas respuestas que nunca alcancen a resolver su misterio.

Y antes de despertar, besás el espejo.

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Digresión

Me mira a los ojos mientras me pregunta:
- ¿Vas a jugarte por mi?

No me salen las palabras. Las piernas me tiemblan, se desarman, quedo de rodillas a sus pies. Asiento con la cabeza.
Se queda un momento mirándome. Y entonces se acerca, y poniéndose en puntitas de pie acomoda su delicado trasero sobre mi cabeza y se instala plácidamente con sus piernas colgando contra mi espalda.

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No es bueno pero es mío

LA CAJA DEL MUNDO

Pandora contempla la caja sobre la mesa. En realidad no observa los dibujos sobre la madera, las formas monstruosas de advertencias que la revisten a cada lado. Lo que sus ojos exploran es el interior de la caja, y no es que sus ojos puedan realmente traspasar las paredes de madera y descubrir su contenido, sino que la mirada se le pierde en la superficie tallada mientras sus pensamientos si logran filtrarse en aquel misterio que le ha sido entregado.
Los males del mundo en una caja para ser cuidados por ella, guardiana involuntaria del destino. Pestes, vicios, defectos, la envidia y el odio, el desprecio y la ambición, sobre su mesa, a su cuidado. En soledad recuerda a los hombres agolpados a su puerta, llamándola a gritos, uno poniendo la caja en sus manos, otro dándole explicaciones, tantos otros observando. Pandora, cuida que el mundo sea un lugar seguro, no abras nunca la caja, esto no es un juego, tu responsabilidad, no vayas a fallarnos.
Pandora cierra los ojos, respira profundo y poco a poco va borrando las voces ajenas que retumban en su cabeza. Continúa limpiando lentamente su interior hasta que se hace una paz que la lleva a sonreír automáticamente. Entonces se pone de pie, avanza hasta la mesa y sin que se borre esa sonrisa de su rostro abre la caja en un solo movimiento. Nunca abrir la caja. Hombres ciegos y necios. Pandora sabe que hay puertas que no deben abrirse. Pero también sabe que la puerta segura es aquella que puede dejarse abierta. La caja solo contiene nombres, figuras, demonios vestidos con los trajes de las pestes que ya habitan la humanidad toda. Esperaban que ella escondiera el secreto, pero ella quiere que todos enfrenten la realidad cargando sus propias bestias. Que enfrenten el hecho de que la única caja de Pandora es este mundo nuestro encerrándonos entre cuerdas invisibles y paredes de ojos y juicios.

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No es bueno pero es mío

LA CAJA DEL MUNDO

Pandora contempla la caja sobre la mesa. En realidad no observa los dibujos sobre la madera, las formas monstruosas de advertencias que la revisten a cada lado. Lo que sus ojos exploran es el interior de la caja, y no es que sus ojos puedan realmente traspasar las paredes de madera y descubrir su contenido, sino que la mirada se le pierde en la superficie tallada mientras sus pensamientos si logran filtrarse en aquel misterio que le ha sido entregado.
Los males del mundo en una caja para ser cuidados por ella, guardiana involuntaria del destino. Pestes, vicios, defectos, la envidia y el odio, el desprecio y la ambición, sobre su mesa, a su cuidado. En soledad recuerda a los hombres agolpados a su puerta, llamándola a gritos, uno poniendo la caja en sus manos, otro dándole explicaciones, tantos otros observando. Pandora, cuida que el mundo sea un lugar seguro, no abras nunca la caja, esto no es un juego, tu responsabilidad, no vayas a fallarnos.
Pandora cierra los ojos, respira profundo y poco a poco va borrando las voces ajenas que retumban en su cabeza. Continúa limpiando lentamente su interior hasta que se hace una paz que la lleva a sonreír automáticamente. Entonces se pone de pie, avanza hasta la mesa y sin que se borre esa sonrisa de su rostro abre la caja en un solo movimiento. Nunca abrir la caja. Hombres ciegos y necios. Pandora sabe que hay puertas que no deben abrirse. Pero también sabe que la puerta segura es aquella que puede dejarse abierta. La caja solo contiene nombres, figuras, demonios vestidos con los trajes de las pestes que ya habitan la humanidad toda. Esperaban que ella escondiera el secreto, pero ella quiere que todos enfrenten la realidad cargando sus propias bestias. Que enfrenten el hecho de que la única caja de Pandora es este mundo nuestro encerrándonos entre cuerdas invisibles y paredes de ojos y juicios.

