Algas

Y ya quisiera un cambio, un capricho de marea que me raspe estas algas que juegan a enredadera, que las arranque una ola de un soplido, que un viento me ahogue hasta enjuagar tanta añoranza exagerada y boleadora; que ya de estirarse ni cabe en la inmensa maravilla que fue la historia de nuestros dedos y sus uñas. 
Que mujer no sea el género que llama a tu nombre, que mi sexo no grite tu piel; que suene el despertador que le ponga nombre a esta ausencia que sigue soñándose espera. Que pueda echar bajo tierra el deseo que no despega la mirada atenta idiota de un imposible brote.
Así, que lo posible sea el porvenir y que lo imposible ceda y se pueda empujar como si nunca jamás y otros tantos no. Que el silencio sea por una vez mío, de mi voz que se guarda, de mis ojos también que aceptan sus párpados de única compañía y dejan de alucinar horizontes que no se acercan, que al frente no, que es espejismo de ayer.  Pestañeando huellas entre luces, arena y balcones descifrados, corajudos hasta el último respiro.
            Que resople entonces; que el viento nazca en mis propios pulmones, en uno al menos o más no sea de un aletear inútil; que se forme también la ola en este torpe agitar de brazos, que se empape de lo que lloré sin metáfora ni rima. Que sea el capricho entonces de estas letras, del envión que las anima, de la angustia que empuja y la necesidad que las dibuja, lo que haga temblar la piel, las paredes, el desánimo, hasta desarmarme como sin huesos ni tiempo.

Para luego sí volver a sentir las rodillas, sobre ellas mi cuerpo.  Y si más tarde levanto la vista encontrar la debilidad que me tiene echado;  pero ya ni rastros de algas. Que ellas crezcan con semillas de agujas si quieren algún día, pero en las grietas que dibujan la memoria, ya no entre mis dedos.

Publicadas portinch a la/s 7:32 p.m.  

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