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Blah

La idea del post anterior era dejar atrás esa cosa fea del suicidio de un ratito, que a pesar de haber provocado alguna tensión dentro del tejido social de la ciudad de Buenos Aires, no era más que un viejo e infantil gritito al aire. Casi como un pedito rabioso y letrado.

A veces yo sé que tengo grandes cosas para decir. De verdad trascendentales, claras, profundas. Mi inteligencia rebasa lo explicable. El tema es que me distraigo mucho. Y me olvido. Funciona así, en un par de segundos me agarra la inspiración lejos de una computadora - que es como el opio de mi brillantez - y se me presenta una genialidad. Nunca llego a anotarla. No existen palabras para describir ni papel que pueda soportar el peso de tales iluminaciones. En unos segundos llega, en unos segundos se va. Y después me olvido. Así como si nada. La sensación es: "uy, ¿no tenía algo importante en la cabeza?". Pero no como le pasa a la mayoría de la gente, no es que me había colgado pensando en la anarquía direccional del cangrejo y ya. Lo mío fue algo de verdad importante.

Será de pedante, pero que yo sea un un tontito aburrido no quiere decir que no pueda ser un genio asombroso.




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El otro lado del ombligo

- Tocá, dale. Sentí como patea.
- Ahora no tengo ganas.
Para qué, se pregunta él, para qué, si ya vio las cuentas, las visitas al médico, los antojos, los mareos, vómitos, los regalos, las felicitaciones.
- Dale, tonto. Mirá que él se da cuenta de esas cosas.
- Él o ella.
Silencio.
- Las madres presentimos estas cosas.
- Los padres dudamos de sus presentimientos.
"Ahí estuvo bien" piensa la niña sin poder participar de la conversación. "Pero que no se le ocurra poner ahora la manito en la panza porque igual sabés la patada que le voy a meter. Le reviento todas las falanges".
La madre mira al padre con esa mirada que le ha surgido en estos últimos meses.
- Estás nervioso.
- ¿Nervioso de qué?
- De todo esto, amor. Mirá, dale, tocá la panza, que se está moviendo.
"Sí, me estoy preparando para darle con todo".
- Tengo otras cosas que hacer ahora.
- ¿Con las manos?
- Sí, claro. - empieza a rascarse la cabeza, la espalda, los brazos.
- Sos un salame. Vos te lo perdés.
- Otro día lo hago.
- Otro día va a ser distinto.
- Quizás sea mejor.
Otra vez la nueva mirada que se está poniendo de moda.
- ¿Tan importante es para vos que te toque la panza?
- Sí. Y para vos. Para nosotros. ¿Entendés?
- Ni ocho cuartos. No te vas a poner toda sentimental porque sentís golpecitos en la panza. Ni que fuera su primera palabra, sus primeros pasos...
- Que sea su primera patada, la décima, la nonagésima...
- ¿Eh? ¡Ni siquiera debés saber qué número es ese!
"Con una, una sola me alcanza, ni un hueso sano le dejo al tipo este".
- ¿Qué importa eso?
- No, claro, lo que importa es que te dé el gusto.
- Hacé lo que quieras.
- Bueno, vení, dame esa pancita.
- Ahora no, ya fue, no se mueve más.
"¿Qué? Pará, pará, mirá cómo me revuelvo, dejalo que venga, dejalo. Yo le doy pa'que tenga y reparta".
- Dale, tonta, vení.
Ella no hace caso pero tampoco se aleja mientras él avanza.
"Ah, ¿ahora querés? Minga te voy a dar el gusto".
- Tonta tu abuela. - dice mientras siente el frío de aquella mano que enseguida se vuelve cálida contra su piel.

- Mirá vos... en serio que se quedó quieto ahora.
- O quieta. - no puede evitar sonreír, al igual que él. De alguna forma siente también como si todo su interior sonriera en un movimiento imperceptible, profundo, único. Paz.

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